Opinión

¿Qué pasará el día después, cuando la debacle pase —porque pasará—, cuando las fuerzas demoledoras encuentren el freno que en este momento no alcanzamos a vislumbrar, pero que no puede no ser? Entonces vendrá ese día en el que nos levantaremos, primeramente, a contemplar las ruinas del huracán que pasó, a lamentar que lo que fue edificado con la paciencia del tiempo tuviese las fallas que facilitaron su destrucción. Ese día, cuando la calma sobrevenga, conoceremos la magnitud de los daños y caeremos en cuenta de que eran superiores a lo que imaginábamos; y nos dolerá más saber que la tragedia fue humana, que el huracán fuimosnosotros. Entonces, habrá que recoger todo lo roto, botar los escombros (reciclar, para que no me caigan los ambientalistas) y reconstruir la casa común con la mente puesta en que debemos reforzarla para que una devastación igual no nos sorprenda de nuevo.

Cuando pienso en ese día y hago mentalmente el inventario de las mentes prodigiosas que la fuerza civil de nuestra tierra ha producido en todos los sectores, me lleno de esperanza. La reedificación será retadora, será monumental. Aun en este momento en que la tormenta se siente en toda su ferocidad, hay que poner la mente en el futuro, en el futuro y en las mentes brillantes con las que contamos.

Hay venezolanos extraordinarios en nuestra tierra y regados por el mundo. Gente que sabe de petróleo, de economía, del gobierno de las naciones, porque lo han estudiado durante toda la vida, preparándose para un llamado que nunca se ha producido. Médicos nuestros que dan clases de cómo salvar corazones; sopranos que cantan en calles abandonadas del sur; niñas que con la magia de las cartas cuentan nuestra tragedia y nos conmueven. Hay jóvenes venezolanos estudiando en todas las universidades de este diverso planeta. Ellos vendrán cuando se les convoque. Será maravilloso verlos venir, ver los retratos de los piecitos que vuelven, caminando sobre Cruz–Diez. Y los recibiremos y habrá pancartas, calles, flores y canciones. Y no habrá que vender la conciencia para cantar. Será una reconstrucción hermosa por lo largamente anhelada, llena de creatividad e iniciativa, como le enseñaban a uno en primaria.

En el fondo, el gran reto de esa reedificación nacional será el que movía la angustia de Bolívar en Angostura: la creación de una ciudadanía consciente, respetuosa de las leyes; la erradicación de eso que él no llamó así porque uno no sabe si existía la expresión en ese tiempo, pero que nosotros englobamos bajo el concepto de la “viveza criolla”, que incluye muchas cosas y no solo el “vil egoísmo que otra vez triunfó” y el afán de enriquecerse a costa de todos, sino también esa actitud mental de usar todo lo público —leyes incluidas— para sacar provecho y ventaja sobre los ciudadanos honestos. Moral y luces siguen siendo nuestras primeras necesidades. Reeducarnos para no seguir construyendo edificios endebles y prevenir tragedias.

En este difícil momento, que quedará registrado como de los más duros y difíciles de nuestra historia, pienso en ese día, en el día después. Creo que nuestras mentes brillantes deben estar puestas no en la inútil discusión de qué arquitecto va a desarrollar el proyecto —tenemos muchos y muy buenos—. En lo que hay que pensar es en los planos, que es lo que requiere echarle coco.

La tormenta me atormenta; pero, en este duro momento, pensar en los retos del día después entusiasma, porque uno sabe que tenemos con qué.

Laureano Márquez

María Alejandra Malaver, ha sido, y demostrado ser una luchadora social de vanguardia en el estado Anzoátegui y además, militante dirigente del movimiento "Voluntad Popular", lo que la induce esto último, a conocer en primer plano la personalidad del diputado Juan Guaidó, ahora nuevo Presidente de la Asamblea Nacional.

Ahora Jaua declara al portal ruso, Sputnik, que “tiene que haber una disposición para que el año 2019 en vez de un año de hecatombe, como se vaticina, podamos efectivamente encontrar los mecanismos que nos permitan emprender el camino del crecimiento económico”. Habla quien no tuvo la disposición en 2016. Quien pudo inclinar la balanza. Suele ocurrir que los castigados del poder, varían su posición, bien porque están dolidos, o porque aterrizan en la realidad. Y esta realidad es una tragedia. De hecho, él no descarta la hecatombe.

No es Elías Jaua cualquier figura del chavismo. Ha ocupado los más altos cargos con Hugo Chávez y con Nicolás Maduro. Y se le cuenta entre los elementos pensantes y con posición propia dentro del régimen. Jaua formó parte del equipo civil que ayudó a que Chávez se decidiera por Maduro cuando se planteó la sucesión. Ahora Jaua dice que no sabe por qué Chávez eligió a Maduro, aunque reconoce a Maduro como jefe del proceso. Y si ahora está fuera del Gobierno es por desencuentros con los que han venido acumulando más poder en el Ejecutivo, los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, y también por desencuentros con la estructura del poder en el PSUV, en el que Diosdado Cabello es pieza fundamental. Maduro prefirió a los otros en este lance, pero no se descarta que Jaua vuelva al anillo del poder. Este es el crítico Jaua. El que clama por un ataque severo de la corrupción –él, que defendió al exgobernador Jesús Aguilarte Gámez; él, que ahora pide estabilizar la economía, y pudo, tuvo al menos la oportunidad de apoyar el programa que presentó Unasur, y no lo hizo. Optó por oponerse. Y mostrar un radicalismo del que ahora, en apariencia, no parece tomar parte.

Otra, quizá, hubiera sido la suerte de la economía, de haberse instrumentado la propuesta económica que en 2016 elaboraron los técnicos de Unasur y que llevaron a la mesa de negociación los expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Ernesto Samper, Leonel Fernández y Martín Torrijos. El diálogo era político y también económico, pues el drama económico ya estaba vivo, según apreciaron los expresidentes y los enviados del Vaticano. Un drama que se profundizó.

Se planteaba un esquema para superar el problema cambiario e incorporar los agentes privados de la producción. El equipo se reunió con el vicepresidente Ejecutivo de la época, Aristóbulo Istúriz, uno de los que también se opuso. Pedro Silva, de Unasur, era el cabeza del plan técnico, y Samper estaba al frente de Unasur. Cuando arrancaron las mesas de diálogo el 31 de octubre de 2016 en el Museo Alejandro Otero, el expresidente Leonel Fernández planteó el “marco” económico teniendo como punto de partida la propuesta de Unasur. Jaua fue contundente, según revelaría después a KonZapara Jesús Torrealba, el jefe de la opositora MUD, y miembro del grupo de negociación. “Ese es el marco para saber lo que no vamos a hacer”, dijo Jaua, y allí murió el documento de Unasur.

Ya estaba moribundo, en verdad, pese a la situación económica que sufría el país. Pero había que jugar al radicalismo. Cuando unos subían la apuesta radical, otros lo seguían. Y es así como en el Gobierno se configuran dos bloques. Uno que respalda la propuesta y otro que lo rechaza. Entre los defensores del Plan de Unasur estaban Eulogio Del Pino, presidente de PDVSA, Ernesto Villegas, ministro de Comunicación, y Nelson Merentes, presidente del BCV. En contra, Jaua, Aristóbulo Istúriz, Ricardo Menéndez, ministro de Planificación, y Diosdado Cabello. Menéndez y Jaua siempre han jugado en la misma línea. Maduro y Cilia Flores habían quedado en el medio. Y quien terminó de inclinar la balanza fue el asesor español, el Cristo de la Economía, Alfredo Serrano Mancilla.

El monto de dinero público robado en Venezuela por unos cuantos individuos conectados al régimen chavista entre 2003 y 2015 asciende a más de 385.000 millones de dólares, con base a cálculos conservadores, y podría llegar a $529.000 millones si se considera la totalidad de las divisas no enteradas por Petróleos de Venezuela (PDVSA) al Banco Central, concluyen dos reconocidos investigadores sobre la base de cifras oficiales.

“La palabra ruina, quizás no exprese con claridad suficiente las dimensiones del desplome y la devastación que sufre Venezuela, el país que hasta hace unas décadas tenía el mayor ingreso per cápita al sur del río Bravo”, señalan los investigadores Boris Ackerman y Rosana Sosa, en un ensayo que busca entender las dimensiones y los métodos de la corrupción en un desfalco histórico sin precedentes en América.

Ackerman es un reconocido analista financiero venezolano, ingeniero y profesor de la Universidad Simón Bolívar. Rosana Sosa es economista PHD y experta en finanzas internacionales.

“Para entender las causas de dicha ruina, es necesario comprender la razón que llevó a Venezuela a tal catástrofe, que en nada tiene que ver con causas naturales, ni con situaciones en los mercados de materias primas, sanciones económicas o presiones externas”, sostienen.

“La realidad patente es que la desviación de inmensas cantidades de fondos a los patrimonios particulares de individuos allegados al régimen ha sido decisiva en el colapso de la nación venezolana”, afirman los investigadores al observar la pertinencia de describir los principales mecanismos de corrupción y determinar la cuantía de los capitales saqueados al país que solía ser la cuarta economía de Latinoamérica y que hoy exhibe un PIB del tamaño del de un país centroamericano.

“Estos capitales debieron ser invertidos en diversos sectores del país o ahorrados en fondos de estabilización para prevenir posibles crisis. Su desviación hacia caudales particulares, ha conducido a la penosa situación que vive Venezuela”, afirman.

¿Cómo medir la cuantía de la corrupción?

Los expertos usan cifras del Banco Central de Venezuela para analizar el flujo de las divisas que produjo y gastó el país en las ya casi dos décadas que lleva en el poder el régimen chavista.

En segunda instancia se utilizan los costos de la canasta básica familiar provistos por el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cendas), institución independiente que se encarga de hacer mediciones mensuales de los niveles de precios asociados con los principales productos y servicios que consume la población.

En su metodología, los analistas consideraron dos posibles fuentes de irregularidades en el uso de recursos: la primera fue la gestión de la empresa petrolera estatal Petróleos de Venezuela, S.A. Y la segunda, el control de cambios vigente a partir del 2003.

Desviación de fondos en PDVSA

La primera fuente de desviación de fondos es la petrolera venezolana PDVSA. Las exportaciones petroleras en promedio superan el 95 % de las divisas que ha obtenido Venezuela en las últimas décadas.
“Hasta el advenimiento del actual régimen que rige Venezuela, la casi totalidad de las divisas que producían las exportaciones de petróleo eran enteradas al Banco Central de Venezuela (BCV), situación que cambió radicalmente sobre todo a partir del año 2003 y aun más a partir de la reforma de la ley del BCV en el año 2005”.

Luego de 2003, el promedio enterado por parte de PDVSA al Banco Central de Venezuela apenas llegó a la mitad. Es decir, a partir de ese año, más de la mitad de las divisas provenientes de la exportación de petróleo dejó de entrar al país.

La interrogante que surge es ¿a dónde fueron a parar esas divisas? Y la respuesta, si bien no es quizás la que quieren observar las personas políticamente correctas o cercanas al régimen, es que se desviaron a patrimonios particulares, en lenguaje más prosaico, se las robaron.

En su metodología, los especialistas financieros usaron el cálculo del ingreso de divisas en PDVSA por exportaciones petroleras entre los años 2003 y 2015 (ambos inclusive).

En los seis años previos (1997-2002) PDVSA aún poseía una gerencia sin mayores desviaciones ideológicas a la naturaleza del negocio petrolero. En ese período, Venezuela exportó aproximadamente 100.000 millones de dólares y el BCV recibió el 82% de dicha cifra.

“Entre 2003 y 2015, el país exportó casi 800.000 millones de dólares en petróleo y el Banco Central recibió menos de la mitad. Es así como 409.000 millones de dólares nunca fueron enterados al BCV”.

“Si se estima que efectivamente el 18 % de las exportaciones hubiesen ido al mantenimiento de la infraestructura o a la compra de bienes para la población, hay poco más de un tercio del dinero de las exportaciones petroleras que jamás llegó a Venezuela y que muy probablemente fue a parar a los patrimonios de personas cercanas al régimen. En grandes cifras la desviación estimada en el caso de PDVSA asciende a más de 265.000 millones de dólares.

Otro enfoque es comparar las importaciones petroleras durante ambos periodos.

Entre 1997 y 2002, Venezuela importó en bienes ligados al sector la cantidad de 9.000 millones de dólares, es decir el equivalente a aproximadamente un 9 % del total de la factura petrolera del país.
Dicha cifra en términos porcentuales se mantiene en el periodo que va del 2003 al 2015, cuando las importaciones petroleras, se ubican en 81 mil millones de dólares, o poco más del 10 % de las exportaciones.

Con esto se evidencia que el porcentaje de las divisas destinado a inversiones y gastos del sector petrolero no varía. Por otra parte, las cantidades que provienen de las exportaciones petroleras y se destinan a otros usos suben exponencialmente.

Lo bajo de los saldos destinados al sector petrolero ponen en evidencia la carencia de las inversiones suficientes para mantener o incrementar los niveles de producción petrolera del país.

La carencia de mantenimiento e inversiones en PDVSA ha ocasionado la profunda caída en la producción de petróleo y el deterioro de la infraestructura.

La producción de petróleo venezolano ha descendido desde los casi tres millones de barriles por día (bpd) a comienzos del milenio hasta menos de 1,2 millones de barriles diarios en septiembre de 2018, es decir, alrededor de un 60%.

Si una porción suficiente de los fondos hubiese ido a la adquisición de insumos para el mantenimiento de la industria, tal caída y deterioro en la producción y en la infraestructura no se hubiesen evidenciado en tal magnitud.

Una importante cantidad de fondos supuestamente se dedicó a importaciones de bienes de consumo y de capital, a través de entidades como PDVAL y la misma PDVSA mediante diversos mecanismos, tales como el Fondo Chino y Petrocaribe.

“La enorme dificultad que han tenido tribunales de diversos países en identificar el origen de grandes fortunas en posesión de individuos cercanos al régimen, podría en consecuencia atribuirse al pago de sobreprecios en importaciones destinadas a Venezuela y a operaciones de arbitraje financiero con divisas, todas canalizadas por PDVSA, utilizando fondos no desembolsados al BCV”, postulan.

Control de cambios:

La otra gran fuente de posibles irregularidades en el devenir económico venezolano de las últimas dos décadas es el control de cambios que se establece a comienzos del año 2003.

Desde entonces el acceso a las divisas por parte de los particulares en Venezuela ha estado restringido y condicionado a complejos trámites y a decisiones de otorgamiento discrecionales y en la mayoría de los casos bastante opacas.

El control de cambios llegó a niveles de agotamiento al mermarse notablemente el otorgamiento de divisas a partir del año 2014.

Para estimar los montos sobrefacturados durante el control de cambios, se calcula el porcentaje de sobrefacturación, el cual equivale al nivel de sobrevaluación del tipo de cambio oficial.

Sencillamente se estima el poder de compra en Venezuela de la cantidad de bolívares necesarios para adquirir un dólar a la tasa oficial, ese poder de compra se le resta al poder de compra de ese mismo dólar en los Estados Unidos y la diferencia representada en una cantidad de porcentual que se multiplica por el total de dólares otorgados por el BCV, al sector privado a través de los diversos mecanismos de control de cambios.

Por ejemplo, un individuo que obtuvo 1000 dólares en agosto de 2010 pagó Bs. 4.300 por esa cantidad, con ese dinero en Venezuela podía comprarse el equivalente en poder adquisitivo a lo que se obtenía con 728,10 dólares fuera del país.

Bajo el supuesto, se estima que la diferencia, es decir, 271,90 dólares resultaron en beneficios para el favorecido, ganancias que no hubieran existido en la ausencia de un control de cambios.
En mayo del año 2014, el poder adquisitivo de Bs.6.300 (1.000 dólares a la tasa de cambio oficial en ese momento) era de solamente 299,50 dólares fuera del país, siendo la utilidad para quien obtenía los dólares de 700,50 dólares de los Estados Unidos.

Para determinar la paridad del poder de compra del bolívar a tasa oficial respecto al dólar, se utiliza el índice de precios al consumidor emitido por el BCV, hasta el año 2007, luego, a partir de enero del 2008 y con base a la redefinición del índice que contempló la inclusión de una mucho mayor ponderación de bienes no transables, se utiliza la canasta básica que publica el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cenda).

Para finales de 2015 un bolívar en Venezuela tenía un poder adquisitivo menor al 7% de lo que compraba ese mismo bolívar si era transformado a dólares y era usado fuera del país. Sólo que la posibilidad de cambiar el bolívar a dólares dependía de un funcionario del estado cuya discrecionalidad en muchos casos probablemente derivaba en corrupción.

La estimación de los niveles de corrupción se calcula entonces en la diferencia de lo que se podía comprar fuera Vs. Lo que se podía comprar en Venezuela, siendo esa diferencia, la utilidad adicional para quienes tenían acceso a las divisas. Dicho beneficio era repartido en los distintos eslabones de la cadena que inflaba los precios, tales como importadores, funcionarios y comerciantes estraperlistas, conocidos localmente como “bachaqueros” (vendedores intermediarios en el mercado negro).

Durante el periodo que comienza en enero de 2003 y culmina en el tercer trimestre de 2015, fueron adjudicados 337.800 millones de dólares y de ahí el monto sobrefacturado según la metodología basada en la paridad del poder de compra fue de 119.500 millones de dólares.

Como conclusión o cierre del presente análisis, se observa que el monto desviado hacia la riqueza particular de unos cuantos individuos entre los años 2003 y 2015 en Venezuela, asciende a más de 385.000 millones de dólares con base a cálculos conservadores y podría llegar a 529.000 millones de dólares si se considera la totalidad de las divisas no enteradas por PDVSA al BCV.

“En órdenes de magnitud se trata quizás del mayor saqueo patrimonial del cuál ha sido objeto país alguno a lo largo de la historia”.

“Se propone que las instituciones de los países a donde fueron a parar los recursos provenientes de la corrupción, embarguen dichos caudales para que cuando se produzca la transición en Venezuela, sean utilizados tanto en el pago de las obligaciones que tenga el país con el exterior, como en la recuperación económica del país”.

Consecuencias de la corrupción para la población venezolana:

Millones de personas han tenido que abandonar el país, generando la mayor y más aguda crisis migratoria que se ha vivido a lo largo de la historia americana. Multitudes de venezolanos inundan las calles de no pocas ciudades del hemisferio y diversos estudios ubican la diáspora hasta en 15% de los habitantes del país.

La infraestructura de servicios públicos se encuentra en pésimas condiciones, lo que se manifiesta en la tremenda degradación de las condiciones de vida de la gran mayoría de la población. Las interrupciones en el suministro eléctrico son constantes debido al deterioro del sistema, e irónicamente son atribuibles parcialmente a la falta de combustible.

Los servicios de salud sufren un profundo deterioro, con el resurgimiento de enfermedades que habían sido erradicadas mediante antiguos programas de vacunación, ahora suspendidos por falta de fondos.

La atención a enfermedades o accidentes es prácticamente nula y muchos pacientes fallecen por falta de medicamentos más que por las dolencias sufridas.

El suministro de agua es sumamente escaso en grandes y pequeñas ciudades, debido al abandono y a la carencia de mantenimiento del sistema de acueductos, en un país con inmensas reservas acuíferas y caudalosos ríos.

La hiperinflación presente en Venezuela hace constante mella en el ya absolutamente degradado ingreso de las familias, los salarios del venezolano en términos de su poder adquisitivo son quizás los más bajos del mundo y el producto interno se ha derrumbado hasta hacerse comparable con el de Costa Rica, país cuya población es apenas la octava parte de la que tiene Venezuela. Todo esto lleva a la aterradora pero certera afirmación de que el hambre es una constante para la inmensa mayoría de la población venezolana.

Fuente: elinteres

Si es por motivos para protestar, sobran. Es tal el cúmulo de carencias materiales y morales que agobia a la sociedad venezolana, que se pueden escoger con facilidad, sin un esfuerzo mínimo, las razones para echarse a la calle en nutridas manifestaciones. Llama la atención que el motivo que se ha preferido sea el de la falta de perniles en las mesas de los hogares venezolanos.

Que no haya pernil es preocupante en estas fechas navideñas, debido a que forma parte de los hábitos pascuales. El pernil es como la hallaca en estos días, es decir, una compañía indispensable, una parte esencial para los hogares católicos que celebran el nacimiento del Niño Jesús y en los cuales habitan las mayorías de la sociedad. Sin embargo, resulta procupante el hecho de que sea el motor principal de las algaradas contra la dictadura.

¿Por qué? Para calmar a las clientelas satisfechas, la dictadura ha puesto en marcha una estrategia de dádivas mediante las cuales pretende un control del clima de insatisfacción cada vez más creciente. En la lista de las dádivas ha pregonado la entrega de perniles, que ha puesto a la sociedad a la espera. Si no llega el regalo, si no se cumple la oferta revestida de generosidad, se enciende la mecha de las protestas.

Es terrible la costumbre de este tipo de entregas que han puesto en marcha los oficialistas incapaces de atender las necesidades populares. Acudiendo al más grosero populismo, quieren calmar las necesidades de la población mediante la concesión de unos supuestos favores, de unas supuestas liberalidades que se deben a la munificencia de una autoridad compasiva. El hombre desprendido que gobierna se apiada de los desarrapados porque los ama desde el fondo de sus entrañas: esa es la imagen que quieren establecer en la sensibilidad popular.

Salta a la vista la aberración que se ha puesto en marcha, la descarada dependencia que se quiere establecer entre las carestías de la sociedad y las decisiones de la dictadura, que queda como la entidad justa que se compadece de los humildes. La dictadura que no es capaz de atender las necesidades básicas de los gobernados se convierte en espléndido distribuidor de bocados. Aparte de que ni siquiera puede cumplir el doloroso cometido, coloca a las mayorías en una situación deplorable debido a la cual tiende a la pasividad.

Aparte de este punto, digno de la más enérgica de las repulsas, está otro no menos significativo: las masas comienzan a acostumbrarse a las dádivas y esperan por ellas sin hacer nada para reclamar por su bienestar, pero especialmente por su dignidad. Asuntos esenciales en la vida de la república, como el establecimiento de una justicia y el retorno de la libertad, pasan a segundo plano o desaparecen del panorama porque la gente está pendiente de un pedazo de pernil. Aun el tema de la salud, que es realmente acuciante, desaparece del plano de los reclamos porque la gente se debate por un pedazo de pierna de cochino concedido graciosamente por los acólitos de Maduro. Un pueblo que muestra este grado de degradación, este tipo de alejamiento de los asuntos que más debe atender en el teatro de una república, pierde la fuerza que necesita para ser el centro de la vida, el animador del civismo y el motor de las transformaciones que se requieren con urgencia.

Poco a poco se conocen los tras cámaras de la muerte más dolorosa, para unos, y más esperada, para otros. El ex ministro del expresidente Chávez, conversó con El Cooperante y develó detalles sobre las últimas horas del exmandatario transcurridas en el Hospital Militar de Caracas.

Ningún funcionario había comentado algo al respecto, pero Navarro ofreció detalles sobre una falla eléctrica que tuvo lugar en el hospital militar el 04 de marzo de 2013. En ese momento, el jefe del servicio médico del hospital se comunicó con Navarro para que ordenara el acondicionamiento, en la parte eléctrica, de los pisos ocho y nueve, pisos en los que se alojaría Chávez cuando llegara de Cuba, dónde se estaba tratando el cáncer diagnosticado dos años antes.

Navarro solicitó al entonces presidente de Corpoelec y hermano de Chávez, Argenis Chávez, que se abocara al trabajo, “y me lo prometió” afirma Navarro al Cooperante. Pero, 15 días después, el ex ministro fue contactado nuevamente por el jefe del servicio médico, asegurando que los trabajadores de la estatal eléctrica no habían hecho las labores.

En ese momento, era plena época decembrina y las ferreterías de Caracas estaban cerradas. Por lo que Navarro ordenó que se compraran los repuestos necesarios en un establecimiento de Maracaibo, estado Zulia. Por fin, empezó el acondicionamiento para recibir al para entonces mandatario venezolano.

Pero, su preocupación no sería únicamente que la directiva de Corpoelec omitió a su requerimiento por dos semanas. El 5 de marzo de 2013, el equipo de Gobierno de Chávez hizo un Consejo de Ministros y la entonces ministra de Salud, María Eugenia Sader, se acercó a Navarro y le informó que el día anterior se presentó un inconveniente que puso en riesgo la vida del primer mandatario.

La ministra Sader le informó que la planta eléctrica que el ministro había ordenado instalar en diciembre del 2012, no funcionó cuando se fue la luz por media hora en el Hospital Militar ese 4 de marzo de 2013. “Eso me preocupó muchísimo, porque yo había dejado esa planta funcionando”, aseguró Navarro.

Lo cierto es que Sader le indicó a Navarro que tras la falla de energía, el personal tuvo que mantener a Chávez con respiración manual hasta que, finalmente, la planta eléctrica encendió. El exministro afirma que “hubo indolencia” por parte de la directiva de Corpoelec y prefirió “no especular” sobre lo que habría pasado.

“Yo salí del Consejo de Ministros corriendo para el Hospital Militar para reclamar lo que había sucedido con la planta ,y entrando a las 4:30 de la tarde, no me había terminado de bajar del carro, cuando me llegó una llamada de Nicolás Maduro y me dice: ‘Héctor, el jefe acaba de morir’, y yo dije: ‘vámonos al ministerio que aquí no hacemos nada’”, declaró.

Por último, el exministro negó que Chávez haya muerto el 28 de diciembre de 2012, como lo afirmó la fiscal general destituida, Luisa Ortega Díaz, puesto que ese mismo día conversaron vía telefónica. En ese momento, lo designó como vicepresidente Ejecutivo de la República, en calidad de encargado, mientras Maduro viajaba a Cuba.

“Tenía dificultades para entenderlo porque tenía una traqueotomía”, dijo.

Nada indica que habrá una transición en el corto plazo, afirma Daniel Santolo. Más que en transición, el país debe pensar en una mesa de resolución de conflictos, propone Aníbal Sánchez. La transición puede ser hacia algo peor, como más autoritarismo, subraya Carlos Valero. Los tres analistas hablaron en exclusiva para Punto de Corte.

Como en política no siempre querer es poder, ni miles de deseos, súplicas o velas a todos los santos pueden hacer que Venezuela transite la ruta de la transición hacia un nuevo gobierno.

Entre peleas y divisiones sigue, sin embargo, una fecha en la mira: el 10 de enero de 2019, cuando el mandatario Nicolás Maduro asume su segundo periodo de gobierno después de unas elecciones presidenciales altamente cuestionadas nacional e internacionalmente.

En Venezuela no hay señales de una transición cercana, refiere el politólogo y analista político Daniel Santolo. Para el analista y asesor electoral Aníbal Sánchez lo perentorio es construir una agenda común que permita a los bloques confrontados negociar y entonces, sí, llegar a un cambio. El diputado Carlos Valero (Un Nuevo Tiempo) advierte que el tránsito puede ser hacia más autoritarismo y no para más democracia. Los tres comparten, en exclusiva su visión sobre la transición.

Daniel Santolo: No a corto ni a mediano paso

En Venezuela “no avizoro a mediano ni a corto plazo un proceso de transición”, expone Daniel Santolo.

Según los autores clásicos, los procesos de transición “no tienen un hito que los marque, a menos que sea un hecho de fuerza como un golpe de Estado, un proceso revolucionario armado”. Las transiciones también ocurren si hay una solución pactada entre los sectores en pugna, mediante un proceso electoral que permite resolver el conflicto.

En todo caso, la transición ocurre cuando quienes están en el poder están dispuestos a cederlo a otro grupo y aceptan ser desplazados. Y Santolo no ve, en el horizonte venezolano, nada que indique que Venezuela va a un proceso de transición, a menos que ocurra un hecho de fuerza que implique un viraje. “El Gobierno sigue, no se avizora ninguna fuerza que pueda tomar el poder a corto o mediano plazo”, y eso indica que el 10 de enero Maduro asumirá su segundo periodo.

En este cuadro político, alega el analista, lo más acertado para la oposición venezolana sería “iniciar un proceso de diálogo para impulsar una negociación que sea tutelada por organismos internacionales que se han puesto a la orden para ello”.

La Asamblea Nacional (AN) tiene un rol fundamental para buscar el acercamiento con factores del Gobierno e iniciar un proceso de normalización que lleve a la restitución plena de funciones del Poder Legislativo. El siguiente paso, en la continuación de esta ruta, debería ser el acuerdo para nombrar un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) y negociar la realización de elecciones presidenciales.

Pero todo ello requiere de una oposición fuerte y unida, resalta Santolo, y la realidad es que la presión que siente el Gobierno no viene de adentro, sino de afuera: es la que ejerce la comunidad internacional.

Aníbal Sánchez: Mesa de resolución de conflictos
Querer no siempre es poder. Por más que un amplio sector quisiera cambiar las cosas rápidamente, nada muestra que hay una transición en marcha en Venezuela, confirma el analista Aníbal Sánchez.

En su opinión, lo que primero necesita el país es “una mesa de resolución de conflictos, y sobre todo, que los venezolanos nos encontremos. Pero para encontrarnos, tenemos que hacer un ejercicio de reconocimiento”.

Para llegar a esa mesa los sectores confrontados deben conversar y organizar una agenda. “Es como cuando una persona busca enamorar a otra: lo primero que hace es buscar puntos de encuentro”.

¿Qué parece imposible lograrlo? A lo mejor no lo es tanto. “Vamos a tratar de buscar los puntos que tenemos en común, porque la resolución de conflictos consiste en hacer el máximo esfuerzo en los mínimos puntos de coincidencia”, precisa.

¿Cuáles son los puntos de coincidencia? La agenda social. Abrir los canales de ayuda humanitaria es una necesidad, y eso va favorecer al pueblo de Venezuela. Ha llegado el momento de que aparezcan nuevos líderes que hablen, responsablemente, al país.

¿Quién negocia por el bloque antigobierno, descuartizado por las peleas internas? “La oposición no lo tiene fácil. Acabamos de salir de un proceso electoral; no puedo asumir que los que participaron son los voceros de la oposición, pero tampoco que los abstencionistas lo son”, puntualiza.

La AN, instancia que goza “de legitimidad de origen” conquistada con votos, puede ser la interlocutora “en la primera fase de diagnóstico y acercamiento”, aunque con el respaldo de la comunidad internacional.

Todos los que hablan de transición toman el 10 de enero como referencia, acota Sánchez. “Indudablemente que el 10 de enero va a marcar un hito histórico, incluso en la forma de hacer política, pero hay que tener mucho cuidado con crear falsas expectativas”, recomienda.

¿No lo ve como una fecha de transición? No lo veo como una fecha de transición, pero sí va a marcar un hito histórico.

¿En qué sentido? En el sentido de que un sector de la oposición, convencido del desconocimiento internacional, va a intentar de decir que hay que nombrar un presidente o una junta de gobierno que asuma la transición. Pero sí estoy seguro de que, de eso ocurrir, solo nos va a dejar más persecución política.

CARLOS VALERO: TRANSICIÓN HACIA MAYOR AUTORITARISMO

Dedicado a atender los problemas de los migrantes venezolanos en las islas del Caribe, el diputado Carlos Valero (Un Nuevo Tiempo) asevera que hay una transición “hacia mayor autoritarismo, hacia mayor crisis institucional”. Es “una transición hacia algo mucho peor”.

A partir del 10 de enero “vamos a tener un gobierno usurpador del poder”, lo que lleva a una dimensión del conflicto político “mucho más grave, mucho más compleja”.

Valero anticipa que el mandatario nacional y su equipo “van a acrecentar la persecución política, las violaciones de derechos humanos, la persecución contra los parlamentarios”.

Pero “en ese juego de mantener el poder a toda costa” no necesariamente el Gobierno lleva las de ganar, y así lo muestran las encuestas. “Que Maduro se intente sostener en el poder sobre la base de la ruina total del país hasta ahora le ha funcionado, pero yo no le arriendo mucha ganancia”, refuta.

El jefe del Estado no podrá sostenerse así indefinidamente, analiza, por lo que vendrá “un gran despertar de la sociedad venezolana, que no se la cala”, aunado a las presiones de la comunidad internacional. Todo esto, al mismo tiempo, debe llevar a la democratización del país.

Estos son los escenarios que asoman Daniel Santolo, Aníbal Sánchez y Carlos Valero para un 10 de enero que se construye desde hoy. Por lo pronto, Maduro no solo ratificó que ese día se juramentará para un segundo periodo presidencial, sino que retó a los países que lo rechazan a que saquen a sus embajadores de Venezuela.

Fuente: puntodecorte

El ex Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, durante su mandato se enfrentó en el senado parisino con políticos de izquierda en muchas oportunidades, a continuación una de ellas luego de una votación que le fue favorable: -"Hoy hemos derrotado la frivolidad y la hipocresía de los intelectuales progresistas. De esos que el pensamiento único es el del que todo lo sabe, y que condena la política mientras la practica. Desde hoy no permitiremos mercantilizar un mundo en el que no quede lugar para la cultura: Desde 1968 no se podía hablar de moral. Nos impusieron el relativismo: la idea de que todo es igual, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo, que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos estudiantes.

Nos hicieron creer que la víctima cuenta menos que el delincuente. Que la autoridad estaba muerta, que las buenas maneras habían terminado, que no había nada sagrado, nada admirable. El slogan era VIVIR SIN OBLIGACIONES Y GOZAR SIN TRABAS...

Quisieron terminar con la escuela de excelencia y del civismo. Asesinaron los escrúpulos y la ética. Una izquierda hipócrita que permitía indemnizaciones millonarias a los grandes directivos y el triunfo del depredador sobre el emprendedor. Esa izquierda está en la política, en los medios de comunicación, en la economía. Le ha tomado el gusto al poder. La crisis de la cultura del trabajo es una crisis moral. Hay que rehabilitar la cultura del trabajo.

Dejaron sin poder a las fuerzas del orden y crearon una frase: se ha abierto una fosa entre la policía y la juventud: los vándalos son buenos y la policía es mala. Como si la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente inocente. Defienden los servicios públicos pero jamás usan transporte colectivo. Aman mucho a la escuela pública pero mandan a sus hijos a colegios privados. Adoran la periferia pero jamás viven en ella. Firman peticiones cuando se expulsa a algún invasor, pero no aceptan que se instalen en su casa.

Son esos que han renunciado al mérito y al esfuerzo y que atizan el odio a la familia, a la sociedad y a la república.

Hoy debemos volver a los antiguos valores del respeto, de la educación, de la cultura y de las obligaciones antes que los derechos. Estos se ganan haciendo valer y respetar los anteriores.

Entre la brutalidad, la tortura y la persecución vivimos todos los que hoy se oponen a este régimen mal llamado revolución bolivariana.

Basta con autodenominarte opositor para padecer la persecución obligatoria de un gobierno que no tiene ni el más mínimo respeto por sus adversarios políticos, simplemente por tener diferencias de pensamiento y criterios propios de seres humanos distintos.

La persecución se hace insostenible cuando llega hasta la puerta de tu trabajo, obligándote a votar por el candidato que ellos decidan porque de lo contrario eres blanco de un despido injustificado, cuando te obligan a poseer un distintivo gubernamental para poder gozar de ciertos beneficios que te corresponde por el simple hecho de ser venezolano, cuando para poder comprar un producto de la cesta básica necesitas estampar tu huella de identidad, cuando para solicitar algún trabajo sales reflejado en una lista por haber firmado en contra de su política; pero mucho más cuando queriendo ejercer tus derechos constitucionales, eres sujeto a la brutalidad de las fuerzas gubernamentales, encarcelándote bajo el concepto que eres culpable y te someten hasta la tortura por el simple hecho de luchar por un bien común, donde más temprano que tarde, ellos también saldrán favorecidos.

No hace falta investigar mucho para saber que cuando se violan los derechos hay más de un culpable. Es tan culpable aquel que obedeciendo órdenes comete delitos de lesa humanidad, como el que está en la obligación de garantizar el buen estado de salud física y mental del detenido, si quienes en condición de custodio comete torturas aberrantes, son tan culpables como los funcionarios de alto rango como Nicolás Maduro, Vladimir Padrino López y Néstor Reverol por no actuar para prevenir estos abusos.

El Artículo 43 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela habla claramente de la responsabilidad del Estado con los privados de libertad. Hasta ahora, cinco venezolanos han muertos en extrañas circunstancias en las inmediaciones del SEBIN: Juan Carlos Sánchez de 32 años, asesinado en el 2004 por razones políticas, específicamente por ser socio de Rolando Guevara vinculado en el asesinato del fiscal Danilo Anderson. Germán Delgado de 25 años, escolta de la periodista Patricia Poleo y ex guardaespalda del General Néstor González. Rodolfo González (El Aviador) de 63 años, murió presuntamente ahorcado en celda del Helicoide. Carlos Andrés García, Concejal de Guasdualito, falleció luego de haber sufrido un ACV mientras estuvo detenido en el SEBIN y en la que fue negada asistencia médica.

A Carlos García le fue otorgada la medida cautelar de casa por cárcel dos días antes de su muerte, una medida considerada como un destiempo por sus familiares, quienes afirmaron que la medida la realizaron para evitar que se les responsabilizara por su inminente muerte. Y ahora Fernando Albán, concejal de Caracas de la Unidad, “falleció” este lunes 08 de octubre, tras haberse “lanzado” del décimo piso de la sede del SEBIN, ubicado en Plaza Venezuela, según información del Fiscal General de la República, Tarek William Saab.

Albán, fue detenido por efectivos del SEBIN el pasado 5 de octubre, por su presunta participación en el ataque con drones el pasado mes de agosto contra el presidente Nicolás Maduro. Tras la contradicción en las declaraciones de Saab y Néstor Reverol quien aseguró que Albán, iba a ser trasladado al tribunal, encontrándose en la sala de espera del Sebin, “se lanzó” por una ventana de las instalaciones cayendo al vacío, ocasionándole la muerte, deja en tela de juicio la claridad de los hechos. Todos muertos en extrañas circunstancias y con alteraciones en las versiones suministradas por propios los voceros del gobierno. Suponiendo la veracidad de la información suministrada por estos, que indican que los privados de libertad atentaron contra su vida, la pregunta es: ¿Qué pasa en el SEBIN que los detenidos deciden suicidarse? ¿A qué tipo torturas son sometidos que con tan poco tiempo detenidos pierden la lucidez y son capaces de atentar contra su vida? ¿Qué pasa en esas mazmorras que los detenidos prefieren morir por su mano que por las manos de sus custodios?; quienes deberían velar por la integridad de cada uno de los detenidos que ahí permanecen y los llevan de la tumba a la Tumba.

En mi opinión personal como es la opinión de la mayoría de los venezolanos, suicidio en custodia es homicidio.

Hoy, a tan sólo unas horas de que el pueblo andaluz haya dicho ¡BASTA YA! a 40 años de Régimen Monocolor, cuando las trituradoras de papel están echando chispas en todos los despachos de la Administración andaluza y cuando Pablo Iglesias anda en Madrid, estupefacto, preguntándose qué coño habrá pasado aquí para que el avance fascista haya sido tan rotundo, yo le voy a dar unas claves para que reflexione.

Mire usted, señor Iglesias. Vivo a temporadas en un pueblecito de Málaga que se llama SEDELLA. Son pocos habitantes en Sedella, pero magníficas personas. Tendría usted que conocer el pueblo. Por sus gentes, por su gastronomía y por sus vistas a la Tejea. Yo le invito a mi casa. También a Irene.

Sedella tiene un alcalde de Izquierda Unida porque 6 de sus 7 concejales son de Izquierda Unida. Y la gente quiere a su alcalde porque da trabajo y porque se preocupa por el pueblo.

Ningún concejal de Vox hay por allí que pueda molestarle a usted, señor Iglesias. Nadie de Ciudadanos. Nadie del PP. Nadie de derechas que deba quitarle el sueño. Son unos rojos mis paisanos de Sedella. Unos rojos irredentos. Unos rojos de cojones.

Pero mire usted por dónde hace unas horas, como por ensalmo, se me han vuelto fascistas mis paisanos, o medio fascistas. 109 votos han ido al Partido Socialista y a Podemos, y otros 105 se han marchado a VOX, al PP y a Ciudadanos. ¿No le asombra eso, señor Iglesias? ¿No le dice nada que un pueblo de rojos se haya convertido en facha de la noche a la mañana? ¿Sigue pensando usted que hay que “salir a la calle para combatir el fascismo”? ¿Cree necesaria una marcha con el lema “No Pasarán? ¿No se da cuenta, señor Iglesias, de que ese supuesto fascismo ha nacido de las propias filas de usted y del Partido Socialista, de sus propios errores, de sus propias contradicciones, y de tanto tocarnos los cojones al conjunto de la sociedad?

Mire usted, señor Iglesias:

Cuando usted dice que no puede pronunciar la palabra España porque le duele la boca, nace un fascista.

Cuando usted grita ¡Visca Cataluña Libre y Soberana!, nace un fascista.

Cuando usted se va a una cárcel a negociar los presupuestos nacionales con unos investigados por sedición, nace un fascista.

Cuando usted predica pobreza y sobriedad pero se compra un chalé, nace un fascista.

Cuando una parlamentaria de Podemos retira la bandera española del Parlament Catalán, nace un fascista.

Cuando Ada Colau dice que ha votado Sí a la Independencia Catalana en un referéndum ilegal, nace un fascista.

Cuando usted y los suyos hacen parabienes de Chaves y Maduro, nace un fascista.

Cuando Pedro Sánchez y usted se reparten, como cromos, los puestos directivos de Radiotelevisión Española, nace un fascista.

Cuando usted se lleva las manos a la cabeza porque un inmigrante ilegal murió de un infarto en Lavapiés, pero no se las lleva cuando asaltan en grupo la valla de Melilla, nace un fascista.

Cuando le tiran excrementos a nuestra policía de frontera y usted no dice nada, nace un fascista.

Cuando a Pedro Sánchez lo encumbran a la Presidencia del Gobierno los votos de usted, y los de Bildu, y los de Gabriel Rufián, nace un fascista.

Cuando escupen los independentistas a Borrell, y usted se calla, nace un fascista.

Cuando Susana Díaz dice que la huelga de los médicos catalanes le parece justa y necesaria, pero que la de los médicos andaluces es cosa de personas de derechas, nace un fascista.

Cuando un andaluz tiene que esperar 10 meses una colonoscopia y luego, tras hacérsela, resulta que tiene un cáncer de intestino, nace un fascista.

Cuando un andaluz va a la farmacia y hay desabastecimiento, nace un fascista.

Cuando a un maestro andaluz le pegan, o le insultan, y la izquierda no dice nada, nace un fascista.

Cuando a una auxiliar de enfermería andaluza le arrojan una escupidera de orines a la cabeza, y la izquierda no dice nada, nace un fascista.

Cuando en las aulas se les obliga a los niños a estudiar temarios tendenciosos, nace un fascista.

Cuando Susana Díaz dice que la Gürtel estuvo mal pero que los ERE fueron una tontería, nace un fascista.

Cuando un puñado de altos cargos socialistas se va de putas con el dinero de los andaluces, nace un fascista.

Cuando Pedro Sánchez dice ayer que lo ocurrido en Cataluña es una rebelión, y dice hoy que sólo es una sedición, nace un fascista.

Cuando Willy Toledo se caga en Dios y la izquierda progresista le ríe la gracia, nace un fascista.

Cuando un cómico se suena los mocos en la bandera española y la izquierda progresista lo defiende, nace un fascista.

Cuando Ada Colau, sin despeinarse, dice que un almirante español del siglo XIX era un fascista, nace un fascista.

Cuando Podemos de Zaragoza organiza unas Jornadas Antifascistas e invita como ponente a una exterrorista de Terra Lliure que asesinó a nueve personas, nace un fascista.

Pues eso, señor Iglesias. Ya no le canso más.

Busque usted a los fascistas en las propias sedes de Podemos. Y que Susana Díaz y Pedro Sánchez los busquen en las sedes del Partido Socialista. Pues quien siembra vientos, recoge tempestades. Y se cría lo que se come. Y algunas junteras no son buenas. Y todos los fascismos tienen, o han tenido, un motor desencadenante.

El fascismo de Mussolini nació por la depresión económica y el paro de los años treinta. El de Hitler, por la depresión económica europea y la humillación de Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Y el fascismo de ahora, ese que todos tememos, ese que nadie queremos, ese que vemos esparcirse como una mancha de aceite por Europa, hunde sus raíces en la falta de luces de la socialdemocracia europea y en trepas como usted, señor Iglesias, a quienes lo único que les interesa, para lo único que han venido a la política española, es para cargarse la Constitución de 1978 y para ponernos como ejemplos a seguir otros paraísos caribeños. Bueno, y para comprarse un casoplón.

Así que, señor Iglesias, ahórrenos ahora llantos y lamentos en las calles. Ahórrenos barricadas y carreras policiales. La movilización ha de hacerse antes de ir a las urnas, no después, cuando no gusta el resultado. Eso, al menos, es lo que dicen los verdaderos demócratas.

Deje tranquila a Andalucía por cuatro años, y veamos todos, al menos por una vez, qué saben hacer, por estas maltratadas tierras, Ciudadanos y el PP.

Y si dentro de cuatro años no nos gusta lo que hacen, si montan otro cortijo de otro color o si la gente sigue esperando diez meses para una colonoscopia, haremos como hemos hecho ahora con el cortijo de Susana: mandarlo a hacer puñetas, y a otra cosa, mariposa.

Pues eso, precisamente, es lo que me encanta de la democracia: que nunca damos los votos. Tan sólo los prestamos.

Nicolás Maduro, pronto recibirá malas noticias: más de 40 países se aprestan a cortar relaciones diplomáticas o reducir sus lazos con Venezuela a partir del 10 de enero, cuando está previsto que el mandatario comience un nuevo mandato de seis años.

El presidente colombiano Iván Duque dijo hace pocos días al diario El Tiempo que, tras la decisión de su país de no reconocer los resultados de las fraudulentas elecciones del 20 de mayo en Venezuela, “no vamos a hacer la pantomima de seguir manteniendo relaciones diplomáticas” con Venezuela después del 10 de enero.

De manera similar, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, me dijo en una entrevista reciente que, dado que la mayoría de los 14 países latinoamericanos que conforman el llamado Grupo de Lima no reconocieron los resultados de las elecciones del 20 de mayo en Venezuela, “no reconocemos al presidente que surge de esa elección, y por tanto no vamos a reconocer a Maduro como presidente de Venezuela “.

Según me dicen líderes opositores venezolanos, se espera que al menos 46 países —entre ellos la mayoría de los miembros del Grupo de Lima y los 28 miembros de la Unión Europea— corten o reduzcan drásticamente sus relaciones diplomáticas con Venezuela.

Simultáneamente, Colombia y otros cuatro países sudamericanos están presionando a los países europeos para que se unan a su petición conjunta sin precedentes ante la Corte Penal Internacional para iniciar una investigación a Maduro por presuntos crímenes de lesa humanidad.

Pero la gran pregunta es si habrá consecuencias prácticas de una decisión formal de muchos países de cortar relaciones diplomáticas con Venezuela. Incluso Colombia y Chile dicen que, aunque anunciarán formalmente la ruptura de sus relaciones diplomáticas con Venezuela, mantendrán consulados y otras misiones diplomáticas en ese país.

“Será una ruptura sui generis, porque mantendremos una representación allí”, me dijo un diplomático latinoamericano de alto rango esta semana. “Puede que por ahora sea solo un gesto simbólico, pero podría llevar a medidas más fuertes en el futuro”.

Por ejemplo, una decisión oficial de muchos países de desconocer a Maduro como presidente legítimo podría sentar las bases legales para que más tarde reconozcan un “gobierno legítimo” paralelo liderado por la oposición.

Algunos líderes del exilio venezolano están pidiendo a Estados Unidos y otros países para que simultáneamente corten relaciones diplomáticas con Maduro y reconozcan a un gobierno provisional independiente liderado por el presidente de la Asamblea Nacional.

Su argumento es que si Maduro y su vicepresidente ya no serían considerados líderes legítimos una vez que finalice su mandato actual, habría un vacío de poder. Por lo tanto, el próximo en la línea de sucesión sería el presidente de la Asamblea Nacional, controlada por la oposición.

La Asamblea Nacional de Venezuela fue elegida democráticamente en 2015 y es la última institución democrática que queda en Venezuela. Maduro la ha despojado de casi todos sus poderes, pero la comunidad internacional podría reconocer al presidente de la Asamblea Nacional como el líder legítimo de Venezuela hasta tanto se convoquen nuevas elecciones, dicen los partidarios de ese plan.

“Lo más importante no es que los países dejen de reconocer a Maduro como presidente legítimo, sino que reconozcan a un gobierno legítimo liderado por la oposición”, me dijo un líder opositor.

Por ahora, es poco probable que eso ocurra. ¿Cómo justificaríamos tener relaciones diplomáticas con Cuba, que no ha tenido una elección libre en más de cinco décadas, y al mismo tiempo romper relaciones con Venezuela por una elección fraudulenta este año?, preguntan los diplomáticos latinoamericanos.

Además, algunos diplomáticos señalan que, a diferencia del año pasado, cuando más de 150 personas murieron en las protestas callejeras de Venezuela, hoy en día no existe una sensación de urgencia en la comunidad diplomática para tomar medidas extremas en Venezuela.

Mi opinión: por ahora, la decisión de muchos países de desconocer a Maduro como un presidente legítimo será un anuncio mayormente simbólico.

Pero si la oposición sale a las calles en enero a protestar por la inauguración de Maduro y la crisis humanitaria del país, como lo están planeando algunos partidos opositores, las cosas podrían cambiar. Habría una base legal para el paso siguiente: el reconocimiento internacional de un gobierno provisional de oposición.

Hijo único de una humilde costurera soltera de origen palestino, a los 20 años se convirtió en activista por los Derechos Humanos en su país, Venezuela. El chavismo lo encarceló y torturó cuatro años, hasta que el pasado 12 de octubre aceptó trasladarlo a España. En 2017 fue distinguido con el Premio Sajarov. Esta es la primera entrevista que concede a un periódico ya como un hombre libre, publica El Mundo.

Pregunta.- Ha estado cuatro años preso en Venezuela. Más de la mitad, en un lugar siniestramente llamado La Tumba. ¿Qué es La Tumba?

Respuesta.- La Tumba es un centro de tortura. Está ubicado cinco pisos bajo tierra, en un edificio del centro de Caracas llamado Plaza Venezuela, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional. Es un laboratorio creado para la aplicación de un tipo muy particular de torturas. Un lugar sofisticado, moderno.

P.- ¿Moderno?

R.- Muy moderno. La gente no lo sabe. Sólo ha visto imágenes de El Helicoide, el otro gran centro de tortura del régimen chavista.

P.- Un lugar sórdido.

R.- El Helicoide es lo criollo, el garrote, la costilla rota, el bate. Es la secuela de la decadencia de lo que una vez fue la cuarta República venezolana. El edificio es viejo y su interior es sórdido, sí. Plaza Venezuela es distinto. La institución es la misma, pero la estética y los métodos son diferentes. La Tumba es la tecnología y la tortura psicológica. Todo brilla. Todo es limpio y blanco. El silencio es absoluto; la soledad es completa. Parece un manicomio futurista. El Helicoide es el hacinamiento, el mal olor, las cucarachas y las ratas. La Tumba son los espejos, las cámaras, las paredes blancas. Se huele perfectamente el tufo extranjero.

P.- ¿Cubano?

R.- Ruso-cubano. No es Venezuela. El venezolano rompe costillas. No te saca la sangre antes de un interrogatorio para debilitarte. No te expone a la tortura blanca.

P.- ¿Qué es la tortura blanca?

Lorent Saleh hace una larga pausa mientras mira de reojo hacia su madre, que está sentada a unos metros, junto a la ventana. Espera que ella abandone la habitación. Luego se sienta en una silla, con las manos cogidas a la espalda.

R.- ¿Diría usted que estoy siendo torturado?

P.- No…

R.- A mí me tomaron una foto así. Cualquiera hubiera dicho: “No está tan mal Lorent”. ¿Pero qué pasa a las 12 horas de estar en esta posición, con las manos esposadas y una intensa luz blanca en la cara? ¿Y a las 24? ¿Y a la semana? Extenuado. Destruido. Haciéndome todo encima. Los mecanismos de protección y garantías de los derechos humanos han evolucionado en los últimos 70 años, pero menos que los métodos de tortura.

Lorent se pone de pie. Levanta un brazo a la altura del hombro y lo coloca sobre una estantería, como si lo tuviera atado.

R.- Esposado así. Soportando chorros de agua sobre el cuerpo cada hora. La luz blanca, siempre blanca… Luego la corriente eléctrica… Los golpes. Te rodean las muñecas de tirro -papel periódico con cinta adhesiva- para que las esposas no dejen marca. Lo mismo en la cabeza. Y esto en mi caso. Se cuidaban de no dejar huella. Buscaban métodos alternativos a la violencia a palos, porque no les convenía. A otros presos directamente les rompían las costillas y los dejaban morir.

P.- Lo trasladaron a La Tumba desde Colombia. El ex presidente Santos afirmó en una entrevista a El Mundo que la suya había sido una extradición legal.

R.- Juan Manuel Santos, Nobel de la Paz, me secuestró y me entregó en un pacto con Maduro.

P.- ¿Por qué?

R.- Primero, porque yo llevaba tiempo denunciando su complicidad con la dictadura. El proyecto personal de Santos -el acuerdo con las FARC y el premio Nobel- chocaba con la causa de la democracia en Venezuela. Santos necesitaba complacer a Maduro, que además lo tenía bajo chantaje a través de la guerrilla. Las FARC, el ELN y los grupos narcoterroristas con los que Santos buscaba un acuerdo forman parte del régimen venezolano. Maduro tenía la capacidad de tumbar el proceso de paz. En segundo lugar, yo llevaba tiempo trabajando en Colombia sobre un asunto incómodo para Santos en ese momento: la ocultación de víctimas de las FARC. Durante el proceso de paz, nadie hablaba de los asesinados, los secuestrados, los desaparecidos. Mi ONG, sí. Las dos cosas se sumaron y Santos me entregó. No fue una extradición ni una deportación. Nunca hubo orden de captura de un tribunal venezolano ni una solicitud de Interpol. Nunca me presentaron ante un tribunal en Colombia. Nunca compareció un fiscal. No me permitieron defenderme. Santos me secuestró y me entregó a sabiendas de lo que me pasaría.

P.- Lo llevaron a La Tumba.

R.- Cuando llegué me desnudaron. Me fotografiaron. Me raparon. Me pusieron un traje color caqui. Y empezamos a cruzar puertas. Gruesas. Blindadas. Hasta llegar a una sala cubierta de espejos y cámaras. Todo estaba limpio, impoluto. Sentí el poder. Absoluto. Totalitario. Atravesamos dos pasillos estrechos. Puertas y más puertas. De pronto oí un rugido, como de una turbina. La descompresión. Y luego otra puerta. La abrieron. Y entramos. Parecía el cuarto de refrigeración de un matadero. Había sólo siete calabozos. Todos vacíos. Me metieron en uno y cerraron las rejas. Miré a mi alrededor. La celda era pequeña, de dos metros por tres. Había una cámara en el techo, que seguía todos mis movimientos. Un timbre. Un colchón sobre una lámina de cemento. Y dos potes, uno para beber agua y otro para orinar. Y pensé: Uhhhhh…

P.- Uh…

R.- La sensación de haber sido aplastado por el Estado en su mayor expresión de violencia y terror. Literal y figuradamente. Escuché el ruido del Metro sobre mi cabeza. Pensé en toda esa gente, esos viajeros más o menos despreocupados. Me dije a mí mismo: “Ninguno de ellos sabe que yo estoy aquí, debajo, enterrado en un sarcófago blanco”. Y también: “Jamás saldré vivo de este agujero”. En un lugar así, ni siquiera hace falta que te pongan un dedo encima. Tú deseas que te golpeen.

P.- ¿Deseaba que le golpearan?

R.- Espere. Necesito terminar la descripción. El frío. Glacial. Lo utilizan para encogerte. Para que no puedas moverte. Para reducirte a una lámina de piel. Para jibarizarte. Para que sepas que el individuo, tú, no vales nada. Por más que te hayas preparado para algo así, y los activistas venezolanos en Derechos Humanos estamos preparados, te hundes. Yo empecé a llorar.

P.- ¿Cómo sobrevive un hombre en esas condiciones dos años?

Lorent Saleh levanta una pierna y golpea el zapato contra el suelo, dos, tres, cuatro veces.

R.- Esto es lo que hacen: pisarte, pisarte, pisarte. Pero no matarte. Eso es lo peor. No te matan. Te dejan ahí para poder levantar el zapato y mirarte y reírse. ¿Me explico?

P.- Sí, por eso con más motivo le pregunto: ¿cómo sobrevivió?

R.- Mi madre dice que me robaron cuatro años de vida. Yo creo que no. Ni me los robaron ni los perdí. El tiempo no se detuvo. Yo entré en la cárcel con 26 años y salí con 30. Lo que aprendí no me lo quita nadie.

P.- ¿Qué aprendió?

R.- El poder de la contemplación. El valor de lo esencial que parece invisible. Los periodistas y los políticos quisieran que yo hablara de otras cosas. Pero para mí esto es lo fundamental. ¿Cuánto vale el color verde? ¿Y el azul? Yo estuve en un sarcófago blanco, como un ciego, meses y meses. ¿Y cuánto vale la conciencia del tiempo? No es que yo no supiera si era de día o de noche. Es que no sabía si había dormido una hora o diez. ¿Y qué valor tiene un espejo? Cuando no te ves la cara durante mucho tiempo te olvidas de cómo eres. La primera vez que me vi en un espejo tuve un ‘shock’. Me palpé, susurré… “Éste soy yo”. El cielo no es cualquier cosa. El sol, la luna, la lluvia, las estrellas… tampoco. Unos zapatos. Una silla. Yo peleé tanto, como un loco, para conseguir cosas que a cualquiera le parecerían irrelevantes. Hice una huelga de hambre de 18 días para que me dieran un reloj. La Defensora ¡del Pueblo! me decía: “¿Dónde está escrito que un reloj es un derecho humano? ¿Dónde dice que debamos dejarle una mesita?”.

P.- Algunas cosas consiguió.

R.- Sí, aunque luego me las quitaban. Me gusta leer y escribir. Octavio Paz y Borges son mis autores favoritos. Recuerdo cuando por fin me dieron un lápiz. Gastado. Como un tapón. Y una hojita. ¡No quería que se acabara nunca! Escribía con letra diminuta. La giraba. Buscaba rinconcitos blancos donde seguir escribiendo. El valor de las cosas… Fui sometido a una técnica de aislamiento celular. Su objetivo es anular, uno a uno, todos los sentidos del preso, hasta que ya no sabe si está vivo o muerto. ¿Y sabe usted cuál es la única forma de averiguarlo? El dolor. Por eso quieres que te golpeen. Y por eso te golpeas a ti mismo. Contra el suelo. Contra los barrotes. Contra lo que sea. Buscando la sangre. Porque solo la sangre y el dolor te reafirman en que sigues existiendo.

P.- Usted intentó suicidarse.

Lorent Saleh se arremanga la camisa y estira el brazo izquierdo. Dos gruesas cicatrices cruzan sus venas.

R.- Lo intenté cuatro veces. Pero ahí entró en juego algo distinto. Llevaba más de un año en La Tumba. Sabía que el régimen no iba a soltarme y que yo no iba a ceder. Y tomé una decisión: mis carceleros ya no dormirían tranquilos; no verían relajadamente la televisión mientras yo estuviera ahí. Y así lo anuncié: “Yo estoy dispuesto a matarme. Y si me mato ustedes van a ir presos. Y a sus jefes les dará igual. Los sacrificarán como insectos”. No era un: “¡Oh, ah, quiero morirme!”. Al contrario. Era mi último recurso. Como una huelga de hambre, pero más fuerte. Porque ellos debían saber que iba en serio. Mis intentos de suicidio fueron una forma de desafío a la dictadura.

P.- Se cortó las venas.

R.- La primera vez intenté guindarme.

P.- ¿Guindarse?

R.- Sí, colgarme. Con una sábana. Pero me vieron a través de la cámara. Entonces tuve que diseñar otra estrategia. Al baño siempre debía ir acompañado de un funcionario. Cuando por fin permitieron que me afeitara empecé a simular el mayor sometimiento. Para que cogieran confianza conmigo y bajaran mínimamente la vigilancia. Y así me fui llevando a mi celda trocitos de cuchilla de afeitar. Hasta que un día, de madrugada… A partir de entonces, un funcionario tuvo que dormir en mi celda cada noche. Con un ojo medio abierto, aterrado. Una noche intenté colgarme de las rejas. Mi carcelero se despertó y se abalanzó sobre mí para salvarme ¡y salvarse! Otro día, volviendo del baño, le cerré la puerta en la cara. Le dije: “Estoy cansado. Se acabó”. Y me volví a rajar. A los dictadores hay que desafiarlos. Para que sepan que no son dioses. Que también pueden sangrar y llorar y sufrir. Y que sus abusos tienen un coste, no sólo para los demás. Ésa es la verdadera resistencia: el desafío.

P.- ¿En su caso, cuál era el objetivo concreto de las torturas?

R.- Que denunciara a Antonio Ledezma, María Corina Machado, Leopoldo López o Álvaro Uribe. Con Uribe tenían una obsesión. Y yo era la pieza que les faltaba en su delirante narrativa: Colombia, los paramilitares, la oposición venezolana, los gringos. Algo parecido le ocurrió a Joshua Holt, un mormón americano con el que coincidí en El Helicoide. Lo detuvieron simplemente por ser catire -rubio- de ojos azules. El enemigo yanqui… Reforzaba su relato.

P.- Después de dos años y medio en La Tumba, fue trasladado al Helicoide.

R.- El cambio fue difícil. Yo estaba acostumbrado al silencio y a la soledad. El Helicoide era ruido, mugre, hacinamiento, depravación. Presos políticos y opositores se mezclaban con presuntos corruptos y 200 presos comunes. Me enfermé.

P.- ¿Cómo es El Helicoide?

R.- El Helicoide es la pura expresión del Estado mafioso. Ahí reina la extorsión, sobre todo económica. A niveles que nadie es capaz de imaginar. Hay presos que han llegado a pagar 200.000 dólares a cambio de una celda un poco mejor. Sus familias se han endeudado, y sus hijos y sus nietos. Y luego están los corruptos, reales y presuntos. El SEBIN sabe que Fulano tiene dinero. Le montan un expediente simulando un hecho punible, igual que a los presos políticos. Lo secuestran. Lo encierran. Lo torturan. La familia de Fulano no tiene adónde denunciar, claro, porque es la propia policía la que lo tiene secuestrado. Y entonces le dicen: “Venga, Fulano, paga tanto”. Y Fulano paga.

P.- Y ellos lo llaman “lucha contra la corrupción”.

R.- Es la peor corrupción. Y es endémica. Para el Gobierno tiene dos ventajas. En plena ruina económica, le permite pagar a los funcionarios esbirros. Y al mismo tiempo garantiza que le serán férreamente leales. Si cualquiera de estos funcionarios decidiese un día hacer lo correcto, bastaría recordarle su historial para que volviera volando al redil criminal. Así funciona el sistema de terror en Venezuela. Y por eso yo no podía demostrar la más mínima debilidad.

P.- ¿Otros sí lo hicieron?

R.- Yo he visto a hombres arrodillarse para que les golpearan. Y lo peor -lo más terrible y estremecedor-, he visto a hombres no hacer nada frente al sufrimiento de otros hombres. He visto presos colgados tres días de una reja. Crucificados. Y a otros presos pasar a su lado, como si nada. He visto a reclusos prestarse para maltratar a otros reclusos, creyendo que así evitarían ellos ser maltratados. Y eso no sucedía, claro. También era maltratados. Y más todavía. Porque nadie, ni sus carceleros ni sus compañeros, confiaba ya en ellos. Es tan enfermo, tan trágico: ver al ser humano en su estado más elemental y miserable. Como el judío que lleva a otro judío al horno. Eso ha conseguido el chavismo, la deshumanización más abyecta.

P.- No sé qué decir.

R.- Déjeme que lo diga yo. Unos se acostumbran a golpear, someter, torturar. Pero lo peor es que otros se acostumbran a ser golpeados, sometidos, torturados. Es como el elefante bebé, al que atan de una cadenita con un clavo al suelo. Y el elefante crece y se hace inmenso, pero sigue ahí, encadenado. Porque no sabe que le sobra fuerza para romper la cadena con un solo movimiento. El ser humano es así. Es el animal más doméstico. En El Helicoide tratan a los presos peor que a los perros y la mayoría lo soporta.

P.- ¿Usted nunca se sometió?

R.- Sí. Una vez callé. Y fue el peor día de mi estancia en la cárcel. De mi vida. Una mañana desperté escuchando el llanto de un hombre rogando clemencia. Y luego un golpe seco. Y otro. Y al mismo tiempo la risa del torturador. Me fui hacia los barrotes de mi celda. Nadie decía nada. Sentí asco. Empecé a llamar al funcionario, temblando de miedo. Y el funcionario apareció. Con una naturalidad absoluta. Llevaba la gota de sudor en la frente. Jadeaba. Tenía una sonrisa en la cara. Me preguntó, amable: “¿Cómo estás, Lorent? ¿Qué necesitas?” Y me hundí. La gota, su respiración agitada de tanto golpear, y esa sonrisa… Era un funcionario al que yo había creído incapaz de hacer algo así, distinto a los demás. ¿Cómo podía ser tan cruel con otro hombre y tan amable conmigo? ¿Cómo digerir eso? No supe qué decirle. Regresé al fondo de mi celda, como un perro. Esa noche tuvieron que doparme. Había destruido el calabozo. Me había dado golpes contra las paredes. Lo había roto todo. Nunca más callé. Pero no me perdono haber callado ese día. Fue una traición. A ese hombre. A mí mismo. A mi causa.

P.- También aprendió.

R.- Muchas veces, para justificarse, los funcionarios decían: “Éstos a los que golpeamos son presos comunes, delincuentes”. Y aunque lo fueran, ¿qué? Como si el hecho de que una persona sea un criminal te diera a ti el derecho a dejar de ser humano. Ahora bien: ¿torturar es de humanos? Piénselo… Yo creía que no lo era. Pero quizá estaba equivocado. El hombre no es un buen salvaje. Rousseau se equivocó. El socialismo y el comunismo también, claro. Por cierto, ¿por qué el nazismo está prohibido y el comunismo, no? ¿Lo ha pensado alguna vez?

P.- Muchas veces… Usted protagonizó el motín de El Helicoide.

R.- Sí, sé que las imágenes tuvieron un impacto mundial. El motín se veía venir. Fue la acumulación de muchos factores: las extorsiones, las torturas, el secuestro de menores de edad… Muchachos de 16 años hacinados en una celda. Yo no lo podía soportar. Y El Helicoide explotó. Y se demostró lo que le comentaba hace un momento, con la metáfora del elefante. El ser humano tiene una fuerza impresionante, sólo que no lo sabe. Nosotros volamos todas las rejas de ese maldito lugar. Tomamos todas las cámaras de seguridad. Yo destrocé los tres candados de mi celda con mis propias manos. Los funcionarios vieron eso y huyeron. Ese día descubrieron que ellos también sangran, aunque no sufrieron un rasguño. Ese día se dieron cuenta de que ahí había hombres, no insectos. Lo mismo ocurre con la sociedad.

P.- Después del motín, tres grupos de presos fueron liberados. Usted no.

R.- Yo tuve que asumir el castigo del motín y fue sumamente duro. Vi cómo eran liberados todos mis compañeros, activistas y presos políticos. Dos personas que se despiden a través de las rejas, el calor humano dividido por el frío del acero. No es fácil, no. Cuando sueltas la mano y te quedas solo… Te agarras la cabeza, esperas el latigazo del huracán y al mismo tiempo piensas: ¿por qué él sí y yo no, cuando tengo más derecho, cuando llevo más tiempo? Y te sientes un miserable por pensarlo. Y llegas a la conclusión de que Dios no existe o que no le importa. Y entiendes que sólo hay una salida para soportar lo que viene: asesinar cualquier esperanza de salir en libertad.

P.- ¿Cómo lo hizo?

R.- Renunciando a todo. A lo más importante, incluso al amor a la familia. Yo soy liberal, de derechas y católico. Pero en esos momentos hubo dos cosas que me ayudaron especialmente. Estudié el budismo como forma de desprendimiento. Y empecé a leer los discursos de Pepe Mujica [el ex presidente de Uruguay]. Mandela es la referencia universal de cualquier preso, pero su tiempo y circunstancias me son ajenas. Mujica, en cambio, estuvo 13 años preso en una cárcel llamada precisamente La Tumba. Y leer sus textos era como leer mi mente. Sobre todo una frase suya, que hago mía: “Descubrí qué tan duro grita la hormiga”. Es decir, el valor de la contemplación. De la concentración en los detalles más ínfimos como forma de supervivencia.

P.- A usted lo liberaron pocos días después de la sospechosa muerte del concejal Fernando Albán, que cayó del décimo piso de Plaza Venezuela. ¿Cree usted que lo mataron?

R.- Sospecho que lo lanzaron ya muerto, aunque lo mismo daría si se hubiera tirado él. También sería una víctima directa de la dictadura. Yo estuve en ese mismo piso 10, junto a esa misma ventana, y conozco la desesperación que podría llevar a un hombre a saltar.

Fueron las palabras más emblemáticas del conocido y humilde boxeador venezolano campeón olímpico de los Juegos de 1968 Francisco "morochito" Rodríguez", en una extraordinaria entrevista realizada por El Nacional, donde exterioriza su inquietante situación al expresar: “Lo único que quiero es que me ayuden a arreglar mi ranchito en Cumaná y un carrito para viajar con mi familia”, dijo

Carlos Rubio González es catalogado una eminencia en España, con un Premio Extraordinario de la Licenciatura de Medicina, Doctor en Medicina y Cirugía, Especialista en Obstetricia y Ginecología y además, parte académico correspondiente de la Real Academia de Medicina Española, quien le dedicó unas palabras al expresidente Zapatero:

Don José Luis Rodríguez Zapatero: No puedo anteponer a tu nombre alguna de las palabras: querido, admirado, amigo, respetable, etc. No me salen del corazón y los adjetivos que te mereces, mi pluma no quiere escribirlos.

Soy un ciudadano de 77 años, jubilado, duramente curtido por la lucha cotidiana del ejercicio de mi profesión de gran responsabilidad. El milagro de la vida lo he visto casi a diario con la asistencia a mis parturientas. Soy padre de cuatro hijos maravillosos y abuelo de siete nietos que me hacen feliz todos los días. No quiero que un inoportuno infarto me impida darte mi más sincera enhorabuena por tu brillante trayectoria presidencial.

Aunque sea difícil has conseguido romper la unidad democrática de España tras la transición. De nuevo hay dos Españas, que como entonces, no se aman. Hemos vuelto al año 1.936 ¡Enhorabuena!

Has destruido los pilares fundamentales de una pacífica convivencia: la moral, la cultura, la educación y hasta la religión ¡Enhorabuena!

Has podido conseguir tu promesa electoral del pleno empleo con cinco millones de parados ¡Enhorabuena!
Te has encamado con los más honestos sindicalistas, defensores no de los trabajadores, sino de sus cuentas corrientes ¡Enhorabuena!

Te has atrevido con tu soberbia ofender al país más potente del mundo. Los norteamericanos, con Bush u Obama, aman profundamente a su país y a su bandera. Tu ignorancia y rencor no te permitieron levantarte de la silla al paso de ella ¡Enhorabuena!

Tu profundo convencimiento de los derechos humanos te permite hermanarte con los dictadores más abyectos del siglo XXI, como Chaves, Castro, etc. ¡Enhorabuena!

Apoyándote en la gran preparación científica de tu ministra Aido vas a conseguir que las mujeres de 16 años puedan abortar libremente ¡Enhorabuena! Ante un accidente grave quirúrgico, ¿a quién llamaríamos?, ¿a la ministra?, ¿a ti?, ¿o entonces sí, a sus padres?

Has apoyado y promulgado romper la unidad lingüística de España. Pienso que a un gran conocedor de idiomas, como eres tú, le da igual ¡Enhorabuena!

Podría seguir felicitándote profusamente por tus innumerables méritos en las distintas esferas de la vida política. Sólo tus continuadas mentiras hacen que las nauseas que me producen, me impidan continuar.

Enhorabuena Rodríguez Zapatero por todo, pero si te queda algo de conciencia por favor vete ya…a tu casa.

“No se metan con Cilia. No se metan con la familia. No sean cobardes” ha dicho el indocumentado este martes. Pero además se muestra agraviado porque la lista de sancionados incluye a la vice Delcy, lo que para él constituye una “ofensa a la mujer venezolana”.

En Venezuela la ofendida por el régimen es la madre que ve desintegrarse su familia producto de la crisis humanitaria creada y alentada por la desgracia de la revolución, esa madre que tiene que despedir al hijo para que en otras fronteras pueda sobrevivir. La más ofendida es la mujer venezolana que tiene que hacer largas colas para conseguir algo de comer para los hijos que aún se mantienen en el país. La humillada es la venezolana que tiene que dar a luz en la calle con todas las consecuencias que eso trae. La vejada es la hermana, abuela, tía o madre que tiene que enterrar al familiar asesinado por la guardia pretoriana de Maduro, cuando éste se manifestaba a favor de la libertad hoy arrebatada por quienes usurpan el poder.

Este horror es “la venganza personal” de la que sin pudor alguno habló Delcy . “La revolución es nuestra venganza por la muerte de nuestro padre”, es decir, estos personajes llenos de odio y resentimiento llegaron al poder para cobrarle a inocentes facturas que no nos corresponde pagar. Ahora Maduro se queja de lo sembrado por ellos.

El delito de Cilia no es ser la esposa de Maduro como lo afirmara… su delito es cohonestar el narcotráfico, terrorismo, la hambruna y el genocidio de todo un pueblo. Su delito es avalar desde el poder el robo al erario público y haber convertido a la Venezuela petrolera, en uno de los países más pobres del continente. Su delito ha sido el haber sido señalados como aprovechadores del poder para poner al servicio de intereses oscuros, las facilidades que da la influencia presidencial.

Este martes ha sido un buen día para los venezolanos que buscamos la libertad porque hemos sentido una mayor solidaridad del mundo. El rechazo de los demócratas del planeta a los tiranos ha sido abrumador. Hay una coincidencia gigantesca de la necesidad de salir de Maduro y su régimen quienes con su comportamiento, han agravado el sufrimiento de los venezolanos y ocasionado descontroles en el hemisferio al producir el más importante éxodo en la historia de América Latina.

Este martes, el presidente ecuatoriano Lenin Moreno hizo suya una frase de José Martí según la cual “cuando un pueblo emigra, sus gobernantes sobran”. Nada más que agregar.

Una revolución bolchevique —con matices tropicales— está en marcha cerca de nuestras costas. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, está usando toda su autoridad para diezmar lo poco que queda de la resistencia a su socialismo extremista. Tal como hizo el líder soviético Vladimir Lenin en octubre de 1917, en esta etapa de la revolución Maduro se propone librar una campaña final contra todos salvo sus aliados más radicales.

Recientemente, la mayoría de las noticias que salen de Venezuela cuentan la extraordinaria crisis económica del país. Algunos analistas tratan la crisis como un caso de influenza: algo que la nación contrajo sin culpa suya. Sin embargo, esta crisis o —más bien— su larga duración, no es un accidente. Se trata de un diseño revolucionario.

La devastación de los últimos cuatro años no puede ponerse en palabras. Al registrar la inflación más alta del mundo junto con una recesión que ha contraído la economía en casi el 50 por ciento desde 2013, Venezuela se ha convertido en el primer país en décadas en hacer una transición de nación de ingresos medios a una de ingresos mínimos —o casi inexistentes—.

Sin embargo, el aspecto más vergonzoso de la crisis es la indiferencia del gobierno. La principal respuesta gubernamental, bautizada como el “paquete rojo”, no incluye nada más que devaluar la moneda casi un 95 por ciento, redenominar los nuevos billetes al quitarles cinco ceros y vincular el nuevo bolívar soberano al petro, una criptomoneda no transable y que nadie utiliza. Estas medidas son una redecoración inútil. Hasta los economistas más indulgentes con el gobierno están poco impresionados.

Si acaso, el gobierno está empeorando la crisis al aumentar el precio de la gasolina a precios internacionales, restringir todavía más la importación de alimentos y medicinas, decretar más controles de precios y subir impuestos en medio de una recesión. Los gobiernos y las organizaciones internacionales ofrecen ayuda humanitaria, pero Maduro la rechaza. El gobierno se cruza de brazos mientras el hambre y las enfermedades se propagan.

Esta indiferencia sugiere una intencionalidad. Es fácil ver la causa. Un gobierno extremista como el de Maduro prefiere la devastación económica a la recuperación porque la miseria destruye a la sociedad civil y, con ella, toda posibilidad de resistir la tiranía.

Cuando las condiciones económicas se deterioran, los ciudadanos a menudo optan por la protesta. Pero cuando las condiciones económicas decaen a tal grado que hacen que las clases medias vivan con menos de dos dólares al mes (menos que en Haití) y diseminan condiciones cercanas a la hambruna, la mejor opción es arreglárselas como uno pueda o irse del país. Si a esta receta añadimos la represión, el resultado es un éxodo de al menos el 7 por ciento de la población, el más grande en el continente americano desde la década de los ochenta.

La privación económica, aunada a la represión, cambia los incentivos de la participación política por el exilio político. Esto es lo que Maduro ve con buenos ojos: la asfixia de la resistencia, tal como Lenin quiso. Es la razón por la que Maduro ha permitido que la crisis continúe por tanto tiempo.

Claro está que ningún acontecimiento es una réplica exacta de sus antecesores. La revolución de Maduro no es enteramente un bolchevismo revivido. Maduro no está tratando de derrocar a un gobierno existente, sino de consolidar un régimen viejo, anticuado y odiado. Maduro no lleva a cabo matanzas sistemáticas, aunque usa la represión sin remordimientos. Y lo más importante, los ciudadanos ordinarios o sóviets no se están levantando de la mano del Estado para impulsar más el extremismo.

El extremismo de Maduro es ejercido exclusivamente por el Estado. En ese sentido, toma como referencia otra campaña tropical también inspirada en el bolchevismo: la famosa Ofensiva Revolucionaria de Cuba en 1968. Esta fue una campaña de Fidel Castro, a nueve años de iniciado su gobierno, para nacionalizar lo poco que quedaba del sector privado. Castro confiscó 55.636 pequeñas empresas, incluyendo la mayoría de los proveedores de alimentos y granjas semiprivadas. Fidel quería acabar con las ganancias privadas y establecer un absoluto monopolio estatal sobre la distribución de los alimentos. La meta era hacer a los ciudadanos más dependientes del Estado.

Del mismo modo, Maduro está usando la miseria económica para extinguir lo poco que queda del sector privado en Venezuela y expandir el control estatal. Ya expandió el control estatal de la distribución de los alimentos al entregar “carnets de la patria”, que se reparten principalmente entre leales al régimen. Decretó un aumento del 3000 por ciento a los salarios mínimos, que resulta insuficiente para permitir a los trabajadores ajustarse a la hiperinflación, pero que es imposible de costear para los pequeños empleadores y empresarios, que ya están en apuros económicos debido a la recesión, los controles de precios, la falta de dólares y los continuos apagones. Desde que se anunció el paquete rojo, las autoridades han detenido a 131 personas acusadas de sabotaje, principalmente a gerentes de cadenas minoristas. Hoy, la industria privada de Venezuela opera al diez por ciento de la capacidad que tenía hace veinte años, cuando esta revolución comenzó. Hasta los restaurantes McDonald’s están cerrando.

No obstante, el modelo de Maduro tampoco es una réplica exacta de la Ofensiva de Fidel. Maduro todavía permite que algunos actores privados amasen riquezas, aun cuando lo hacen a través de actividades ilícitas o consiguiendo acceso al dólar barato que el gobierno siempre está dispuesto a ofrecer, legalmente, a sus compinches.

Además, existen elementos innatos que hacen que la revolución de Maduro sea más idiosincrásica que imitadora. Tal vez el elemento más idiosincrásico es el colapso del sector petrolero en manos del Estado. Las exportaciones de petróleo constituyen la única fuente de dólares de la revolución, aparte del endeudamiento. No obstante, la industria petrolera venezolana ha venido sufriendo un declive crónico en la productividad durante los últimos quince años. Con Maduro, dicho declive se aceleró. A pesar de la recuperación en el precio del petróleo a partir de 2016, la producción de Venezuela se ha estrellado y ha disminuido en más del 40 por ciento en dos años. La mayoría del resto de los productores importantes de petróleo han expandido su producción o permanecido estables.

Dejar que la única gallina de los huevos de oro de la revolución se derrumbara es una característica que lleva el sello de Maduro. No existe ningún antecedente histórico de una herida autoinfligida tan mortal como esta, ni en la Rusia soviética ni en la Cuba comunista ni en ningún petro-Estado en paz y abierto al comercio.

Es difícil argumentar que la negligencia de Maduro hacia su joya de la corona es intencional, debido a que su víctima más directa es él mismo. Esta negligencia sugiere que el gobierno de Maduro también es inepto.

Los analistas debaten si la debacle económica del país es resultado de la premeditación o la incompetencia. En muchos sentidos, este es un falso debate. Se debe a ambas cosas. El extremismo produce y necesita caos, y el caos a su vez aumenta las posibilidades de errores garrafales por parte del Estado.

Tan graves son los errores de Maduro en materia petrolera que le ha tocado a gente de su propio partido político tomar cartas en el asunto. La Asamblea Nacional Constituyente —electa ilegítimamente en 2017 y compuesta exclusivamente de maduristas— está considerando tomar medidas correctivas en el sector petrolero para permitir una mayor apertura petrolera. Pero mientras debaten, el ejecutivo sigue sin actuar para revertir el derrumbe petrolero.

En circunstancias normales, el caos económico socava a cualquier gobierno. Todavía puede poner en riesgo al régimen de Maduro en la medida que se propague el descontento, no ya entre los opositores, sino en las filas de su gobierno. Ya sabemos, por evidencia indirecta pero inequívoca, que el malestar dentro del gobierno crece: este año Maduro ha aumentado la represión hacia el ejército y a exfuncionarios gubernamentales.

Pese a estos riesgos, Maduro se ha inclinado por el caos y no por la recuperación, porque cuando el caos alcanza proporciones inhumanas, como ha sucedido en Venezuela desde 2015, es más probable que diezme a la oposición que al gobierno. Y si el gobierno aplica la represión con eficacia, en especial dentro de sus filas, tiene una posibilidad de sobrevivir mientras sus enemigos —dentro y fuera de la revolución— languidecen por miseria o huyen del país.

El caos, ya sea intencional o accidental, puede ser funcional para los Estados extremistas. Por tal motivo, no deberíamos contar con que el gobierno extremista de Maduro haga algo mínimamente prometedor para detener el descenso de Venezuela al infierno.

En una entrevista telefónica que el ABC de España realizó a Luisa Ortega Díaz quien fue destituida como fiscal general de Venezuela por Nicolás Maduro en julio de 2017, tras denunciar la ruptura del hilo constitucional y los excesos del régimen durante las protestas ciudadanas, revela que, desde el exilio ha llevado ante el Tribunal Supremo (TSJ) legítimo, en Bogotá, la acusación por corrupción del mandatario venezolano, que ha sido condenado a 18 años de prisión y agregó:

¿Qué capacidad hay para materializar la condena del TSJ en el exilio?

El reconocimiento de los Estados es al Tribunal legítimo. Las autoridades que están en Venezuela, excepto el parlamento, son ilegítimas. Por ello, es deber del TSJ en el exilio y los distintos gobiernos reconocer esa sentencia. Aplicando las decisiones del Tribunal, Maduro ya no es el presidente legítimo y está inhabilitado para el cargo. Igualmente, esta decisión debe de ser acogida por organismos multilaterales como Interpol, que tendrían que declarar una alerta roja contra Maduro.

¿Para qué ha servido hasta ahora?

La sentencia sirve para que, una vez derrotado el tirano de Venezuela, no haya que buscar elementos para procesarlo, puesto que ya hay condena firme. Además, visibiliza ante el mundo la trama de corrupción que compromete a Maduro. Hay pruebas fehacientes de su compromiso con Odebrecht en hechos de corrupción probados en detrimento del patrimonio del Estado.

¿Cuáles son los siguientes pasos que debe de dar el Tribunal?

Tiene que oficiar o personarse en los distintos espacios a nivel global para que la sentencia se cumpla. Ir, por ejemplo, a Interpol y enviar copia certificada de la sentencia a distintos países.

¿Ha gozado Maduro de garantías?

Se le garantizó el debido proceso, no actuamos como él, sobre todo con sus adversarios, a los que viola todos sus derechos. Se designó un defensor público, porque Maduro nunca atendió ni las llamadas ni los oficios que se le enviaron para que se personara.

¿Cuáles son sus próximas acciones?

Con fundamento en la Convención de Palermo, vamos a acudir a organismos de distintos países, ya sean Ministerios Públicos o al Poder Judicial, porque es probable que tengan más fuerza. No por menoscabar la decisión del Supremo en el exilio, pero siempre existen opiniones que hay que evaluar sobre si se cumplieron todas las acciones de ley con estos asuntos. Esto no sucedería si, por ejemplo, la Fiscalía de Perú, la de Brasil o cualquier sitio investiga a Diosdado Cabello.

¿Qué pruebas tiene contra Cabello?

Lo que tenemos le compromete en la trama de Odebrecht y lo voy a mostrar cuando sea oportuno. El resultado de cualquier proceso penal es mostrar las pruebas en el juicio y no que haya una elucubración en los medios.

¿Es el mismo caso de Odebrecht que salpica a Maduro?

Hay evidencias que comprometen a Cabello en esa trama, pero también otros casos. Yo entregué al diputado Ismael García pruebas que le comprometen en una trama de corrupción distinta y este diputado presentó las evidencias a la Fiscalía en Florida y se inició una investigación. Estamos buscando un organismo que, como en ese caso, pueda tener también competencias para investigar este caso.

Leopoldo López, bajo arresto domiciliario, fue condenado cuando usted era fiscal general. ¿Comparte la decisión de arresto domiciliario?

Nuestra Constitución establece el principio de libertad. Es decir, una persona puede ser condenada y permanecer en libertad. En ocasiones, estando en el ejercicio de mi cargo, he defendido esta postura. Yo era fiscal general, pero no estuve presente en ese juicio, así que no puedo decir si lo que se debatió fue lo correcto.

¿Qué vínculos mantiene con la oposición venezolana?

Una relación de respeto e interacción, como mantengo con muchos actores del Gobierno. La diferencia es que con el Gobierno no es pública, tiene que ser privada, porque, si no, la vida de ellos estaría en riesgo.

¿Queda algo de chavismo en usted?

Siempre he estado identificada con las causas justas, de respeto a los derechos humanos, la igualdad y la justicia. Me identifiqué con el discurso de Chávez cuando tenía una propuesta humanista, pero se fue desdibujando. Con Maduro, sin embargo, se ha convertido en una tiranía y de atropello a los derechos del pueblo.

¿Por qué tardó tanto en tener una posición crítica con el chavismo?

Los funcionarios del Ministerio Fiscal no pueden tener militancia política. Desde que tomé el cargo el 2 de enero de 2008, siempre fui crítica con el Ejecutivo y en 2009 formé un escándalo por tema de abusos policiales. Luego, en 2014, fui bastante crítica porque detuvieron a casi mil personas en protestas y pedimos para más de 700 la libertad sin cargos, porque eran detenciones arbitrarias. Perseguí a una ministra de salud porque robó casi mil millones de dólares de tres hospitales, pero el Poder Ejecutivo y el Judicial la protegieron. Siempre fui crítica.

¿Cuál es la principal diferencia entre Chávez y Maduro?

Quien está en el poder en Venezuela es un tirano, no un hombre de Estado. Ha sembrado el terror y atropellado los derechos de los venezolanos, que huyen del país porque saben que quedarse es morir. Maduro está implementando un plan de exterminio contra la población y, además, es una amenaza para la seguridad de toda la región.

«La crisis de refugiados pone en peligro la región»
Usted va a acudir a la ONU por la crisis migratoria. ¿Qué acciones debería adoptar?

Debe declarar la crisis de refugiados, porque eso da una serie de derechos a los venezolanos que deambulan por varios países. Primero, la prohibición de devolución y la posibilidad de desarrollarse profesionalmente, ya que muchos han salido y no tienen apostillados sus títulos.

Recientemente comentó que Maduro tiene los días contados. ¿Sigue pensando lo mismo?

Sí, estoy convencida, porque es una bomba de tiempo. Ni la gente acomodada encuentra medicamentos ni comida. O los países entienden la implosión que hay y la atajamos pronto, o pondrá en peligro la estabilidad de la región.

En Venezuela, las líneas de alimentos son solo la evidencia más visible de una nación en caída libre. Conocidas como las colas, las líneas se forman antes del amanecer y duran hasta la caída de la noche, con varios cuerpos gruesos y zigzagueando kilómetros y kilómetros en frondosos barrios de clase media y harapientas barriadas. En un país que se encuentra en la cima de las reservas de petróleo más grandes del mundo, los ciudadanos hambrientos esperan en su día asignado lo que almacenen las reservas: con suerte, harina de maíz para hacer arepas, y en un día realmente bueno, champú.

"Nunca soñé que llegaría a esto", dice Yajaira Gutiérrez, una contable de 41 años, que espera su turno en el centro de Caracas. "Que en Venezuela, con todo nuestro petróleo, estaríamos luchando por obtener tortas de maíz".

En el hospital Dr. José María Vargas de la capital, un médico observó a una mujer de 73 años morir de insuficiencia renal porque el hospital no tenía el medicamento para realizar una diálisis de rutina. En una estación de policía de Caracas, más de 150 prisioneros se amontonaron en una celda hecha para 36 personas, de pie sin camisa (no había espacio para sentarse) en el hedor del sudor y las heces. En el árido estado de Lara, un maestro de escuela primaria contó que los niños se desmayaban en clase debido al hambre. La economía se contrajo en casi un 6% el año pasado, y se espera que disminuya hasta en un 10% este año.

Venezuela fue una vez el ejemplo de América Latina: hogar de Simón Bolívar, que liberó a gran parte del continente del dominio español. Ahora, después de años de mala gestión política y meses en caída libre económica, es la historia de advertencia de la región. El bolívar, la moneda que lleva el nombre del Libertador, ahora se lleva en mochilas en lugar de billeteras; una unidad vale menos que un centavo. Mientras la producción cae en picado, el crimen aumenta. Las peleas frecuentemente se producen en las líneas de comida. El número de asesinatos el año pasado oscilaron entre 17,000 y 28,000. Nadie sabe el recuento exacto, pero a pesar de eso pondría el índice de homicidios de la nación -impulsado por una mezcla letal de pandillas callejeras, cárteles de la droga, guerrillas izquierdistas y paramilitares de derecha que luchan por el poder- entre los más altos del mundo. Incluso los animales están muriendo: unos 50 animales del zoológico se han muerto de hambre en los últimos seis meses porque no hay suficiente comida.

"Es como si hubiera habido un desastre natural, como un huracán que arrasó las cosas", le dice a TIME el gobernador del estado Miranda y un líder clave de la oposición, Henrique Capriles. "Si no buscamos una solución constitucional democrática, me temo que habrá una explosión en Venezuela y terminará colapsando".

Llegar a esa solución parece casi imposible en un país aún gobernado por el legado de un hombre muerto. Durante los 14 años que Hugo Chávez pasó como presidente antes de su muerte en 2013 por cáncer, puso en marcha la dinámica económica y política que creó la catástrofe actual, y la parálisis que ha resultado de ello. En Venezuela, casi todos los políticos, y mucha gente común, todavía se definen a sí mismos como chavistas o como oposición. El actual presidente, el ex conductor de autobús Nicolás Maduro, reivindica el nombre chavista pero no tiene el carisma de su mentor, ni tampoco su buena suerte. Chávez disfrutó de los altos precios del petróleo durante gran parte de su mandato, pero en el reloj de Maduro los precios del petróleo han bajado de $ 100 por barril a tan solo $ 25 por barril. (Ahora está a $ 35 el barril). Chávez gozó de un apoyo popular masivo, pero en las elecciones de mitad de período de diciembre de 2015, la oposición ganó la mayoría de la asamblea por primera vez desde 1998.

Pero la oposición ha sido capaz de hacer poco con su nuevo poder, gracias de nuevo al legado de Chávez. Los jueces chavistas en el tribunal supremo anularon 18 leyes o mociones aprobadas por la asamblea, entre ellas una decisión que anuló una ley que ordena la liberación de más de 100 presos políticos, incluido el líder de la oposición Leopoldo López, encarcelado en un caso que el propio fiscal dijo fue amañado Bloqueada en la legislatura, la oposición está apuntando directamente a Maduro, reuniendo más de un millón de firmas para exigir un referéndum revocatorio que lo quitaría de su cargo. Las encuestas indican que el presidente perdería mucho, pero Maduro todavía tiene las herramientas del estado a su disposición. Entre ellos se incluyen los militares y la policía, que el 27 de julio bloquearon a los manifestantes de la oposición que intentaban marchar sobre la sede del Consejo Nacional Electoral en Caracas.

Maduro ha dejado en claro que no va a ninguna parte. En mayo, declaró el estado de emergencia, ordenando maniobras militares para prepararse para una invasión extranjera imaginaria. En televisión, culpa a los venezolanos ricos que trabajan con la CIA y los paramilitares colombianos al otro lado de la frontera. Un grupo de militantes chavistas marcha a diario en un desafiante apoyo de su asediado presidente. "Estamos listos para derramar nuestra sangre defendiendo a la patria [patria]", dice Endri Carvajal en una concentración de taxis chavistas de motocicletas. "Si hay una intervención, sus soldados morirán aquí".

Venezuela no debería ser así. El país ocupa el 18% de las reservas probadas de petróleo del mundo, sumando casi 300 mil millones de barriles. Pero lo que el diplomático venezolano y fundador de la OPEP Juan Pablo Pérez Alfonzo llamó una vez "el excremento del diablo" ha sido una bendición mixta desde el principio, enriqueciendo a una élite adinerada incluso cuando los pobres se aferran a la vida en barrios pobres como el barrio pobre Petare sobre Caracas. hogar de medio millón de personas.

Sin embargo, a pesar de la enorme desigualdad, Venezuela permaneció relativamente pacífica hasta finales de la década de 1980, cuando los precios del petróleo tocaron una depresión prolongada. Las protestas por las condiciones económicas se deterioraron hasta convertirse en saqueos, y en medio de la confusión, un joven paracaidista llamado Hugo Chávez intentó liderar un golpe en 1992. Chávez cumpliría dos años de prisión por sus acciones, pero finalmente se recuperó para ganar la presidencia en las urnas. en 1998. Comenzó como un populista directo que hizo poca mención del socialismo, enfocando su ira en el establishment corrupto de Venezuela mientras ganaba los corazones de los pobres con su carisma.

Pero después de sobrevivir a un golpe fallido en 2002, Chávez dio un giro radical. Comenzó a lanzar ataques diarios contra venezolanos ricos y sus amigos estadounidenses. Los Estados Unidos ya era un hombre del saco conveniente en la política latinoamericana, gracias a una larga historia de golpes patrocinadores, invasiones directas y gobiernos títeres. Chávez apuntó especialmente al entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, a quien calificó como un demonio literal, diciendo que el atril "huele a azufre aún hoy" después de seguir a Bush en un discurso en 2006 ante la Asamblea General de Estados Unidos.

Para entonces, Chávez era una estrella de rock para la izquierda global, que pensó que había encontrado un modelo posterior a la Guerra Fría en lo que el presidente venezolano llamó su revolución bolivariana. Pero Chávez siempre practicó un extraño tipo de socialismo, confiando en la industria petrolera de Venezuela tanto como cualquier predecesor capitalista. Con el petróleo eventualmente subiendo hasta $ 140 por barril en 2008, su gobierno estaba construyendo un millón de casas nuevas y clínicas médicas de esquina (muchas de ellas atendidas por médicos cubanos, parte de un acuerdo de crudo por medicina con La Habana) e incluso entregando computadoras portátiles y lavadoras en los barrios. "Dijimos que Venezuela se convirtió en el país de los felices pobres", dice el economista Eduardo Fortuny. "Sin realmente mejorar sus ingresos, les dio más cosas. La popularidad de Chávez iba de la mano con su gasto público ".

Chávez también fijó los precios de los alimentos básicos, desde el café hasta las galletas. Cuando las compañías venezolanas dejaron de ser rentables para hacer tales cosas, Chávez simplemente utilizó el dinero del petróleo para importarlas desde el exterior. Después de ganar las elecciones luego de las elecciones, pasó a expropiar a cientos de compañías privadas, desde plantaciones de azúcar hasta granjas lecheras. Y para evitar que las personas boten sus bolívares, que estaban perdiendo valor, restringió quién podría comprar dólares y fijó la tasa.

Esas medidas sembraron las semillas de la crisis actual. Incapaces de comprar legalmente dólares, los empresarios recurrieron al mercado negro, donde los tipos de cambio se dispararon. Si bien la tasa base oficial es de 10 bolívares por dólar, el bolívar ahora cotiza en la calle en más de 1,000. El colapso de la moneda se ve agravado por el bajo precio del petróleo: Venezuela ya no puede contar con que sus exportaciones de petróleo le devuelvan suficientes dólares, lo que significa que no puede importar suficientes bienes para vender a precios fijos, lo que ocasiona escasez.

Y la producción nacional ha sido diezmada ya que las granjas y fábricas que Chávez expropió están casi ociosas. La crisis también ha perjudicado a las compañías internacionales, que han visto desaparecer unos $ 10 mil millones en ganancias en los últimos 18 meses. Muchos se dan por vencidos en el país. En mayo, Coca-Cola suspendió su operación de embotellado en Venezuela debido a la falta de edulcorante, y en julio, McDonald's dejó temporalmente de vender Big Macs debido a la falta de pan.

Por muy malas que sean las cosas en Caracas, la miseria es peor en las provincias. Mario Mora, un trabajador de 52 años de edad, se sienta bajo el sol abrasador en la ciudad de Pavía después de esperar desde el amanecer la llegada de botes de gas para cocinar y calentar agua. La espera es en vano: a las 4 p.m., un oficial de policía informa a la multitud que no llegará gas hasta el día siguiente. Mora tendrá que buscar ramitas para encender un fuego para cocinar pasteles de maíz y frijoles para su esposa y cuatro hijos. Ellos comen una comida al día. "Siempre he sido pobre, pero nunca lo había visto tan mal", dice.

No son mejores los de la clase media urbana que se hacen llamar "los nuevos pobres". Yajaira Gutiérrez, la contable que espera en una línea de comida en Caracas, dice que hace cinco años, su salario valía alrededor de $ 800 por mes. Ahora, a pesar de los aumentos regulares, equivaldría a menos de $ 70. Cuando no puede conseguir comida en las tiendas, recurre al mercado negro, donde los vendedores ambulantes venden alimentos por 10 veces más que las tiendas. "Me he estado limpiando con el jabón destinado a lavar los platos", dice.

Los medicamentos a menudo no se pueden encontrar a ningún precio. Después de que el empresario Rainer Espejo descubriera que su hija de 2 años, Barbara, tenía leucemia, tuvo que recurrir a un vecino que trabajaba en Colombia para contrabandear las drogas que necesitaba. Con los cortes de energía, Barbara está pasando por un tratamiento con aire acondicionado esporádico y escasez de agua que hace que sea difícil mantenerla limpia. "Es una forma cruel de supervivencia", dice Espejo. "Puedes deprimirte". Pero el problema sigue ahí, así que debes enfrentarlo ".

No menos sorprendentes son las cárceles repletas. Algunos presos tienen acceso al agua solo una hora por día, orinan y excretan en bolsas de plástico que esperan que los guardias recolecten. "En estas condiciones, su mente se deteriora", dice Daniel Sayago, de 24 años, quien ha sido acusado de asalto. "Tienes que cerrar partes de ella para sobrevivir".

Para el líder de la oposición Capriles, el único cambio significativo es recordar a Maduro, cuyo mandato se extiende hasta 2019, y celebrar nuevas elecciones. Capriles dice que un nuevo presidente -que podría significarlo- sería capaz de eliminar los controles de los precios y las divisas al tiempo que se alivian los efectos colaterales con la ayuda humanitaria del exterior que es más probable que fluya hacia un gobierno más amigable.

Pero el destino del país puede recaer finalmente en el ejército, otro jugador en un ámbito político abarrotado de grupos armados. El ejército ha respaldado hasta ahora a Maduro, pero ha derrocado con éxito a los gobiernos venezolanos en tres ocasiones en los últimos 70 años, y Chávez ocupó los primeros puestos con aliados luego del intento de golpe de 2002. "Las fuerzas armadas están llegando a una hora difícil, decisiva", dice Capriles. "Y van a tener que tomar una decisión: ¿están con Maduro, o están con la constitución?"

Fuente: Jorge Benezra/Caracas

Aproximarse hoy al chavismo es asomarse a un mundo retorcido donde se ha desterrado el valor de la vida y los DDHH que antes adornaban la retórica revolucionaria. No es nada nuevo, ni algo que descubrimos con la cobarde arremetida contra Juan Requesens. En efecto, se trata del mismo régimen que exterminó sin piedad a Oscar Pérez, quien ya rendido, suplicaba por su vida pensando en su hijo.  El mismo que -con morbo enfermizo- mató de manera lenta e despiadada a Franklin Brito por defender sus tierras, por protestar y luchar por lo que consideraba su derecho.  Por la misma razón centenares de venezolanos han perdido la vida y miles están tras las rejas o perseguidos. Antes de llegar al gobierno, los que hoy desangran a Venezuela decían que “la represión y el asesinato era una política de Estado”, ahora no hay duda, demuestran que la devastación moral, la ignominia y cobardía pueden ser infinitas cuando el poder se convierte en una perversión. Pero ¿Por qué recordar hoy el asesinato de Jorge Rodríguez?

Primero, su muerte ha sido utilizada para tergiversar la historia, ocultando -por ejemplo- que uno de los torturadores era un “compañero de luchas” convertido en delator o minimizando su participación en actos delictivos como el secuestro de William Niehous, lo cual jamás justifica la violencia con que fue mancillado pero nos sirve la mesa para preguntar ¿Ahora qué puede justificar la inclemente y brutal tortura contra Juan Requesens? ¿Qué justifica lo que han hecho a Leopoldo López, José Manuel Olivares y tantos más que merecen ser mencionados pero jamás habría suficiente espacio? ¿Qué corroe el alma de quien es capaz de amenazar con violar a su madre, asesinar a su hermana y usar sustancias sicotrópicas para “quebrar” a este muchacho? Y digo esto para no hablar de historias horrendas de torturas que hemos conocido, testimonios que nos llevan a los confines de lo imaginable.   Segundo, traemos al recuerdo este asesinato ocurrido el 25 de Julio de 1976 porque la víctima era el padre del engendro que hoy expone públicamente las atrocidades de la dictadura.  Sin duda, se debe estar revolcando en la tumba al ver a su hijo degradado a esbirro, cómplice de delitos de Lesa Humanidad y al servicio de un régimen militarista, vende patria e inmensamente corrupto.  Además, es padre también de una pobre mujer –no de una mujer pobre- que por desafueros de la providencia ejerce la Vicepresidencia de este país bizarro y como su hermano, es la más nítida expresión del resentimiento y la miseria humana.

Si el video donde se muestra a Requesens con claros signos de tortura y en una situación dolorosa fue filtrado a la opinión pública por alguien que estando adentro se siente horrorizado o si fue puesto a rodar deliberadamente para intentar quebrar la moral de la sociedad democrática, es una duda que tengo. Sin embrago, creo que la indignación que ha inspirado nacional e internacionalmente puede terminar generando un efecto contrario.  Estemos claros, la globalización del mundo moderno y los avances de la justicia internacional impiden la barbarie que vimos en la Alemania nazi, en la Rusia de Stalin, en Ruanda o Camboya.  Sin embargo, con sus actuaciones Maduro, Diosdado, los hermanos Rodríguez y demás “revolucionarios” exponen ante el mundo su frágil contextura moral y escaso talante democrático, demuestran que poco se diferencian de Hitler, Pol Pot, Mugabe o Ceaucescu; solo para nombrar a algunos de los grandes genocidas de la historia. Francamente, llamarlos miserables sería un acto de benevolencia.  En fin, desde el asesinato de Jorge Rodríguez una cosa si ha cambiado: a los 2 días del homicidio, los cuatro funcionarios de la DISIP responsables del crimen fueron destituidos, acusados y encarcelados. Hoy, la impunidad es parte del horror y sus hijos son protagonistas de la tragedia.

Por: Richard Casanova

Este silogismo tropical muy cercano al realismo mágico garcíamarquiano, es característico de controversiales gobernantes atraídos por la cultura de la muerte, a tal extremo que sobre pasan la naturaleza humana, tal vez aplicado en el extinto presidente prócer de Sabaneta, de quien se dice murió dos veces a finales de diciembre de 2012 y luego en marzo de 2013, tal como en las redes sociales opinara en humor criollo la enfermera del Hospital Militar, “si me pagaran de nuevo confirmo su existencia”.

Lo cierto del caso, es que no siempre da buenos resultados a aquel mandatario que recurre al manido argumento del complot o del magnicidio, para despertar la compasión o la solidaridad perdida, por los desmanes y tropelías cometidas desde la soberbia del poder, llámese Mugabe, Idi Amín, Mao Tse Dong, Sadam Hussein, entre tantos de esa galería del terror despreciados por la historia y por los pueblos que una vez creyeron sus falsas promesas.

Al establecer el secretismo y la calumnia como política de estado, así tenga veracidad un intento de magnicidio, cuando sucede no lo cree nadie, por la cadena de montajes y shows anteriores, donde pretendiera darse un respiro ante la incapacidad gobernante de resolver problemas básicos de la población y de la vida digna.

Los mentores de Nicolás Maduro de la Isla de la Felicidad le han suministrado un copioso expediente de entrenamiento, en el caso de Fidel Castro, el extinto promotor de la revolución cubana registra en el libro de récords Guinness, el mayor número de atentados en su contra, todos con autoría de la Agencia Central de Inteligencia (CÍA) de los Estados Unidos. Según datos recopilados por el portal Yahoo!, desde su llegada al poder en 1959 y hasta su dimisión en 2006, se contabilizaron 638 intentos fallidos de asesinato en todas las formas desde veneno inyectado en uno de sus puros, carga explosiva en una pelota de béisbol y en uno de sus zapatos, y tantos otros atentados que terminaron sirviendo sólo como guión de películas de James Bond.

Si nos referimos a su antecesor Hugo Chávez, éste recreó en sus peroratas dominicales decenas de atentados que había sufrido, entre ellos uno de un lanza misiles que encontraron en el aeropuerto de Maiquetía, en unas circunstancias que indican la mano poco creativa del G-2 cubano. Ninguna de estas hazañas trazadas por el culto a la personalidad, han impedido que sus estatuas hoy muerdan el polvo del desprecio popular en varios pueblos de Venezuela.

Como buen alumno el actual mandatario nacional según el Diario El País de España (06/07/2018) ya lleva contabilizado 16 atentados, y miles de horas desperdiciadas en cadenas presidenciales presentándose como la victima del imperio y de los actuales prósperos vecinos de la CAN, entre tanto Venezuela se muere de mengua, ante la incapacidad de un gobernante que no despierta emoción alguna en la población, demostrada en la menguada cuadra y media de empleados públicos que asistiera a la marcha de solidaridad con Maduro el pasado lunes. Situación que refleja la desesperación de un pueblo harto de anuncios, gabinetes maquillados y de sufrir la extrema pobreza que exige capacidad de respuesta.

Si pretendió darse un cuarto de horas más de respiro político con el acto bufo del sábado, lo que ha producido es la hilaridad universal, ante las imágenes poco cónsonas con la disciplina militar, de una tropa despavorida en estampida no precisamente en defensa de su presidente, sino del sálvese quien pueda ante la catástrofe nacional que hunde a la nación venezolana.

Fuente: Reporte Catolico Laico

Esta semana se cumplieron 235 años del nacimiento de Simón Bolívar. En Venezuela, no faltaron los homenajes oficiales, las palabras hinchadas y sonoras. El general Vladimir Padrino, ministro de Defensa, afirmó que “Bolívar está vivo en nosotros, en nuestra ideas. […] Hemos rescatado a Bolívar para hacer una nueva sociedad”. El presidente Nicolás Maduro no se quedó atrás: “Estamos del lado correcto de la historia, porque somos la historia, porque Bolívar es la historia”. Un día después, él mismo anunció que su gobierno había decidido eliminarle cinco ceros a la moneda que por supuesto también lleva el nombre del padre de la patria, al bolívar de todos los días, con el que a duras penas los venezolanos intentan sobrevivir.

El uso político del libertador no es nada nuevo en Venezuela. Historiadores importantes, como Germán Carrera Damas, Luis Castro Leiva o Elías Pino Iturrieta, entre otros, han escrito libros imprescindibles, dedicados a desentrañar la profunda relación religiosa que se ha establecido entre el país y su prócer. Se trata de una devoción que casi tiene dos siglos, que empezó a funcionar como un mito cohesionador, como un mecanismo simbólico que podía aglutinar a un país devastado por la guerra, pero que ahora puede funcionar de manera inversa, como la representación de la tragedia, de la destrucción. El mito de Bolívar como Padre de la Patria, que le dio unidad a una nación fragmentada, terminó siendo utilizado por Chávez para dividir al país y llevarlo de regreso a las ruinas.

La historia política de Venezuela podría ser revisada y analizada también como la cronología del uso y abuso del mito fundacional de la república. El bolivarianismo se transformó en una religión civil, destinada a legitimar y consagrar a los sacerdotes de turno. No hay gobernante, o aspirante a serlo, que no intente establecer algún tipo de relación utilitaria con el mito. Pero es con la llegada de Chávez, sin duda, cuando la invención de Bolívar alcanza su dimensión más aterradora, hasta llegar a convertirse en terrible instrumento de dominación y sometimiento.

Desde que trató de tomar el poder con las armas, en el fallido golpe militar de 1992, Hugo Chávez asoció su voz y sus acciones al Padre de la Patria. El 2 de marzo, apenas un mes después del alzamiento, declaró que “el líder auténtico de esta rebelión es el general Simón Bolívar”. Chávez nunca ocultó su ansia de posteridad y grandeza, su ambición por aprovechar la liturgia bolivariana para incorporarse a ella y desarrollar su propia sacralización. Desde el comienzo de su vida pública se presentó ante el país como el militar que llegaba, desde el fondo de la historia, a cumplir las promesas que Bolívar había dejado abiertas. El Chávez de la historia, en el fondo, siempre estuvo al servicio del Chávez de la fe.

Con la autoproclamada revolución, el bolivarianismo se convirtió en exceso delirante. Dejó de ser un adjetivo y se convirtió en un adverbio. Como señala José Pascual Mora-García, con el chavismo Bolívar deja “de ser una metáfora para convertirse en una metonimia. Bolívar ya no es un sueño a alcanzar, está al alcance de la mano; todo fue bautizado con el epónimo bolivariano: se marcha bolivarianamente, se come caraotas bolivarianas, y hasta la Carta Magna, devenida en nuevo catecismo de la patria es bolivariana”. El culto al libertador deja de ser un elemento unificador y pasa a ser su contrario, un instrumento de la segregación. Lo bolivariano es un nuevo modo de pureza, una virtud que solo tienen aquellos que aceptan ciegamente el poder establecido. Lo diferente, lo diverso, lo independiente es por contraste la antihistoria, la antipatria. El chavismo inauguró un proceso que esconde un riesgo fundamental: la triviliazación del mito. La bolivarianización de la estupidez, de la mediocridad, de la delincuencia.

Todo se volvió bolivariano y ahora todo es un desastre. La calificación con la que el gobierno venezolano pretendía refundar la historia es hoy una vergüenza, la forma de nombrar un cataclismo. Ya no hay bonanza petrolera ni sueños de expansión. Ya el chavismo no grita la consigna “¡Alerta! ¡Alerta que camina / la espada de Bolívar por América Latina!”; ahora son los propios venezolanos, desesperados y hambrientos, quienes huyen del supuesto paraíso que supuestamente creó el supuesto sucesor de Simón Bolívar.

No hay manera ya de escapar de esa marca. Desde el 2007, el chavismo le ha quitado ocho ceros a la moneda. Es un maquillaje inútil para tratar de disfrazar el fracaso de un modelo, la bolivariana hiperinflación que ya sacude al país. Tan bolivariana como la corrupción que, según las denuncias, alcanza miles de millones de dólares. Tan bolivariana, también, como la destrucción de la empresa petrolera y de todo el sistema productivo del país. Tan bolivariana como la represión y la censura. Tan bolivariana, por desgracia, como la muerte de venezolanos a causa de la desnutrición o de la escasez de insumos clínicos.

En las primera páginas de su libro ¿Por qué no soy bolivariano?, el historiador Manuel Caballero propone una primera respuesta que casi parece un juego de palabras: “No soy bolivariano por la misma razón que no soy antibolivariano”. Porque no es necesario. Porque no hace falta. Caballero acude al sentido común para tratar de desactivar ese primer territorio, irracional y sensible, donde se alimenta la devoción ciega, la fe en los mesías que llevan uniforme y montan a caballo.

Hugo Chávez aprovechó el bolivarianismo para resucitar una de las peores tradiciones de la historia venezolana: el caudillismo militar. Llevó al país de regreso a lo peor del pasado. En todos los sentidos. Hoy los soldados ganan más que los educadores y que los médicos y las enfermeras. Los militares controlan la economía y la gestión pública. Tiene razón el ministro Vladimir Padrino cuando señala que han rescatado a Bolívar para crear una nueva sociedad. Una sociedad excluyente y autoritaria, donde ellos gozan de todos los privilegios y no le rinden cuentas a nadie.

La devaluación de Simón Bolívar también es una obra del chavismo. El mito se devalúa a la misma velocidad que se devalúa la moneda y la calidad de vida de los venezolanos. Esa es también una de las batallas del presente y del futuro. Repensar la historia. Recuperar la condición civil de la república. Pensar y ejercer de nuevo la política en términos ciudadanos. Volver a entender, a más de doscientos años del nacimiento de Bolívar, que no se necesita de un general o de una religión para ser un país.

En una tarde húmeda reciente en la ciudad fronteriza colombiana de Cúcuta, una mujer venezolana envolvió a su hija recién nacida en una manta de color amarillo pálido y la dejó con una nota junto a un automóvil estacionado cerca de un estadio que albergaba un día de campo de la escuela secundaria

"No tengo los medios para cuidarla", escribió en un papel cuadriculado con un borde rosado de corazones, huellas y flores. "Ella tiene cuatro días y su nombre es Angela".

Aproximadamente una hora más tarde, otra mujer, su hijo y un amigo adolescente salieron del estadio y oyeron llorar al bebé. Siguieron el débil gemido en el coche, justo cuando el conductor estaba encendiendo el motor, acercándose peligrosamente a la niña.

"¡Para!", Gritaron. La mujer levantó a la niña del suelo, y luego le dijo a la policía que podía ver hormigas trepando por el cuerpo de la recién nacida. Los oficiales llegaron en minutos y llevaron al niño a un hospital cercano. Los médicos descubrieron que el cordón umbilical de la bebé había sido cortado y atado, lo que indica que nació en un hospital.

Pero aparte de la nota, que decía que la madre era venezolana, no había nada que identificara a la niña, que comienza su vida en medio de un éxodo de Venezuela en el que los niños son cada vez más víctimas del abuso, la desnutrición e incluso el abandono.

"Es triste que la madre haya tomado esta decisión", dijo el mayor Amaury Aguilera, el oficial que supervisa la investigación. "Para simplemente, tan fríamente, abandonarla".

Mientras los venezolanos huyen de la economía colapsada de su país y un gobierno autocrático en números crecientes, se está volviendo evidente la triste cifra entre los recién llegados a Colombia: los niños duermen en las calles, sufren hambre e infecciones no tratadas y algunas veces son atraídos al trabajo sexual.

"Es triste que la madre haya tomado esta decisión", dijo el mayor Amaury Aguilera, el oficial que supervisa la investigación. "Para simplemente, tan fríamente, abandonarla".

Muchos venezolanos han hecho largos viajes a pie y en autobús cuando llegan a Cúcuta, una ciudad montañosa donde se puede ver fácilmente su tierra natal desde las cimas de sus montañas. A menudo tienen poco más de un dólar en sus bolsillos, cuando mucho, y varias bocas que alimentar.

El resultado, dicen los defensores de la policía y el bienestar, ha sido un aumento en el número de padres angustiados que arrastran niños a lo largo de las calles llenas de humo y congestionadas de Cucuta mientras tratan de vender cerveza de raíz o dulces para pagar un techo sobre sus cabezas.

Una tarde reciente, la policía de Cúcuta encontró a Eliusmar Guerrero, de 17 años, vendiendo piruletas con su hija de 18 meses. Guerrero dijo que ella y su esposo no habían podido pagar su habitación en un departamento durante los últimos tres días. Sin familiares en Colombia que la ayuden a cuidar al niño, dijo que no le quedaba más remedio que salir a la calle con la esperanza de vender algunos caramelos con su bebé a cuestas.

"Estamos hambrientos aquí", dijo, equilibrando a su risueña hija en una cadera ante la luz fulgurante de la policía. Mientras los oficiales transportaban a Guerrero y su hija a las oficinas de bienestar infantil de Cúcuta, abrazó a su hija y comenzó a llorar. "Me temo que me la quitarán", dijo.

En contraste con Estados Unidos, donde más de 2.000 niños fueron separados de sus padres en la frontera con México bajo la política de cero tolerancia de la administración Trump, los funcionarios colombianos dicen que están tratando de mantener juntas a las familias migrantes recién llegadas al tiempo que aumentan el número de familias de acogida disponibles para intervenir en cualquier momento cuando sea necesario.

Las autoridades decidieron colocar a Guerrero y su bebé juntos en uno de estos hogares. "El núcleo familiar no puede separarse", dijo Ingrid Vélez, trabajadora social del Instituto Colombiano de Bienestar Infantil. "Los lazos emocionales se romperían". Las cifras proporcionadas por el gobierno muestran que 502 niños venezolanos han sido retenidos por las autoridades desde el comienzo de 2017. Noventa y nueve de ellos fueron determinados como víctimas de negligencia, mientras que 80 habían sufrido abuso sexual. Decenas de personas fueron determinadas como sin hogar, maltratadas físicamente o en estado de desnutrición cuando llegaron a las oficinas de bienestar infantil.

A una cuadra del comedor de beneficencia de la iglesia, Daniel Villegas, de 5 años, comparte una habitación con varios parientes extendidos, sus padres y tres hermanos, uno de ellos con microcefalia. Su padre contrabandea cerveza de raíz venezolana al otro lado de la frontera y vende cajas por un poco más de un dólar cada una, lo que da a la familia apenas suficiente dinero para comprar comida.

Daniel, un chico delgado y de voz suave que quiere ser un pescador cuando sea grande, duerme en un colchón sucio con otros dos niños. Dijo que sueña con el comedor de beneficencia, donde puede comer carne, un manjar que no consumió durante meses en Venezuela.

"Me molesta", dijo tímidamente sobre las incómodas condiciones para dormir. Luego, señalando a su espalda, dijo: "Esto duele". A lo largo de las orillas del fangoso río Táchira que divide Colombia y Venezuela, las condiciones para los niños del grupo indígena Yukpa de Venezuela son aún peores: muchos tienen piojos y vientres distendidos por desnutrición o parásitos. Los grupos indígenas en ambos países se han descuidado hace tiempo. Sin embargo, incluso mientras sus hijos sobreviven con raciones de patatas cocinadas sobre fuego rústico, el líder Yukpa Dionisio Finol dijo que están mejor en Colombia que en Venezuela. "Al menos aquí pueden comer", dijo.

Sin embargo, por cada niño que asimilan las autoridades colombianas, muchos más están fuera de la vista y viven en condiciones iguales o más precarias. La policía de Cúcuta dijo que había encontrado solo un caso de menor involucrado en el trabajo sexual, pero en una sola visita a un parque conocido como centro de prostitución, The Associated Press habló con tres chicas venezolanas que describieron haber comenzado a trabajar como prostitutas allí en edades 15 y 16.

"Me paré en ese poste y comencé a trabajar", dijo una niña, ahora de 18 años, señalando una farola a lo largo del borde del pequeño y concreto parque de la ciudad.

Hablando bajo condición de anonimato por temor a represalias, la adolescente dijo que comenzó a tener relaciones sexuales hace dos años después de emigrar a Colombia y no poder ganar dinero. Ella describió el trabajo como "repugnante" y dijo que logra enmascarar su dolor tomando "cripy", una forma modificada de marihuana que contiene niveles más altos de THC. "¿No puedes verlo en mis ojos?", Preguntó, sus ojos marrones oscuros fijos en una entumecida bruma.

Cúcuta es una ciudad con una de las tasas de desempleo más altas de Colombia en una región que es un hervidero de violencia relacionada con las drogas, y las familias venezolanas que se quedan atrapadas a menudo viven de 10 a una habitación en viviendas sin camas que alquilan por 17 pesos a la semana.

Algunas familias venezolanas, ansiosas por dejar Cúcuta para ir a ciudades más prósperas en Colombia u otras partes de América Latina pero sin el dinero para comprar un boleto de autobús, ahora eligen caminar hacia su próximo destino, con niños a su lado. Si tienen suerte, pueden hacer autostop con extraños durante gran parte del camino.

"Estoy dispuesto a caminar durante tres, cuatro, cinco años", dijo Darwin Zapata, quien partió de Cúcuta con su hijo de 12 años con la esperanza de llegar a Perú, a 2.400 kilómetros (1.500 millas) al sur. Huyó a Colombia después de perder su trabajo en Venezuela y ser brevemente secuestrado. Ambas maletas con ruedas al costado de una carretera en una mañana reciente. "Lo que sea necesario."

Los más desesperados están dispuestos a renunciar a sus hijos por completo. Aunque la policía dijo que el caso de la recién nacida Ángela fue su primera, el bienestar infantil, la iglesia y los trabajadores sociales dijeron que hubo otros. Una trabajadora social del hospital recordó a una joven madre de cuatro hijos que llevó a su hija de 5 meses al hospital por desnutrición y decidió dejarla allí, diciéndole al personal que no tenía medios para cuidarla.

"Ella regresó tres veces", recordó Andrea Portilla, la trabajadora social. "En el fondo, ella no quería abandonarla. Pero la situación la obligó a hacerlo ". Finalmente, ella no regresó.

En el caso de la bebé Angela, los oficiales aprovecharon la poca información disponible para buscar registros de recién nacidos en cada hospital cercano. En su nota, la madre de Ángela solo dijo que era venezolana y firmó su nombre Catalina. Los investigadores ahora creen que ambos nombres probablemente fueron inventados. No pudieron encontrar a ninguna mujer llamada Catalina que hubiera dado a luz a una hija llamada Angela la semana anterior.

"Ella probablemente sabía que eso era lo primero que íbamos a buscar", dijo Aguilera. Cuando un niño es encontrado abandonado en Colombia, los funcionarios están legalmente obligados a hacer todo lo posible para encontrar a un familiar en Colombia o Venezuela que pueda cuidarla, una tarea que se complica aún más a medida que las relaciones entre las naciones andinas se vuelven irritables. Mientras la policía continúa su investigación, la niña con un grueso nido de cabello negro es mecida por lo que Colombia llama una "madre sustituta".