Sergio Dahbar se le midió a indagar sobre el tema del que nadie habla ni quiere hablar: cómo viven los ricos en Venezuela a cuerpo de rey y, casi de manera clandestina, sirviéndose de conductores y escoltas que les hacen mandados. Se fue a los restaurantes en donde corren botellas de Petrus y de Möet & Chandon. Llegó hasta donde los chavistas gastan fortunas con mujeres Miss Venezuela amparados en un ambiente en el que nadie los ve. Visitó los mercados en donde venden carne traída directamente de las mejores carnicerías de Manhattan. Estuvo en las tiendas de ropa que han organizado su negocio “a domicilio” para los miembros del gobierno que pagan, sin ruborizarse, cuentas de 20.000 dólares. Bienvenidos al lujo chavista.
Cada vez más siento que los venezolanos viven dentro de la película Casablanca (1942), de Michael Curtiz. Suena curioso, parece mentira, pero representa la más ruda realidad. Es la que conocen a diario muchos ciudadanos o extranjeros que llegan al país. Encuentran dos realidades que, para parafrasear a Gabriel García Márquez, parecen “dos nostalgias enfrentadas como dos espejos’’.

Casablanca siempre ha sido una ensoñación peligrosa: la idea de que en medio de una guerra atroz, con seis millones de judíos exterminados y países arrasados, un restaurant reúna a nazis, expatriados, traidores, líderes de la resistencia, negociantes de la peor calaña y colaboradores fascistas, vestidos impecablemente, como si estuvieran en una fiesta de la Costa Azul, no deja de ser un drama romántico bastante equívoco, porque banaliza el horror.

Como equívoco puede resultar hoy para un extraterrestre sentarse en un restaurant de lujo exótico y oriental en Venezuela y descifrar el entorno. No será fácil tal vez reconocer a políticos tradicionales de la “cuarta república’’ (como despectivamente llama el chavismo a los que los preceden), muy cerca de una “cometa’’ (un intermediario de esos que hacen negocio con los gobiernos de turno) que agasaja a dos funcionarios rojitos (del Gobierno) recién vestidos, de ojos brillantes y mordida fácil.

En esos restaurantes, llámense Sotto Voce, Aprile, San Pietro, Alto, en Caracas, o Gaia en Margarita, abundan técnicos internacionales de diferentes organismos multinacionales, con mujeres muy bellas que apenas abren la boca. En esos entornos corren botellas de Petrus como agua mineral o docenas de botellas de champaña Moët & Chandon, u otras marcas más exclusivas.

Todos los comensales la pasan muy bien, como en la Casablanca, de Humphrey Bogart, muy a pesar del rumor de la guerra que ha quedado oculto debajo de la alfombra y del que la Marsellesa es quizás el más noble de los signos evidentes.

Lo primero que debe aclarar este cronista es que esta realidad, que llamaremos propia de Casablanca en medio de la Segunda Guerra Mundial, solo puede ser disfrutada por una mínima población de Venezuela.

Las cifras de encuestas como Encovi, sobre las condiciones de vida de los venezolanos, que realizan tres universidades: UCAB (Universidad Católica Andrés Bello), UCV (Universidad Central de Venezuela) y USB (Universidad Simón Bolívar), demuestran que 80 % de los hogares se encuentran en inseguridad alimentaria.
Son datos fríos que erizan la piel cuando se observan con detenimiento: aproximadamente 8,2 millones de venezolanos ingieren dos o menos comidas al día, y las comidas que consumen son de mala calidad. Nueve de cada diez venezolanos no pueden pagar su alimentación diaria.

La mayoría no puede comprar comida o medicamentos con el sueldo que ganan, que es el mínimo (4 o 5 dólares). Por eso deben rebuscarse como pueden, y a veces recurrir a la basura para completar los alimentos que no tienen.

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Khaled es el descendiente de una familia árabe. Llegaron a Venezuela tan limpios que no traían maletas, sino la suma de los recuerdos con los que habían abandonado las guerras de Oriente Medio. Su abuelo escapó por un segundo de que lo mataran a garrotazos de una tribu que lo confundió con un cristiano al que buscaban para linchar.
Venezuela fue el paraíso para su abuelo, pero podríamos afirmar que la suerte se repotenció para esta familia con el gobierno de Hugo Chávez. Este nietísimo tuvo la suerte de encontrar el negocio de su vida. Entendió que debía traer unos primos del Líbano para que hicieran business en el trópico.

Muchas familias árabes invitaron a sus familiares para que los visitaran en Venezuela. Ya en el país, compraban fondos de comercio (empresas) inactivas por la recesión económica. Y pedían dólares de Cadivi (Comisión Nacional de Administración de Divisas) para traer productos “estratégicos’’ para el país a través de esos fondos de negocio.
Las denuncias que investigó la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional de Venezuela señalan que Cadivi asignó irregularmente cerca de 840.000 millones de dólares para traer mercancía que en muchos casos no llegó a Venezuela.

Qué ocurría. Se solicitaban a través de fondos de comercio diversos fertilizantes para el campo. Se otorgaban los dólares para comprar ese producto. Pero lo que se embarcaba en Estados Unidos era arena de las playas de Miami, que llegaban en contenedores que nadie abría en los puertos de Venezuela.

La máquina de producir dólares en el exterior era infinita, porque el dinero de la venta del petróleo en los años de la bonanza no se detenía ni de día ni de noche.

Khaled pagó 2000 dólares el fin de semana pasado para asistir al Partai Margarita Weekend, un festival de música electrónica que duró cuatro días en escenarios de Playa El Agua, isla de Margarita.

La 5ta edición de este megashow contó con DJ de la escena electrónica del mundo: Joseph Capriati, Marco Carola y The Martínez Brothers. No faltaron Joey Daniel, Serge Devant, Hugo Bianco, Jesse Calosso, Jean Pierre, Salomé, Andre Buljat, Rafa Moros, Diego Terán, Vainc, Abril Love, Jean Pérez, Demenzor, Rupert, Iont, y Protocluster.
En ese show se agotó el whisky JW Blue Label, uno de los preferidos del chavismo, que en una época gustaba disfrutar con agua Perrier. La botella costaba 500 dólares. Khaled quería impresionar a una amiga que acababa de conocer. En una noche larga tomaron en el grupo cinco botellas. Y corría el agua mineral como ríos para calmar el éxtasis de las masas.

Como dato curioso, ya los primos de Khaled regresaron a Líbano. Cumplieron con el cometido familiar. Poner el nombre para comprar productos que enriquecieron ilimitadamente a la familia. Uno de los tantos clanes árabes que se han convertido en multimillonarios con negocios corruptos que el Gobierno facilitó a cambio de comisiones exageradas. Los fondos de comercio han vuelto a quedarse inactivos, y los nombres de los propietarios que hicieron la perfecta trampa son imposibles de rastrear. Es la estafa perfecta, multiplicada como la hierba mala.

Uno de los margariteños que vendió su fondo de comercio, llamado Nassim, recibió a cambio una camioneta Toyota Fortuner. Una nave que jamás hubiera podido tener. Ahora la usa para llevar clientes al aeropuerto, como un taxi de lujo. Es todo lo que recibió del robo mayor.

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Nunca imaginaron los hermanos Mendoza, miembros privilegiados de la clase media venezolana, educados en los mejores colegios del planeta, y amantes de la pesca, que esa pasión los convertiría en unos empresarios de éxito, en uno de los momentos más críticos de Venezuela.

Poseen uno de los bodegones (ya han abierto cuatro en Caracas) donde ricos, enchufados y chavistas compran productos imposibles para la mayoría de los venezolanos. Trozos de carne de primera, sellados al vacío, que vienen de las carnicerías más exclusivas de Manhattan, son adquiridos por guardaespaldas en carritos de automercado.
Cada kilo cuesta 100 dólares y hay carritos que salen con 50 kilos. También compran mayonesa de aguacate. Pasta italiana sin gluten. Sal del Mediterráneo. Anchoas ibéricas. Jamón serrano de Parma o de bellota. Bottarga italiana. Aceto balsámico espeso para rociar el helado de Venecia.

Todas las veces que intenté comunicarme con los propietarios me mandaron a decir que preferían no conversar con la prensa. No daban entrevistas. La verdad es que nadie quiere hablar por miedo. O por temor a ser confrontado con una acusación moral.

Isaías Mojavi es de los que no temen, porque –asegura– no ha hecho nada ilegal. Su tienda de ropa y artículos de lujo, ubicada en uno de los centros comerciales que en otra época contenía todas las marcas de lujo del mundo, Tolon, vende camisas Kiton, chaquetas Brioni, encendedores Dupond y habanos Dunhill deluxe.

Lo saben los empleados de las tiendas cercanas: allí se visten los chavistas que están en el gobierno. Lo curioso es que nunca se dejan ver. Isaías ha organizado su negocio “a domicilio” para los miembros del Gobierno Socialista de Venezuela en sus oficinas, donde les toman las medidas y contratan la compra de trajes, chaquetas y pantalones, camisas, zapatos, relojes exclusivos, iPad de oro, yuntas con las banderas de Estados Unidos…

Hay cuentas que ascienden fácilmente a 20.000 dólares. En algunos casos son regalos cuidadosamente escogidos para pagar un negocio de corrupción que llenó de dólares a una cometa. Para que el funcionario vuelva a darle otra oportunidad de oro, se regalan encendedores de 5.000 dólares o relojes de 15.000 dólares.

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Uno de los hombres de confianza de Rafael Ramírez, quien fuera presidente de PDVSA y ministro de Energía de Hugo Chávez, el hombre que manejaba el dinero de la familia Chávez, hoy caído en desgracia y perseguido, asistía regularmente al restaurant San Pietro, en la urbanización Las Mercedes, de Caracas. Su nombre se volvió conocido por sus costumbres extravagantes y lujos excesivos. Diego Salazar. Hijo de un guerrillero.

La nomenclatura chavista le entregó el manejo de los seguros de PDVSA. Un negocio multimillonario, sobre todo si se desarrolla irresponsablemente. A Diego Salazar lo vieron muchas veces con clientes en San Pietro. Los mesoneros recuerdan que tenía una curiosa costumbre.

“Observaba el reloj que tenía el cliente. Si era demasiado barato y sencillo, se lo pedía para verlo. Entonces sacaba de un maletín un aparato muy extraño, con el que destruía el reloj y lo dejaba inservible. En ese momento pedía una botella Louis Roederer Cristal Medallón Orfevres, Edición limitada Brut Millesime, diseñada por Philippe di Meo, cubierta con 24 quilates de oro. Descorchaba la botella y sacaba un reloj Hublot’’.

Así atendía Diego Salazar a sus clientes. “Este delfín de la corrupción rojita siempre quiso ser cantante y tenía una orquesta de 50 músicos para divertirse como si fuera una figura del espectáculo. Es un hombre que todos sus amigos conocen como alguien que no acepta un no como respuesta’’, repite un amigo de otra época de su padre…

Se antojó de un edificio en la urbanización del norte caraqueño, Campo Alegre. Visitó piso por piso a los propietarios y los convenció de que vendieran para poder ubicarse en cada piso. Un amigo me contó la conversación que mantuvo con este pichón de multimillonario.

Diego Salazar se presentó vestido de lino, impecable y recién bañado. Le ofreció comprar su apartamento. Mi amigo le agradeció el interés, pero le dijo que no estaba vendiendo. Salazar le pidió que no se apresurara. Que quizás hacían negocio. Mi amigo volvió a negarse. Y Salazar comenzó a subir la apuesta.

Hoy Diego Salazar es el único dueño de ese edificio de siete apartamentos. “Allí viven algunos de sus guardaespaldas, amigas y chefs que le cocinan cuando no asiste a los restaurantes más caros de la ciudad’’, confiesa uno de los propietarios que vendió su apartamento por el doble de lo que indicaba el mercado.

Diego Salazar cerraba en su época dorada uno de los restaurantes más caros de Las Mercedes, a partir de las doce de la medianoche. Le pagaba fortunas a los dueños para que mantuvieran la cocina habilitada.

“Traía seis misses, que habían concursado en el Miss Venezuela, para que sirvieran a sus invitados, con los pechos desnudos. Corría la champaña hasta las seis de la mañana. Algunos invitados perdían el control y se ponían a bailar con las muchachas. Parecía una orgía’’, me confesó un mesonero que ya no trabaja en el restaurant.

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“La isla de Margarita es una perla en el Caribe’’. Así reza el lugar común. Pero es una joya que no escapa a las falencias de tierra firme. Ubicada a 40 kilómetros al norte del continente, tiene mil kilómetros de superficie y una de las infraestructuras más desarrolladas de las islas del Caribe. Centros comerciales, hoteles de lujo, playas preciosas y autopistas…

Pero la realidad también en el único estado insular del país, llamado Nueva Esparta, se divide entre muchos ciudadanos que sufren una pobreza extrema y dificultades para conseguir alimentos y medicinas. Y pocos que viven a cuerpo de rey.

Gaia era un restaurant italiano emblemático de la isla. Uno de los diez más reconocidos por las guías que recomiendan cocinas exclusivas. En sus mesas eran atendidos miembros reconocidos de la oposición y del gobierno, en un guiño del destino al ambiente de Casablanca. Encontrar una mesa en temporada alta era muy difícil. Las colas para poder sentarse podían esperar horas.

Pero algo ocurrió en diciembre pasado. Gaia cerró sus puertas y abrió en un local más grande (caben 150 personas), en la planta baja del hotel Venetur (antes Hilton), que Hugo Chávez expropió de manera arbitraria y violenta.
Uno de sus viejos clientes me respondió con cierto desaire cuando le pregunté por la nueva Gaia. “No voy más a Gaia. El Gobierno financió esa expansión para tener un sitio donde almorzar sin que los vean gastar. Allí van los chavistas ahora, que se sienten a gusto. Gastan fortunas amparados en un ambiente en el que nadie los ve. Yo no voy a ese lugar’’.

Tuve que caminar por el lobby del hotel Venetur para llegar a Gaia. Enormes fotos del presidente Chávez, mensajes de amor revolucionario, y una estética que no se parece en nada al socialismo que uno alguna vez conoció, precede los pasillos que conducen a una entrada de lujo y diseño exclusivo.

Gaia hoy es un restaurant lujoso, muy diferente de la taberna sencilla y discreta que estaba llena de comensales en una de las calles concurridas del centro de Porlamar. Tiene algo de formalidad y pretensión, que uno en principio no relacionaría con la verborrea del chavismo cercano al pueblo. Este es un restaurant al que el pueblo no puede ni acercarse.

Úrsula Pernía, la propietaria, trabaja endemoniadamente para que todo se encuentre en su lugar. Dirige un batallón de empleados, colaboradores, mesoneros y técnicos ocasionales… No pierde de vista ningún detalle: el agua que reciben en exceso o limitadamente las matas, las manchas que aparecen en un sofá o la grieta que abre un candado al caerse en el piso de cerámica.

Cuando está ocupada, Úrsula no le gusta que la molesten. Menos con preguntas incómodas sobre lo que dicen sus amigos ahora que mudó su restaurant al vientre de la revolución en Porlamar, allí donde muy pocos pueden pagar los precios de sus exquisitos platos, que utilizan la berenjena, la botarga, el aceite de oliva, la sardina, el peperoncino, las alcachofas, la pasta casera, la langosta y otros frutos de mar, el ossobuco…

Piensa que la gente que ha dejado de ir volverá. Porque las cosas son más complejas que acusar a un sitio de algo porque se mudó a determinado domicilio. Pareciera esperar que las cosas vuelvan a su cauce, en un país donde casi nada pareciera haber retomado la normalidad que alguna vez tuvo.

A medida que trascurren las horas, comienzan a llegar los clientes que han reservado al mediodía. Llegan militares con empresarios, asisten familias que celebran un cumpleaños. La ropa, las carteras, los zapatos impresionan. Cuestan fortunas.

No deja de ser paradójico en un momento tan crítico que ese hotel, ahorra bolivariano, ahora más “soberano’’ que nunca, contenga un restaurant y unos comensales que pueden gastar tanto dinero ostensiblemente.

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En uno de los centros comerciales más conocidos de la isla de Margarita, Sambil, hay un local lateral a la estructura de los comercios llamado Green Martini. Es un bar exitoso, que en las noches puebla de camionetas Toyota blindadas color blanco el estacionamiento.

Es uno de los centros nocturnos más codiciados de la isla por los cadiveros (nombre acuñado por los negocios irregulares de Cadivi), los enchufados, los boliburgueses, en fin, gente que ha hecho y sigue haciendo negocios con el gobierno.

Me acompaña uno de los empresarios históricos de la isla. Observamos con cierto asombro el volumen de consumo de mesas (champaña, ginebra, whisky, ron) como si el país viviera una fiesta de abundancia ilimitada. Los tragos son caros, las botellas muy costosas, las cuentas suman cantidades de dólares imposibles de pagar para alguien que gana un salario medio o alto.

“Esta es una generación sin moral. Quieren hacer dinero a cualquier costo y no les importa si afuera la gente (pueden ser sus empleados) sufre una vida miserable. Es posible que mañana todo cambie y esto siga igual. El dinero no entiende de solidaridad’’, me dice este empresario que ha aceptado acompañarme sin demasiado entusiasmo, más como una gentileza con un visitante.

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Quien visite Venezuela debe prepararse para enfrentar una realidad inexplicable. Más allá de la ética y la moral de cada quien, no deja de asombrar un contraste tan brutal, tan alejado de palabras en desuso como misericordia, piedad, compasión. El sufrimiento de muchos y la ostentación de pocos produce una realidad compleja, abismal, cercana a la desazón. Cada día que pasa la mano de Dios pareciera estar más lejos.

No dudo que en Venezuela, uno de los países petroleros más importantes del planeta, se consigan las mejores bebidas alcohólicas, los platos más sabrosos, apartamentos de 3 millones y 4 millones de dólares en zonas exclusivas, automóviles de alta gama (como gustan hablar los vendedores), las ropas más lujosas y extravagantes, los habanos más venerables del Caribe, viajes a paraísos en jets privados.

La publicidad que conmueve al mundo sobre la emergencia sanitaria y alimentaria, sobre la diáspora que desangra al país, convive con el derroche abrumador de un grupo privilegiado que tiene acceso a dólares baratos y los derrocha a mano suelta.

Que tantos millones de dólares que entran por concepto de venta de petróleo no sirvan para equiparar las cargas, que no permita la posibilidad de una salud para aliviar los males de todo el mundo, que no alimente a la gente como se debe, que mantenga a la población en un estado de secuestro cotidiano porque sus calles son peligrosas, abre el espacio para una reflexión mayor.

Venezuela dejó de ser un país cierto, para convertirse en una caricatura donde unos señores que hacen negocios turbios viven como jeques. Pueden hacerlo. Tienen todo al alcance de la mano. Son los frutos terrenales de la corrupción.


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Destacadas


Todo empezó hace siete décadas cuando Pascual Florido, un rico hacendado, regaba su descendencia hasta tener 45 hijos. Hoy, tres de sus nietos -enemigos políticos- se sientan a la mesa de diálogo para intentar sacar a Venezuela del foso.

De un lado, Luis Florido, diputado del ala más conservadora de la oposición, y del otro los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, parte de la cúpula chavista. Primos y adversarios sin tregua.

Su abuelo tuvo 45 hijos de varias mujeres, pero solo reconoció a su primogénita y a nueve concebidos en matrimonio, entre éstos Vicente, padre del parlamentario.

Los demás crecieron con sus madres, incluido Jorge Rodríguez, reconocido dirigente comunista torturado y asesinado en 1976 en un calabozo policial, contó a la AFP el legislador y empresario de 51 años.

Desde niño, Florido escuchó hablar en su casa sobre los Rodríguez, pero recién a los 17 años conoció a su primo en el liceo donde estudiaba.

“¡Epa, cómo estás!, le dije. Fue la única vez que lo vi hasta ahora. Tenía yo 17 años y él era un peludo”, añade, marcando el contraste con la calvicie del actual ministro de Comunicación.A Delcy, presidenta de la todopoderosa Asamblea Constituyente chavista, apenas la vino a conocer personalmente en República Dominicana, sede de los diálogos que se reanudarán este viernes.

– Virulencia política –La fecundidad del patriarca es origen de múltiples paradojas.

En una ocasión, evoca Florido, su padre le dio un aventón a un desconocido que viajaba desde Caracas a Lara, de donde es la estirpe, y el hombre resultó ser su hermano.

“Le comentó que era de Jabón, un pueblito llamado así porque es muy resbaloso cuando llueve, y mi padre le dijo: ‘¡chico, yo también!, ¿cómo se llama tu papá?’. Y el hombre le respondió: ‘Pascual Florido. ¡Pero si es el mismo mío!'”, relató el diputado.Por esas mismas casualidades, Florido y Delcy han librado una guerra fuera de Venezuela: él denunciando la “dictadura” del presidente Nicolás Maduro, y la beligerante excanciller de 48 años acusando a los “apátridas” y defendiendo al gobierno de los “ataques del imperio”.

La virulencia, sin embargo, se limita al terreno político. En una oportunidad, Jorge, psiquiatra de 52 años, pidió investigar a Florido por supuestamente especular con importaciones de alimentos.

Las cuestiones personales las han ventilado terceros. El año pasado, el poderoso dirigente chavista Diosdado Cabello acusó la familia Florido de haberle robado la herencia a los Rodríguez.

“¿Dónde está la parte de los hermanos Rodríguez? Se la robaste, así son los pillos”, sostuvo Cabello, trenzado en una pelea con Florido tras denuncias del diputado sobre malos tratos en prisión a su líder, Leopoldo López.

“¿Tú crees que cuando nosotros estemos en el poder no te podemos hacer lo mismo? Te podemos hacer cosas peores… pero no somos así”, había dicho Florido.

– En orillas distintas –La polarización ha permeado a muchas familias venezolanas, y los antagonismos tocan altas esferas.

Una hija criada por el exalcalde de Caracas Antonio Ledezma, quien en noviembre escapó de su arresto domiciliario a Europa, está casada con Andrés Izarra, exministro chavista.

Otro caso es el de Didalco Bolívar y su hija Manuela. Oficialista él, opositora ella, rivalizaron como parlamentarios.

Florido cuenta que algunas personas lo han cuestionado en la calle por su vínculo sanguíneo con los Rodríguez, pero es enfático: “Hemos crecido en orillas muy distintas y muy distantes”.

Los respeta a su manera. A Jorge, lector voraz que diagnóstica patologías en televisión a sus rivales, lo considera “un tipo muy peligroso porque es muy inteligente”.

“Hay que tenerle mucho cuidado por su condición de psiquiatra, pero puedes tener una conversación respetuosa con él. Delcy es un poco más difícil, se abre menos”, comenta.Y aclara que aunque la negociación no los ha unido, es el punto del que emergerá, ahora o en el futuro, la solución a la encrucijada venezolana.

“No es fácil con tanta rabia que hay, tanto odio de parte de ellos principalmente, y también de parte nuestra. La gente con tanta frustración ha terminado odiando. Pero tenemos que aprender a coexistir”.




Dentro de algunos años, cuando se haga la historia del siglo XX venezolano sin el apasionamiento con el que se analiza aún ese período, dado el impacto que tiene en nuestras vidas, estoy seguro de que se revalorizará la figura de Teodoro Petkoff.

Teodoro ha vuelto a ser noticia en estos días. Ha sido sobreseído en un esperpento judicial que le montó el poder. Es un nuevo capítulo de la vida de Petkoff, quien está retirado de la vida pública luego de ser protagonista de primer orden en Venezuela en la segunda mitad del siglo XX y en las primeras décadas del siglo XXI.

El periodismo político aplanó la trayectoria intelectual y política de Teodoro en esa manía periodística de tener una frase que ayude a definir al personaje. De esa manera, tantas veces en las agencias internacionales de noticias también terminé escribiendo “Teodoro Petkoff, el ex líder guerrillero…” Y digo que se aplanó su trayectoria porque en realidad Teodoro, para toda la izquierda e intelectualidad en Europa y América Latina, fue en verdad un ícono.

Con su libro “Checoslovaquia, el socialismo como problema”, Petkoff marcó una ruptura intelectual y política para toda una generación latinoamericana y europea con el socialismo burocratizado y represivo de la extinta URSS. La historia terminó dándole la razón a Teodoro, quien al cuestionar en 1969 la imposición de Moscú sobre la primavera checa, trazó la crítica –desde la izquierda- en contra de la burocracia comunista, la misma que terminaría implosionando tres décadas después.Teodoro fundó luego el Movimiento al Socialismo, junto con el también emblemático Pompeyo Márquez, tuvo la experiencia como ministro en la segunda administración de Rafael Caldera, relanzó el diario El Mundo (cuando era vespertino) y luego fundó Tal Cual. Parlamentario de larga data ha tenido la capacidad de revisar sus propias decisiones e incluso corregirlas en público. “Sólo los estúpidos no cambian de opinión” es una de sus frases que simbolizan su perspectiva vital.

En la parte final de los 90, siendo periodista de una agencia de prensa europea, comencé a frecuentar las ruedas de prensa que ofrecía Petkoff como ministro, y también comenzó a ser una fuente ineludible en años en los que no parecía pasar nada en Venezuela. Teodoro, con su estilo vehemente y polémico, terminaba siempre por darle algún titular a los periodistas que supieran pescar en su discurso.

Al pasar los años e iniciarse el siglo XXI, Teodoro dejó la arena política, al entender que desde la prensa (dirigiendo un periódico) podría incidir públicamente. Era otra forma de hacer política no partidista. Yo por aquel tiempo dejé el periodismo diario para buscar un espacio en la universidad, el país necesitaba de análisis, reflexión y explicaciones. Luego de algunos años nos encontramos.

La innovación a la que apostaba Tal Cual les llevó a abrir una columna dedicada a analizar el tema de los medios y la libertad de expresión en Venezuela. En conversaciones con Javier Conde, entonces jefe de redacción, bautizamos como “Infocracia” a aquella columna semanal que comenzó a publicarse en 2005. Dos años después, el cierre de RCTV vino a demostrar la importancia de aquel tema (los medios y las libertades) en la agenda pública nacional. En mi caso, Infocracia pasó ser una suerte de sello personal.

Ser colaborador de Tal Cual me abrió la puerta para conversar ocasionalmente con Teodoro. Durante varios años cada vez que me tocaba recibir y atender en Venezuela a periodistas, académicos o defensores de derechos humanos, una cita obligada era llevarles a un encuentro con Petkoff. Para algunos de ellos, en verdad, entrevistarse con él en persona, terminaba siendo lo más significativo de su visita al país.

Por aquel tiempo, por el año 2009, Teodoro me dio una lección de humildad por la que estaré en deuda con él, siempre. Azucena, su fiel asistente, me llamó: Teodoro quiere verte. Pensé que sería para tratar algún asunto relacionado con mi columna o sobre algún trabajo especial para Tal Cual.

Cuando llegó el día pautado para la reunión, Teodoro me explica que va a tener un encuentro con editores y directores de medios en Estados Unidos y que le han pedido su visión sobre la situación de libertad de prensa en Venezuela.

Libreta y lápiz en mano Teodoro me pidió que le explicara, sí, que yo le explicara, cómo es que funcionaba la hegemonía comunicacional y sus tentáculos en Venezuela.

Durante la siguiente hora Petkoff sencillamente fue un discípulo, me hacía preguntas, tomaba notas y me pedía precisiones. Aquel momento ha marcado un hito en mi vida personal y profesional.

Gracias, Teodoro.




Lo sucedido el domingo 16 de octubre forma parte de un plan estructurado, nada improvisado, que empezó con el megafraude de la “Asamblea Constituyente del Psuv”.




Una red de 30 personas y 40 empresas conforman el entramado que utilizó Rafael Ramírez Carreño, presidente de Pdvsa durante diez años, para lavar más de dos mil millones de dólares en Banca Privada de Andorra (BPA). Entre los miembros de la red que funcionó entre 2006 y 2012, destacan sus primos Diego Salazar Carreño, Luis Mariano Rodríguez Cabello, José Enrique Luongo Rotundo y el asegurador Omar Farías Luces.

La información se desprende de la Rogatoria que las autoridades judiciales de Andorra enviaron a la Fiscalía General de Venezuela, a la cual tuvo acceso CuentasClarasDigital.org. A través del documento oficial número 4103434 del año 2012, la Batllia D´Andorra solicita información al Ministerio Público venezolano sobre un grupo de personas y empresas bajo investigación en el Principado europeo por el delito de lavado de dinero y valores.acerca deLo Mejor De La acerca de MP-caso-BPA-AN

El poder de los primos

Los investigadores andorranos desconfían de las empresas de Diego Salazar, utilizadas para movilizar cientos de millones de dólares en BPA, a las que califican de “sociedades pantalla”. Registradas en varios paraísos fiscales, en especial en Panamá a través del bufete Aleman Cordero Galindo & Lee, la mayoría aparece a nombre de Luis Mariano Rodríguez Cabello y José Enrique Luongo Rotundo, primos de Ramírez, siendo el beneficiario final de todas ellas Diego Salazar Carreño, también primo de Rafael Ramírez Carreño.

Desde las cuentas de los primos de Ramírez se realizaron numerosas operaciones entre personas naturales y jurídicas dentro y fuera de BPA, poniendo en evidencia decenas de transferencias con escasa o ninguna justificación a una serie de directivos de Pdvsa.

Sin embargo, más numerosos aún resultan los pagos realizados desde cuentas de contratistas de Pdvsa a las cuentas de los primos.

Un ejemplo de este tipo de operaciones es la efectuada desde una cuenta corporativa de Omar Farías, asegurador de Pdvsa, a la empresa registrada en Panamá Antigua Omega Inc. propiedad de José Enrique Luongo Rotundo y cuyo apoderado es Luis Mariano Rodríguez.

La cuenta número AD 28 0006 0008 2312 0034 8856 de Antigua Omega en BPA tenía un saldo de casi 218 millones de dólares en 2012 cuando las autoridades andorranas iniciaron la investigación que condujo a la Rogatoria. La suma provino de dos traspasos internos, uno por 177 millones de dólares por medio de 6 transferencias ordenadas desde un depósito abierto en BPA titularidad de la contratista de Pdvsa Compañía General de Combustibles CGC SA, una de las principales petroleras argentinas y otro por 14 millones de dólares de una cuenta de la compañía ISB Sociedad CS, SA de Omar Farías Luces, asegurador de Pdvsa y de otros cuatrocientos organismos públicos venezolanos entre ministerios, institutos, gobernaciones y alcaldías.

Esta es solo una de las decenas de transferencias que el controversial asegurador Omar Farías realizó a las cuentas de los primos y testaferros de Rafael Ramírez, incluyendo a Diego Salazar con el que dijo “no tener ningún tipo de negocio” en una entrevista al diario español El Mundo realizada a raíz del escándalo de las cuentas de venezolanos en BPA.

Omar Farías es uno de los principales responsables de la crisis financiera de 2009 en la cual decenas de socios y directivos de bancos, casas de bolsa y aseguradoras actuaron como una red para defraudar a la nación. Seguros Premier, propiedad de Farías, fue intervenida y acusada de ser parte de la plataforma financiera usada para actividades ilícitas. Sin embargo, el escándalo no impidió que Farías – protegido desde los más altos niveles del poder – siguiera siendo uno de los principales aseguradores de entidades del régimen, incluyendo Pdvsa. Un reportaje publicado inicialmente en El Nuevo Herald reveló que los contratos de cobertura de Seguros Constitución con la petrolera, que abarcaban las pólizas patrimoniales de cobertura nacional e internacional, tenían sobreprecios que superaban los 100 millones de dólares anuales.

Farías trató de incursionar en el negocio de los seguros en otros países pero no fue tan exitoso. Tanto en España como en Panamá y Ecuador, las autoridades financieras tomaron acciones legales contra sus empresas por operaciones sospechosas de lavado de dinero.

Los seguros de Pdvsa el gran negocio de Salazar, Farías y Víctor Vargas

A raíz de la explosión de Amuay, una de las mayores tragedias de la industria petrolera a nivel mundial, la opinión pública conoció un poco más acerca de los oscuros y fraudulentos negociados con los seguros y reaseguros de Pdvsa en manos de Diego Salazar, Omar Farías y Víctor Vargas Irausquín.

Uno de los receptores de las millonarias transferencias de Omar Farías dentro de BPA, José Enrique Luongo Rotundo, primo de Rafael Ramírez y de Diego Salazar, también es familiar de Jesús Enrique Luongo Demari, actual vicepresidente de Refinación, Comercio y Suministro de Pdvsa, quien era el gerente del Centro de Refinación Paraguaná en 2012, momento de la explosión de Amuay en la que perdieron la vida 42 personas, 5 permanecen desaparecidas y más de 150 resultaron seriamente lesionadas.

Desde un primer momento, Luongo Demaria descartó que el siniestro se debiera a falta de mantenimiento. A pocas horas de la explosión, con los tanques aún ardiendo y sin conocer el número de víctimas ni los daños finales, declaró a Venezolana de TV acompañado de Elías Jaua , vice presidente de la República para el momento, desestimando las denuncias de falta de mantenimiento en lo que calificó como “una matriz de opinión” sin fundamento y avalando la labor preventiva de “la nueva Pdvsa”.

Sus declaraciones fueron fundamentales para sustentar la opinión de Rafael Ramírez que atribuyó la tragedia a un sabotaje de sectores de la oposición con lo cual quedaba justificado que las compañías de seguros no pagaran a Pdvsa.

Sin embargo, la realidad parece haber sido otra.

Según expertos del sector asegurador internacional, el costo del programa de seguros de Pdvsa se había triplicado desde 2000 a 2008. Diego Salazar y otros allegados y familiares de Rafael Ramírez –como su cuñado Baldo Sansó, George Kabboul, Antonio Simancas, Héctor Gamboa y Eudomario Carruyo – otro cliente de BPA y protagonista de Los Papeles de Panamá – montaron un entramado de corrupción con base en el pago de primas de los seguros que le habría reportado millonarias comisiones al grupo y perjudicado seriamente los intereses de la petrolera.

En el libro El Gran Saqueo de Tablante y Tarre, se señala que entre las irregularidades detectadas con el caso Amuay figura el hecho de que Pdvsa no había contratado cobertura por concepto de lucro cesante o interrupción del negocio, de manera que la pérdida por este concepto, que fue de 1.200 millones de dólares, tuvo que ser asumida por PDV Insurance Company, es decir, la propia petrolera.

Al día de hoy se desconoce si La Occidental de Seguros de Víctor Vargas cubrió las pérdidas relativas al patrimonio como tampoco se ha tenido acceso al informe final del siniestro, tanto de Pdvsa como del Ministerio Público. Ramírez anunció el 25 de agosto de 2013 que “cuando la Fiscalía autorice publicaremos el informe sobre el sabotaje en Amuay”. Tres años después, ni Pdvsa ni el MP han publicado absolutamente nada sobre el tema.

Esta situación privó a la petrolera de los recursos necesarios para recuperar la planta. Expertos señalan que debido a ello Amuay está produciendo solo la mitad de su capacidad diaria.

El MP “investiga” el caso BPA desde hace cuatro años

La Rogatoria dirigida por las autoridades de Andorra al Ministerio Público venezolano aspiraba a aclarar las decenas de operaciones en su mayoría “muy genéricas y sin soporte documental suficiente dada la importancia del volumen económico” realizadas por la red de los primos de Rafael Ramírez en Banca Privada de Andorra. Hasta la fecha, se desconoce si la Fiscalía General respondió la solicitud.

Ante un requerimiento similar realizado en marzo por la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional que investiga a Ramírez, el Ministerio Público, a través de la directora Contra la Corrupción Paula Ziri Castro, negó suministrar información aduciendo que luego de cuatro años, “el proceso actualmente se encuentra en fase de investigación”.

Fuente: cuentasclarasdigital




Los más recientes análisis del sector militar incorporan la posibilidad de un cese indefinido de actividades laborales en el país, sustentado por la aplicación del artículo 350 de la Constitución. “Para que tenga efecto sobre los profesionales de armas, tendría que restringir las actividades administrativas en Fuerte Tiuna”, afirmó el coronel retirado Antonio Guevara

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) comienza a evaluar el escenario de un paro nacional, como parte de la escalada conflictiva contra el presidente Nicolás Maduro. Los más recientes análisis del Comando Estratégico Operacional (Ceofanb) incorporaron en el menú de “acciones más peligrosas” para el régimen la posibilidad de un cese total de actividad laboral, en un contexto en el que las fuerzas opositoras comienzan a invocar con seriedad el artículo 350 de la Constitución. La letra versa y sostiene el desconocimiento de “cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios o garantías democráticas o que menoscabe los derechos humanos”.

Las evaluaciones de la cúpula militar fueron distribuidas la primera semana de junio de 2017 a todas las zonas operativas de defensa integral en una “forma de mensaje conjunto” tachada de “secreto”, que se hizo del conocimiento público en la medida en que pasaba de mano en mano por la extensa e inextricable burocracia del Ministerio de la Defensa.

Según el texto, todos los jefes de zonas castrenses “deberán considerar en su planificación operacional” el resultado de este último examen a la situación política del país. Las actividades más recientes en las protestas antigubernamentales indican que Distrito Capital, Barinas, Bolívar, Mérida, Miranda y Táchira “registran niveles de conflictividad elevados”.

El problema de fondo para los militares es que las protestas llegaron al municipio Libertador del Distrito Capital. En análisis anteriores del mismo Comando Unificado de la FANB, a los que se tuvo acceso para la hechura de este trabajo, la acción de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y las policías había logrado mantener en relativa tranquilidad al centro del poder político nacional. Esa situación cambió de la noche a la mañana, con expresiones de descontento motivadas por factores sociales, como por ejemplo la carencia de alimentos.

En Barinas, de acuerdo con las estadísticas castrenses, han fallecido once personas por la conflictividad política. Allí la Operación Zamora para el mantenimiento del orden interno fue elevada a nivel amarillo —el segundo de tres en la escala de alertas—, con la finalidad de aplacar una ola de saqueos y actos vandálicos. Un destacamento de la GNB y un puesto policial fueron atacados y quemados. Zenaida Gallardo renunció a la Gobernación y fue reemplazada por el secretario de Gobierno Adán Chávez, hermano del extinto presidente Hugo Chávez.

Marcha opositora Gustavo Vera

A los seis estados de la lista inicial podrían unirse en los próximos días Aragua, Carabobo, Lara, Portuguesa, Nueva Esparta y Trujillo, de acuerdo con la evolución de las protestas en cada localidad. En los documentos anteriores, Portuguesa no figuraba en el mapa de la conflictividad política. Sus habitantes, de acuerdo con las encuestas de opinión, suelen mostrar niveles de aceptación a la gestión presidencial muy por encima del promedio nacional, junto al estado Cojedes.

“Clima de violencia mortal”

De acuerdo a las evaluaciones, adentro de los cuarteles se vende la imagen de que los opositores al Gobierno son los únicos generadores de violencia. Desde luego, estos diagnósticos omiten un dato esencial: de los 67 muertos contados desde abril de 2017 hasta la fecha de hoy solo tres (4,4%) pertenecían a las filas de los cuerpos de seguridad. De hecho, solo un uniformado ha sido ultimado en estos días —un caso que investiga la Fiscalía. Se trata de un sargento de la GN al que le dispararon en San Antonio de los Altos con una pistola que estaba en custodia de la Fuerza Armada desde 2016.

Sin embargo, el radiograma distribuido insiste en que las manifestaciones de calle tienen como fin “continuar generando un clima de violencia mortal”, que refuerce una “matriz de opinión” según la cual los cuerpos represivos hacen uso excesivo y desproporcionado de la fuerza.

Cuando este radiograma era elaborado, el lunes 5 de junio 2017, el país veía con asombro y estupor cómo efectivos de la GNB y de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) no solo reprimían sin misericordia a manifestantes en Altamira y Chuao sino que también los golpeaban y robaban, disparaban con armas de fuego y atacaban a trabajadores de los medios de comunicación y les destruían sus equipos. En Zulia, incluso, los detuvieron con el argumento de que hacían tomas en “zonas de seguridad”.

El martes 6 de junio, cuando comenzaba la divulgación del documento, el ministro de la Defensa, general en jefe Vladimir Padrino, calificaba como “atrocidades” los actos presenciados el día anterior. Un mensaje que contrasta con los términos de las evaluaciones que se hacen en su propio despacho.

El siguiente paso

En un diagnóstico efectuado por Ceofanb con anterioridad, la expresión “paro nacional” no figuraba en el panorama. Ahora, está de primera en la lista de acciones “más peligrosas” que emprendería la oposición. El coronel retirado del Ejército Antonio Guevara explica: “para que una huelga tenga efecto sobre el sector militar tendría que restringir de alguna forma las actividades administrativas en Fuerte Tiuna”, que es el centro de actividad de la FANB.

Recordó que durante manifestaciones pacíficas realizadas en Los Próceres durante las últimas dos semanas las medidas de seguridad aplicadas fueron de tal magnitud que impidieron parcialmente el paso de los trabajadores civiles, así como la salida de las personas que residen en el sector. “El Ipsfa cerró y el fuerte se paralizó”, indicó.

A su juicio, es necesario combinar la magnitud de las protestas con dosis de creatividad e imaginación, que mantengan la actividad opositora en su carácter pacífico. “Es inevitable el concurso de la Fuerza Armada en la transición. Por lo tanto no puedes confrontarla, pero sí enviarle mensajes y contenidos que la sensibilicen en torno a lo que está sucediendo en el país”, sugirió Guevara, quien actualmente se desempeña como consultor en temas políticos y de seguridad.

El oficial retirado mencionó los llamados “madrugonazos” como parte del menú de acciones posibles. Y este es precisamente el segundo peligro que avizora el Ceofanb, a propósito de un ensayo efectuado por diputados frente a la Comandancia General de la GN, el 11 de abril.

Los otros riesgos delineados por la cúpula castrense son “acciones violentas” contra instalaciones de Petróleos de Venezuela y del Gobierno en general, y arremetidas contra unidades militares y saqueos “en sectores con mayor índice de conflictividad”. Finalmente, el ataque selectivo a funcionarios y “líderes políticos de ambas facciones”.

Más calle

Si en algo coinciden los análisis hechos por la FANB con los de académicos y consultores es que la confrontación en Venezuela pareciera no tener freno. “Todo señala que la conflictividad no mermará, y mucho más mientras se convoque a la Asamblea Nacional Constituyente”, advirtió el profesor del Departamento de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Florida, Eduardo Gamarra.

Para el académico es claro que tanto el Ejército como la Aviación y la Armada han optado por mantenerse al margen de la represión, y delegar esta tarea a la GNB que en la actualidad “tiene una imagen horrible”. Vituperable. Este componente ha sido hasta ahora el principal ejecutor de la Operación Zamora, ordenada por el presidente Maduro a principios de abril, cuando columbraba el recrudecimiento de las manifestaciones callejeras.

La acción militar se ha avivado en Barinas, Táchira, Lara, Zulia y Distrito Capital. Ha tiznado de inclemencia y rudeza, calles y casas de ciudadanos. “Si continúa la escalada es probable que sea necesario decretar un estado de conmoción interna, lo que abriría las puertas a una intervención del Ejército”, descompone el panorama el Coronel Guevara.

El riesgo en este escenario es que los soldados del mayor componente castrense salgan a las calles y no regresen hasta que haya cambiado el Gobierno. Guevara recordó que durante la crisis de abril de 2002 la Guardia Nacional fue rebasada por la acción popular y se llegó a un “punto de quiebre” que obligó al entonces presidente Chávez a activar el Plan Soberanía en Caracas —conocido como Plan Ávila—, inmediato predecesor del Plan Zamora. “Entonces el alto mando de la GN ordenó el repliegue de sus tropas, y luego siguieron los demás componentes, que desconocieron la autoridad del Presidente”, recordó.

De inmediato, la alta oficialidad encabezada por el general Lucas Rincón le dijo al mandatario que lo mejor era separarse del poder. Este guion podría repetirse en 2017, con algunas variantes. De allí que los militares hayan ordenado en los sucesivos diagnósticos “reorientar los esfuerzos en realizar actividades de inteligencia” que permitan obtener alertas tempranas y “evitar la ejecución de los eventos planificados”.

Fuente: climax




Eran las 10 de la mañana y el teniente recién ascendido ya sudaba debajo de su careta protectora de plástico y su chaleco antibalas color negro. Unos días antes, el hombre de 28 años de nombre Catire había visto cómo le rompían el brazo a un miembro de la Guardia Nacional durante una protesta. Y una semana atrás, uno de sus amigos se desplomó a tan solo unos pasos de él mientras hacía frente a las manifestaciones: había recibido un disparo en la ingle.