Opinión

Una revolución bolchevique —con matices tropicales— está en marcha cerca de nuestras costas. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, está usando toda su autoridad para diezmar lo poco que queda de la resistencia a su socialismo extremista. Tal como hizo el líder soviético Vladimir Lenin en octubre de 1917, en esta etapa de la revolución Maduro se propone librar una campaña final contra todos salvo sus aliados más radicales.

Recientemente, la mayoría de las noticias que salen de Venezuela cuentan la extraordinaria crisis económica del país. Algunos analistas tratan la crisis como un caso de influenza: algo que la nación contrajo sin culpa suya. Sin embargo, esta crisis o —más bien— su larga duración, no es un accidente. Se trata de un diseño revolucionario.

La devastación de los últimos cuatro años no puede ponerse en palabras. Al registrar la inflación más alta del mundo junto con una recesión que ha contraído la economía en casi el 50 por ciento desde 2013, Venezuela se ha convertido en el primer país en décadas en hacer una transición de nación de ingresos medios a una de ingresos mínimos —o casi inexistentes—.

Sin embargo, el aspecto más vergonzoso de la crisis es la indiferencia del gobierno. La principal respuesta gubernamental, bautizada como el “paquete rojo”, no incluye nada más que devaluar la moneda casi un 95 por ciento, redenominar los nuevos billetes al quitarles cinco ceros y vincular el nuevo bolívar soberano al petro, una criptomoneda no transable y que nadie utiliza. Estas medidas son una redecoración inútil. Hasta los economistas más indulgentes con el gobierno están poco impresionados.

Si acaso, el gobierno está empeorando la crisis al aumentar el precio de la gasolina a precios internacionales, restringir todavía más la importación de alimentos y medicinas, decretar más controles de precios y subir impuestos en medio de una recesión. Los gobiernos y las organizaciones internacionales ofrecen ayuda humanitaria, pero Maduro la rechaza. El gobierno se cruza de brazos mientras el hambre y las enfermedades se propagan.

Esta indiferencia sugiere una intencionalidad. Es fácil ver la causa. Un gobierno extremista como el de Maduro prefiere la devastación económica a la recuperación porque la miseria destruye a la sociedad civil y, con ella, toda posibilidad de resistir la tiranía.

Cuando las condiciones económicas se deterioran, los ciudadanos a menudo optan por la protesta. Pero cuando las condiciones económicas decaen a tal grado que hacen que las clases medias vivan con menos de dos dólares al mes (menos que en Haití) y diseminan condiciones cercanas a la hambruna, la mejor opción es arreglárselas como uno pueda o irse del país. Si a esta receta añadimos la represión, el resultado es un éxodo de al menos el 7 por ciento de la población, el más grande en el continente americano desde la década de los ochenta.

La privación económica, aunada a la represión, cambia los incentivos de la participación política por el exilio político. Esto es lo que Maduro ve con buenos ojos: la asfixia de la resistencia, tal como Lenin quiso. Es la razón por la que Maduro ha permitido que la crisis continúe por tanto tiempo.

Claro está que ningún acontecimiento es una réplica exacta de sus antecesores. La revolución de Maduro no es enteramente un bolchevismo revivido. Maduro no está tratando de derrocar a un gobierno existente, sino de consolidar un régimen viejo, anticuado y odiado. Maduro no lleva a cabo matanzas sistemáticas, aunque usa la represión sin remordimientos. Y lo más importante, los ciudadanos ordinarios o sóviets no se están levantando de la mano del Estado para impulsar más el extremismo.

El extremismo de Maduro es ejercido exclusivamente por el Estado. En ese sentido, toma como referencia otra campaña tropical también inspirada en el bolchevismo: la famosa Ofensiva Revolucionaria de Cuba en 1968. Esta fue una campaña de Fidel Castro, a nueve años de iniciado su gobierno, para nacionalizar lo poco que quedaba del sector privado. Castro confiscó 55.636 pequeñas empresas, incluyendo la mayoría de los proveedores de alimentos y granjas semiprivadas. Fidel quería acabar con las ganancias privadas y establecer un absoluto monopolio estatal sobre la distribución de los alimentos. La meta era hacer a los ciudadanos más dependientes del Estado.

Del mismo modo, Maduro está usando la miseria económica para extinguir lo poco que queda del sector privado en Venezuela y expandir el control estatal. Ya expandió el control estatal de la distribución de los alimentos al entregar “carnets de la patria”, que se reparten principalmente entre leales al régimen. Decretó un aumento del 3000 por ciento a los salarios mínimos, que resulta insuficiente para permitir a los trabajadores ajustarse a la hiperinflación, pero que es imposible de costear para los pequeños empleadores y empresarios, que ya están en apuros económicos debido a la recesión, los controles de precios, la falta de dólares y los continuos apagones. Desde que se anunció el paquete rojo, las autoridades han detenido a 131 personas acusadas de sabotaje, principalmente a gerentes de cadenas minoristas. Hoy, la industria privada de Venezuela opera al diez por ciento de la capacidad que tenía hace veinte años, cuando esta revolución comenzó. Hasta los restaurantes McDonald’s están cerrando.

No obstante, el modelo de Maduro tampoco es una réplica exacta de la Ofensiva de Fidel. Maduro todavía permite que algunos actores privados amasen riquezas, aun cuando lo hacen a través de actividades ilícitas o consiguiendo acceso al dólar barato que el gobierno siempre está dispuesto a ofrecer, legalmente, a sus compinches.

Además, existen elementos innatos que hacen que la revolución de Maduro sea más idiosincrásica que imitadora. Tal vez el elemento más idiosincrásico es el colapso del sector petrolero en manos del Estado. Las exportaciones de petróleo constituyen la única fuente de dólares de la revolución, aparte del endeudamiento. No obstante, la industria petrolera venezolana ha venido sufriendo un declive crónico en la productividad durante los últimos quince años. Con Maduro, dicho declive se aceleró. A pesar de la recuperación en el precio del petróleo a partir de 2016, la producción de Venezuela se ha estrellado y ha disminuido en más del 40 por ciento en dos años. La mayoría del resto de los productores importantes de petróleo han expandido su producción o permanecido estables.

Dejar que la única gallina de los huevos de oro de la revolución se derrumbara es una característica que lleva el sello de Maduro. No existe ningún antecedente histórico de una herida autoinfligida tan mortal como esta, ni en la Rusia soviética ni en la Cuba comunista ni en ningún petro-Estado en paz y abierto al comercio.

Es difícil argumentar que la negligencia de Maduro hacia su joya de la corona es intencional, debido a que su víctima más directa es él mismo. Esta negligencia sugiere que el gobierno de Maduro también es inepto.

Los analistas debaten si la debacle económica del país es resultado de la premeditación o la incompetencia. En muchos sentidos, este es un falso debate. Se debe a ambas cosas. El extremismo produce y necesita caos, y el caos a su vez aumenta las posibilidades de errores garrafales por parte del Estado.

Tan graves son los errores de Maduro en materia petrolera que le ha tocado a gente de su propio partido político tomar cartas en el asunto. La Asamblea Nacional Constituyente —electa ilegítimamente en 2017 y compuesta exclusivamente de maduristas— está considerando tomar medidas correctivas en el sector petrolero para permitir una mayor apertura petrolera. Pero mientras debaten, el ejecutivo sigue sin actuar para revertir el derrumbe petrolero.

En circunstancias normales, el caos económico socava a cualquier gobierno. Todavía puede poner en riesgo al régimen de Maduro en la medida que se propague el descontento, no ya entre los opositores, sino en las filas de su gobierno. Ya sabemos, por evidencia indirecta pero inequívoca, que el malestar dentro del gobierno crece: este año Maduro ha aumentado la represión hacia el ejército y a exfuncionarios gubernamentales.

Pese a estos riesgos, Maduro se ha inclinado por el caos y no por la recuperación, porque cuando el caos alcanza proporciones inhumanas, como ha sucedido en Venezuela desde 2015, es más probable que diezme a la oposición que al gobierno. Y si el gobierno aplica la represión con eficacia, en especial dentro de sus filas, tiene una posibilidad de sobrevivir mientras sus enemigos —dentro y fuera de la revolución— languidecen por miseria o huyen del país.

El caos, ya sea intencional o accidental, puede ser funcional para los Estados extremistas. Por tal motivo, no deberíamos contar con que el gobierno extremista de Maduro haga algo mínimamente prometedor para detener el descenso de Venezuela al infierno.

En una entrevista telefónica que el ABC de España realizó a Luisa Ortega Díaz quien fue destituida como fiscal general de Venezuela por Nicolás Maduro en julio de 2017, tras denunciar la ruptura del hilo constitucional y los excesos del régimen durante las protestas ciudadanas, revela que, desde el exilio ha llevado ante el Tribunal Supremo (TSJ) legítimo, en Bogotá, la acusación por corrupción del mandatario venezolano, que ha sido condenado a 18 años de prisión y agregó:

¿Qué capacidad hay para materializar la condena del TSJ en el exilio?

El reconocimiento de los Estados es al Tribunal legítimo. Las autoridades que están en Venezuela, excepto el parlamento, son ilegítimas. Por ello, es deber del TSJ en el exilio y los distintos gobiernos reconocer esa sentencia. Aplicando las decisiones del Tribunal, Maduro ya no es el presidente legítimo y está inhabilitado para el cargo. Igualmente, esta decisión debe de ser acogida por organismos multilaterales como Interpol, que tendrían que declarar una alerta roja contra Maduro.

¿Para qué ha servido hasta ahora?

La sentencia sirve para que, una vez derrotado el tirano de Venezuela, no haya que buscar elementos para procesarlo, puesto que ya hay condena firme. Además, visibiliza ante el mundo la trama de corrupción que compromete a Maduro. Hay pruebas fehacientes de su compromiso con Odebrecht en hechos de corrupción probados en detrimento del patrimonio del Estado.

¿Cuáles son los siguientes pasos que debe de dar el Tribunal?

Tiene que oficiar o personarse en los distintos espacios a nivel global para que la sentencia se cumpla. Ir, por ejemplo, a Interpol y enviar copia certificada de la sentencia a distintos países.

¿Ha gozado Maduro de garantías?

Se le garantizó el debido proceso, no actuamos como él, sobre todo con sus adversarios, a los que viola todos sus derechos. Se designó un defensor público, porque Maduro nunca atendió ni las llamadas ni los oficios que se le enviaron para que se personara.

¿Cuáles son sus próximas acciones?

Con fundamento en la Convención de Palermo, vamos a acudir a organismos de distintos países, ya sean Ministerios Públicos o al Poder Judicial, porque es probable que tengan más fuerza. No por menoscabar la decisión del Supremo en el exilio, pero siempre existen opiniones que hay que evaluar sobre si se cumplieron todas las acciones de ley con estos asuntos. Esto no sucedería si, por ejemplo, la Fiscalía de Perú, la de Brasil o cualquier sitio investiga a Diosdado Cabello.

¿Qué pruebas tiene contra Cabello?

Lo que tenemos le compromete en la trama de Odebrecht y lo voy a mostrar cuando sea oportuno. El resultado de cualquier proceso penal es mostrar las pruebas en el juicio y no que haya una elucubración en los medios.

¿Es el mismo caso de Odebrecht que salpica a Maduro?

Hay evidencias que comprometen a Cabello en esa trama, pero también otros casos. Yo entregué al diputado Ismael García pruebas que le comprometen en una trama de corrupción distinta y este diputado presentó las evidencias a la Fiscalía en Florida y se inició una investigación. Estamos buscando un organismo que, como en ese caso, pueda tener también competencias para investigar este caso.

Leopoldo López, bajo arresto domiciliario, fue condenado cuando usted era fiscal general. ¿Comparte la decisión de arresto domiciliario?

Nuestra Constitución establece el principio de libertad. Es decir, una persona puede ser condenada y permanecer en libertad. En ocasiones, estando en el ejercicio de mi cargo, he defendido esta postura. Yo era fiscal general, pero no estuve presente en ese juicio, así que no puedo decir si lo que se debatió fue lo correcto.

¿Qué vínculos mantiene con la oposición venezolana?

Una relación de respeto e interacción, como mantengo con muchos actores del Gobierno. La diferencia es que con el Gobierno no es pública, tiene que ser privada, porque, si no, la vida de ellos estaría en riesgo.

¿Queda algo de chavismo en usted?

Siempre he estado identificada con las causas justas, de respeto a los derechos humanos, la igualdad y la justicia. Me identifiqué con el discurso de Chávez cuando tenía una propuesta humanista, pero se fue desdibujando. Con Maduro, sin embargo, se ha convertido en una tiranía y de atropello a los derechos del pueblo.

¿Por qué tardó tanto en tener una posición crítica con el chavismo?

Los funcionarios del Ministerio Fiscal no pueden tener militancia política. Desde que tomé el cargo el 2 de enero de 2008, siempre fui crítica con el Ejecutivo y en 2009 formé un escándalo por tema de abusos policiales. Luego, en 2014, fui bastante crítica porque detuvieron a casi mil personas en protestas y pedimos para más de 700 la libertad sin cargos, porque eran detenciones arbitrarias. Perseguí a una ministra de salud porque robó casi mil millones de dólares de tres hospitales, pero el Poder Ejecutivo y el Judicial la protegieron. Siempre fui crítica.

¿Cuál es la principal diferencia entre Chávez y Maduro?

Quien está en el poder en Venezuela es un tirano, no un hombre de Estado. Ha sembrado el terror y atropellado los derechos de los venezolanos, que huyen del país porque saben que quedarse es morir. Maduro está implementando un plan de exterminio contra la población y, además, es una amenaza para la seguridad de toda la región.

«La crisis de refugiados pone en peligro la región»
Usted va a acudir a la ONU por la crisis migratoria. ¿Qué acciones debería adoptar?

Debe declarar la crisis de refugiados, porque eso da una serie de derechos a los venezolanos que deambulan por varios países. Primero, la prohibición de devolución y la posibilidad de desarrollarse profesionalmente, ya que muchos han salido y no tienen apostillados sus títulos.

Recientemente comentó que Maduro tiene los días contados. ¿Sigue pensando lo mismo?

Sí, estoy convencida, porque es una bomba de tiempo. Ni la gente acomodada encuentra medicamentos ni comida. O los países entienden la implosión que hay y la atajamos pronto, o pondrá en peligro la estabilidad de la región.

En Venezuela, las líneas de alimentos son solo la evidencia más visible de una nación en caída libre. Conocidas como las colas, las líneas se forman antes del amanecer y duran hasta la caída de la noche, con varios cuerpos gruesos y zigzagueando kilómetros y kilómetros en frondosos barrios de clase media y harapientas barriadas. En un país que se encuentra en la cima de las reservas de petróleo más grandes del mundo, los ciudadanos hambrientos esperan en su día asignado lo que almacenen las reservas: con suerte, harina de maíz para hacer arepas, y en un día realmente bueno, champú.

"Nunca soñé que llegaría a esto", dice Yajaira Gutiérrez, una contable de 41 años, que espera su turno en el centro de Caracas. "Que en Venezuela, con todo nuestro petróleo, estaríamos luchando por obtener tortas de maíz".

En el hospital Dr. José María Vargas de la capital, un médico observó a una mujer de 73 años morir de insuficiencia renal porque el hospital no tenía el medicamento para realizar una diálisis de rutina. En una estación de policía de Caracas, más de 150 prisioneros se amontonaron en una celda hecha para 36 personas, de pie sin camisa (no había espacio para sentarse) en el hedor del sudor y las heces. En el árido estado de Lara, un maestro de escuela primaria contó que los niños se desmayaban en clase debido al hambre. La economía se contrajo en casi un 6% el año pasado, y se espera que disminuya hasta en un 10% este año.

Venezuela fue una vez el ejemplo de América Latina: hogar de Simón Bolívar, que liberó a gran parte del continente del dominio español. Ahora, después de años de mala gestión política y meses en caída libre económica, es la historia de advertencia de la región. El bolívar, la moneda que lleva el nombre del Libertador, ahora se lleva en mochilas en lugar de billeteras; una unidad vale menos que un centavo. Mientras la producción cae en picado, el crimen aumenta. Las peleas frecuentemente se producen en las líneas de comida. El número de asesinatos el año pasado oscilaron entre 17,000 y 28,000. Nadie sabe el recuento exacto, pero a pesar de eso pondría el índice de homicidios de la nación -impulsado por una mezcla letal de pandillas callejeras, cárteles de la droga, guerrillas izquierdistas y paramilitares de derecha que luchan por el poder- entre los más altos del mundo. Incluso los animales están muriendo: unos 50 animales del zoológico se han muerto de hambre en los últimos seis meses porque no hay suficiente comida.

"Es como si hubiera habido un desastre natural, como un huracán que arrasó las cosas", le dice a TIME el gobernador del estado Miranda y un líder clave de la oposición, Henrique Capriles. "Si no buscamos una solución constitucional democrática, me temo que habrá una explosión en Venezuela y terminará colapsando".

Llegar a esa solución parece casi imposible en un país aún gobernado por el legado de un hombre muerto. Durante los 14 años que Hugo Chávez pasó como presidente antes de su muerte en 2013 por cáncer, puso en marcha la dinámica económica y política que creó la catástrofe actual, y la parálisis que ha resultado de ello. En Venezuela, casi todos los políticos, y mucha gente común, todavía se definen a sí mismos como chavistas o como oposición. El actual presidente, el ex conductor de autobús Nicolás Maduro, reivindica el nombre chavista pero no tiene el carisma de su mentor, ni tampoco su buena suerte. Chávez disfrutó de los altos precios del petróleo durante gran parte de su mandato, pero en el reloj de Maduro los precios del petróleo han bajado de $ 100 por barril a tan solo $ 25 por barril. (Ahora está a $ 35 el barril). Chávez gozó de un apoyo popular masivo, pero en las elecciones de mitad de período de diciembre de 2015, la oposición ganó la mayoría de la asamblea por primera vez desde 1998.

Pero la oposición ha sido capaz de hacer poco con su nuevo poder, gracias de nuevo al legado de Chávez. Los jueces chavistas en el tribunal supremo anularon 18 leyes o mociones aprobadas por la asamblea, entre ellas una decisión que anuló una ley que ordena la liberación de más de 100 presos políticos, incluido el líder de la oposición Leopoldo López, encarcelado en un caso que el propio fiscal dijo fue amañado Bloqueada en la legislatura, la oposición está apuntando directamente a Maduro, reuniendo más de un millón de firmas para exigir un referéndum revocatorio que lo quitaría de su cargo. Las encuestas indican que el presidente perdería mucho, pero Maduro todavía tiene las herramientas del estado a su disposición. Entre ellos se incluyen los militares y la policía, que el 27 de julio bloquearon a los manifestantes de la oposición que intentaban marchar sobre la sede del Consejo Nacional Electoral en Caracas.

Maduro ha dejado en claro que no va a ninguna parte. En mayo, declaró el estado de emergencia, ordenando maniobras militares para prepararse para una invasión extranjera imaginaria. En televisión, culpa a los venezolanos ricos que trabajan con la CIA y los paramilitares colombianos al otro lado de la frontera. Un grupo de militantes chavistas marcha a diario en un desafiante apoyo de su asediado presidente. "Estamos listos para derramar nuestra sangre defendiendo a la patria [patria]", dice Endri Carvajal en una concentración de taxis chavistas de motocicletas. "Si hay una intervención, sus soldados morirán aquí".

Venezuela no debería ser así. El país ocupa el 18% de las reservas probadas de petróleo del mundo, sumando casi 300 mil millones de barriles. Pero lo que el diplomático venezolano y fundador de la OPEP Juan Pablo Pérez Alfonzo llamó una vez "el excremento del diablo" ha sido una bendición mixta desde el principio, enriqueciendo a una élite adinerada incluso cuando los pobres se aferran a la vida en barrios pobres como el barrio pobre Petare sobre Caracas. hogar de medio millón de personas.

Sin embargo, a pesar de la enorme desigualdad, Venezuela permaneció relativamente pacífica hasta finales de la década de 1980, cuando los precios del petróleo tocaron una depresión prolongada. Las protestas por las condiciones económicas se deterioraron hasta convertirse en saqueos, y en medio de la confusión, un joven paracaidista llamado Hugo Chávez intentó liderar un golpe en 1992. Chávez cumpliría dos años de prisión por sus acciones, pero finalmente se recuperó para ganar la presidencia en las urnas. en 1998. Comenzó como un populista directo que hizo poca mención del socialismo, enfocando su ira en el establishment corrupto de Venezuela mientras ganaba los corazones de los pobres con su carisma.

Pero después de sobrevivir a un golpe fallido en 2002, Chávez dio un giro radical. Comenzó a lanzar ataques diarios contra venezolanos ricos y sus amigos estadounidenses. Los Estados Unidos ya era un hombre del saco conveniente en la política latinoamericana, gracias a una larga historia de golpes patrocinadores, invasiones directas y gobiernos títeres. Chávez apuntó especialmente al entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, a quien calificó como un demonio literal, diciendo que el atril "huele a azufre aún hoy" después de seguir a Bush en un discurso en 2006 ante la Asamblea General de Estados Unidos.

Para entonces, Chávez era una estrella de rock para la izquierda global, que pensó que había encontrado un modelo posterior a la Guerra Fría en lo que el presidente venezolano llamó su revolución bolivariana. Pero Chávez siempre practicó un extraño tipo de socialismo, confiando en la industria petrolera de Venezuela tanto como cualquier predecesor capitalista. Con el petróleo eventualmente subiendo hasta $ 140 por barril en 2008, su gobierno estaba construyendo un millón de casas nuevas y clínicas médicas de esquina (muchas de ellas atendidas por médicos cubanos, parte de un acuerdo de crudo por medicina con La Habana) e incluso entregando computadoras portátiles y lavadoras en los barrios. "Dijimos que Venezuela se convirtió en el país de los felices pobres", dice el economista Eduardo Fortuny. "Sin realmente mejorar sus ingresos, les dio más cosas. La popularidad de Chávez iba de la mano con su gasto público ".

Chávez también fijó los precios de los alimentos básicos, desde el café hasta las galletas. Cuando las compañías venezolanas dejaron de ser rentables para hacer tales cosas, Chávez simplemente utilizó el dinero del petróleo para importarlas desde el exterior. Después de ganar las elecciones luego de las elecciones, pasó a expropiar a cientos de compañías privadas, desde plantaciones de azúcar hasta granjas lecheras. Y para evitar que las personas boten sus bolívares, que estaban perdiendo valor, restringió quién podría comprar dólares y fijó la tasa.

Esas medidas sembraron las semillas de la crisis actual. Incapaces de comprar legalmente dólares, los empresarios recurrieron al mercado negro, donde los tipos de cambio se dispararon. Si bien la tasa base oficial es de 10 bolívares por dólar, el bolívar ahora cotiza en la calle en más de 1,000. El colapso de la moneda se ve agravado por el bajo precio del petróleo: Venezuela ya no puede contar con que sus exportaciones de petróleo le devuelvan suficientes dólares, lo que significa que no puede importar suficientes bienes para vender a precios fijos, lo que ocasiona escasez.

Y la producción nacional ha sido diezmada ya que las granjas y fábricas que Chávez expropió están casi ociosas. La crisis también ha perjudicado a las compañías internacionales, que han visto desaparecer unos $ 10 mil millones en ganancias en los últimos 18 meses. Muchos se dan por vencidos en el país. En mayo, Coca-Cola suspendió su operación de embotellado en Venezuela debido a la falta de edulcorante, y en julio, McDonald's dejó temporalmente de vender Big Macs debido a la falta de pan.

Por muy malas que sean las cosas en Caracas, la miseria es peor en las provincias. Mario Mora, un trabajador de 52 años de edad, se sienta bajo el sol abrasador en la ciudad de Pavía después de esperar desde el amanecer la llegada de botes de gas para cocinar y calentar agua. La espera es en vano: a las 4 p.m., un oficial de policía informa a la multitud que no llegará gas hasta el día siguiente. Mora tendrá que buscar ramitas para encender un fuego para cocinar pasteles de maíz y frijoles para su esposa y cuatro hijos. Ellos comen una comida al día. "Siempre he sido pobre, pero nunca lo había visto tan mal", dice.

No son mejores los de la clase media urbana que se hacen llamar "los nuevos pobres". Yajaira Gutiérrez, la contable que espera en una línea de comida en Caracas, dice que hace cinco años, su salario valía alrededor de $ 800 por mes. Ahora, a pesar de los aumentos regulares, equivaldría a menos de $ 70. Cuando no puede conseguir comida en las tiendas, recurre al mercado negro, donde los vendedores ambulantes venden alimentos por 10 veces más que las tiendas. "Me he estado limpiando con el jabón destinado a lavar los platos", dice.

Los medicamentos a menudo no se pueden encontrar a ningún precio. Después de que el empresario Rainer Espejo descubriera que su hija de 2 años, Barbara, tenía leucemia, tuvo que recurrir a un vecino que trabajaba en Colombia para contrabandear las drogas que necesitaba. Con los cortes de energía, Barbara está pasando por un tratamiento con aire acondicionado esporádico y escasez de agua que hace que sea difícil mantenerla limpia. "Es una forma cruel de supervivencia", dice Espejo. "Puedes deprimirte". Pero el problema sigue ahí, así que debes enfrentarlo ".

No menos sorprendentes son las cárceles repletas. Algunos presos tienen acceso al agua solo una hora por día, orinan y excretan en bolsas de plástico que esperan que los guardias recolecten. "En estas condiciones, su mente se deteriora", dice Daniel Sayago, de 24 años, quien ha sido acusado de asalto. "Tienes que cerrar partes de ella para sobrevivir".

Para el líder de la oposición Capriles, el único cambio significativo es recordar a Maduro, cuyo mandato se extiende hasta 2019, y celebrar nuevas elecciones. Capriles dice que un nuevo presidente -que podría significarlo- sería capaz de eliminar los controles de los precios y las divisas al tiempo que se alivian los efectos colaterales con la ayuda humanitaria del exterior que es más probable que fluya hacia un gobierno más amigable.

Pero el destino del país puede recaer finalmente en el ejército, otro jugador en un ámbito político abarrotado de grupos armados. El ejército ha respaldado hasta ahora a Maduro, pero ha derrocado con éxito a los gobiernos venezolanos en tres ocasiones en los últimos 70 años, y Chávez ocupó los primeros puestos con aliados luego del intento de golpe de 2002. "Las fuerzas armadas están llegando a una hora difícil, decisiva", dice Capriles. "Y van a tener que tomar una decisión: ¿están con Maduro, o están con la constitución?"

Fuente: Jorge Benezra/Caracas

Aproximarse hoy al chavismo es asomarse a un mundo retorcido donde se ha desterrado el valor de la vida y los DDHH que antes adornaban la retórica revolucionaria. No es nada nuevo, ni algo que descubrimos con la cobarde arremetida contra Juan Requesens. En efecto, se trata del mismo régimen que exterminó sin piedad a Oscar Pérez, quien ya rendido, suplicaba por su vida pensando en su hijo.  El mismo que -con morbo enfermizo- mató de manera lenta e despiadada a Franklin Brito por defender sus tierras, por protestar y luchar por lo que consideraba su derecho.  Por la misma razón centenares de venezolanos han perdido la vida y miles están tras las rejas o perseguidos. Antes de llegar al gobierno, los que hoy desangran a Venezuela decían que “la represión y el asesinato era una política de Estado”, ahora no hay duda, demuestran que la devastación moral, la ignominia y cobardía pueden ser infinitas cuando el poder se convierte en una perversión. Pero ¿Por qué recordar hoy el asesinato de Jorge Rodríguez?

Primero, su muerte ha sido utilizada para tergiversar la historia, ocultando -por ejemplo- que uno de los torturadores era un “compañero de luchas” convertido en delator o minimizando su participación en actos delictivos como el secuestro de William Niehous, lo cual jamás justifica la violencia con que fue mancillado pero nos sirve la mesa para preguntar ¿Ahora qué puede justificar la inclemente y brutal tortura contra Juan Requesens? ¿Qué justifica lo que han hecho a Leopoldo López, José Manuel Olivares y tantos más que merecen ser mencionados pero jamás habría suficiente espacio? ¿Qué corroe el alma de quien es capaz de amenazar con violar a su madre, asesinar a su hermana y usar sustancias sicotrópicas para “quebrar” a este muchacho? Y digo esto para no hablar de historias horrendas de torturas que hemos conocido, testimonios que nos llevan a los confines de lo imaginable.   Segundo, traemos al recuerdo este asesinato ocurrido el 25 de Julio de 1976 porque la víctima era el padre del engendro que hoy expone públicamente las atrocidades de la dictadura.  Sin duda, se debe estar revolcando en la tumba al ver a su hijo degradado a esbirro, cómplice de delitos de Lesa Humanidad y al servicio de un régimen militarista, vende patria e inmensamente corrupto.  Además, es padre también de una pobre mujer –no de una mujer pobre- que por desafueros de la providencia ejerce la Vicepresidencia de este país bizarro y como su hermano, es la más nítida expresión del resentimiento y la miseria humana.

Si el video donde se muestra a Requesens con claros signos de tortura y en una situación dolorosa fue filtrado a la opinión pública por alguien que estando adentro se siente horrorizado o si fue puesto a rodar deliberadamente para intentar quebrar la moral de la sociedad democrática, es una duda que tengo. Sin embrago, creo que la indignación que ha inspirado nacional e internacionalmente puede terminar generando un efecto contrario.  Estemos claros, la globalización del mundo moderno y los avances de la justicia internacional impiden la barbarie que vimos en la Alemania nazi, en la Rusia de Stalin, en Ruanda o Camboya.  Sin embargo, con sus actuaciones Maduro, Diosdado, los hermanos Rodríguez y demás “revolucionarios” exponen ante el mundo su frágil contextura moral y escaso talante democrático, demuestran que poco se diferencian de Hitler, Pol Pot, Mugabe o Ceaucescu; solo para nombrar a algunos de los grandes genocidas de la historia. Francamente, llamarlos miserables sería un acto de benevolencia.  En fin, desde el asesinato de Jorge Rodríguez una cosa si ha cambiado: a los 2 días del homicidio, los cuatro funcionarios de la DISIP responsables del crimen fueron destituidos, acusados y encarcelados. Hoy, la impunidad es parte del horror y sus hijos son protagonistas de la tragedia.

Por: Richard Casanova

Este silogismo tropical muy cercano al realismo mágico garcíamarquiano, es característico de controversiales gobernantes atraídos por la cultura de la muerte, a tal extremo que sobre pasan la naturaleza humana, tal vez aplicado en el extinto presidente prócer de Sabaneta, de quien se dice murió dos veces a finales de diciembre de 2012 y luego en marzo de 2013, tal como en las redes sociales opinara en humor criollo la enfermera del Hospital Militar, “si me pagaran de nuevo confirmo su existencia”.

Lo cierto del caso, es que no siempre da buenos resultados a aquel mandatario que recurre al manido argumento del complot o del magnicidio, para despertar la compasión o la solidaridad perdida, por los desmanes y tropelías cometidas desde la soberbia del poder, llámese Mugabe, Idi Amín, Mao Tse Dong, Sadam Hussein, entre tantos de esa galería del terror despreciados por la historia y por los pueblos que una vez creyeron sus falsas promesas.

Al establecer el secretismo y la calumnia como política de estado, así tenga veracidad un intento de magnicidio, cuando sucede no lo cree nadie, por la cadena de montajes y shows anteriores, donde pretendiera darse un respiro ante la incapacidad gobernante de resolver problemas básicos de la población y de la vida digna.

Los mentores de Nicolás Maduro de la Isla de la Felicidad le han suministrado un copioso expediente de entrenamiento, en el caso de Fidel Castro, el extinto promotor de la revolución cubana registra en el libro de récords Guinness, el mayor número de atentados en su contra, todos con autoría de la Agencia Central de Inteligencia (CÍA) de los Estados Unidos. Según datos recopilados por el portal Yahoo!, desde su llegada al poder en 1959 y hasta su dimisión en 2006, se contabilizaron 638 intentos fallidos de asesinato en todas las formas desde veneno inyectado en uno de sus puros, carga explosiva en una pelota de béisbol y en uno de sus zapatos, y tantos otros atentados que terminaron sirviendo sólo como guión de películas de James Bond.

Si nos referimos a su antecesor Hugo Chávez, éste recreó en sus peroratas dominicales decenas de atentados que había sufrido, entre ellos uno de un lanza misiles que encontraron en el aeropuerto de Maiquetía, en unas circunstancias que indican la mano poco creativa del G-2 cubano. Ninguna de estas hazañas trazadas por el culto a la personalidad, han impedido que sus estatuas hoy muerdan el polvo del desprecio popular en varios pueblos de Venezuela.

Como buen alumno el actual mandatario nacional según el Diario El País de España (06/07/2018) ya lleva contabilizado 16 atentados, y miles de horas desperdiciadas en cadenas presidenciales presentándose como la victima del imperio y de los actuales prósperos vecinos de la CAN, entre tanto Venezuela se muere de mengua, ante la incapacidad de un gobernante que no despierta emoción alguna en la población, demostrada en la menguada cuadra y media de empleados públicos que asistiera a la marcha de solidaridad con Maduro el pasado lunes. Situación que refleja la desesperación de un pueblo harto de anuncios, gabinetes maquillados y de sufrir la extrema pobreza que exige capacidad de respuesta.

Si pretendió darse un cuarto de horas más de respiro político con el acto bufo del sábado, lo que ha producido es la hilaridad universal, ante las imágenes poco cónsonas con la disciplina militar, de una tropa despavorida en estampida no precisamente en defensa de su presidente, sino del sálvese quien pueda ante la catástrofe nacional que hunde a la nación venezolana.

Fuente: Reporte Catolico Laico

Esta semana se cumplieron 235 años del nacimiento de Simón Bolívar. En Venezuela, no faltaron los homenajes oficiales, las palabras hinchadas y sonoras. El general Vladimir Padrino, ministro de Defensa, afirmó que “Bolívar está vivo en nosotros, en nuestra ideas. […] Hemos rescatado a Bolívar para hacer una nueva sociedad”. El presidente Nicolás Maduro no se quedó atrás: “Estamos del lado correcto de la historia, porque somos la historia, porque Bolívar es la historia”. Un día después, él mismo anunció que su gobierno había decidido eliminarle cinco ceros a la moneda que por supuesto también lleva el nombre del padre de la patria, al bolívar de todos los días, con el que a duras penas los venezolanos intentan sobrevivir.

El uso político del libertador no es nada nuevo en Venezuela. Historiadores importantes, como Germán Carrera Damas, Luis Castro Leiva o Elías Pino Iturrieta, entre otros, han escrito libros imprescindibles, dedicados a desentrañar la profunda relación religiosa que se ha establecido entre el país y su prócer. Se trata de una devoción que casi tiene dos siglos, que empezó a funcionar como un mito cohesionador, como un mecanismo simbólico que podía aglutinar a un país devastado por la guerra, pero que ahora puede funcionar de manera inversa, como la representación de la tragedia, de la destrucción. El mito de Bolívar como Padre de la Patria, que le dio unidad a una nación fragmentada, terminó siendo utilizado por Chávez para dividir al país y llevarlo de regreso a las ruinas.

La historia política de Venezuela podría ser revisada y analizada también como la cronología del uso y abuso del mito fundacional de la república. El bolivarianismo se transformó en una religión civil, destinada a legitimar y consagrar a los sacerdotes de turno. No hay gobernante, o aspirante a serlo, que no intente establecer algún tipo de relación utilitaria con el mito. Pero es con la llegada de Chávez, sin duda, cuando la invención de Bolívar alcanza su dimensión más aterradora, hasta llegar a convertirse en terrible instrumento de dominación y sometimiento.

Desde que trató de tomar el poder con las armas, en el fallido golpe militar de 1992, Hugo Chávez asoció su voz y sus acciones al Padre de la Patria. El 2 de marzo, apenas un mes después del alzamiento, declaró que “el líder auténtico de esta rebelión es el general Simón Bolívar”. Chávez nunca ocultó su ansia de posteridad y grandeza, su ambición por aprovechar la liturgia bolivariana para incorporarse a ella y desarrollar su propia sacralización. Desde el comienzo de su vida pública se presentó ante el país como el militar que llegaba, desde el fondo de la historia, a cumplir las promesas que Bolívar había dejado abiertas. El Chávez de la historia, en el fondo, siempre estuvo al servicio del Chávez de la fe.

Con la autoproclamada revolución, el bolivarianismo se convirtió en exceso delirante. Dejó de ser un adjetivo y se convirtió en un adverbio. Como señala José Pascual Mora-García, con el chavismo Bolívar deja “de ser una metáfora para convertirse en una metonimia. Bolívar ya no es un sueño a alcanzar, está al alcance de la mano; todo fue bautizado con el epónimo bolivariano: se marcha bolivarianamente, se come caraotas bolivarianas, y hasta la Carta Magna, devenida en nuevo catecismo de la patria es bolivariana”. El culto al libertador deja de ser un elemento unificador y pasa a ser su contrario, un instrumento de la segregación. Lo bolivariano es un nuevo modo de pureza, una virtud que solo tienen aquellos que aceptan ciegamente el poder establecido. Lo diferente, lo diverso, lo independiente es por contraste la antihistoria, la antipatria. El chavismo inauguró un proceso que esconde un riesgo fundamental: la triviliazación del mito. La bolivarianización de la estupidez, de la mediocridad, de la delincuencia.

Todo se volvió bolivariano y ahora todo es un desastre. La calificación con la que el gobierno venezolano pretendía refundar la historia es hoy una vergüenza, la forma de nombrar un cataclismo. Ya no hay bonanza petrolera ni sueños de expansión. Ya el chavismo no grita la consigna “¡Alerta! ¡Alerta que camina / la espada de Bolívar por América Latina!”; ahora son los propios venezolanos, desesperados y hambrientos, quienes huyen del supuesto paraíso que supuestamente creó el supuesto sucesor de Simón Bolívar.

No hay manera ya de escapar de esa marca. Desde el 2007, el chavismo le ha quitado ocho ceros a la moneda. Es un maquillaje inútil para tratar de disfrazar el fracaso de un modelo, la bolivariana hiperinflación que ya sacude al país. Tan bolivariana como la corrupción que, según las denuncias, alcanza miles de millones de dólares. Tan bolivariana, también, como la destrucción de la empresa petrolera y de todo el sistema productivo del país. Tan bolivariana como la represión y la censura. Tan bolivariana, por desgracia, como la muerte de venezolanos a causa de la desnutrición o de la escasez de insumos clínicos.

En las primera páginas de su libro ¿Por qué no soy bolivariano?, el historiador Manuel Caballero propone una primera respuesta que casi parece un juego de palabras: “No soy bolivariano por la misma razón que no soy antibolivariano”. Porque no es necesario. Porque no hace falta. Caballero acude al sentido común para tratar de desactivar ese primer territorio, irracional y sensible, donde se alimenta la devoción ciega, la fe en los mesías que llevan uniforme y montan a caballo.

Hugo Chávez aprovechó el bolivarianismo para resucitar una de las peores tradiciones de la historia venezolana: el caudillismo militar. Llevó al país de regreso a lo peor del pasado. En todos los sentidos. Hoy los soldados ganan más que los educadores y que los médicos y las enfermeras. Los militares controlan la economía y la gestión pública. Tiene razón el ministro Vladimir Padrino cuando señala que han rescatado a Bolívar para crear una nueva sociedad. Una sociedad excluyente y autoritaria, donde ellos gozan de todos los privilegios y no le rinden cuentas a nadie.

La devaluación de Simón Bolívar también es una obra del chavismo. El mito se devalúa a la misma velocidad que se devalúa la moneda y la calidad de vida de los venezolanos. Esa es también una de las batallas del presente y del futuro. Repensar la historia. Recuperar la condición civil de la república. Pensar y ejercer de nuevo la política en términos ciudadanos. Volver a entender, a más de doscientos años del nacimiento de Bolívar, que no se necesita de un general o de una religión para ser un país.

En una tarde húmeda reciente en la ciudad fronteriza colombiana de Cúcuta, una mujer venezolana envolvió a su hija recién nacida en una manta de color amarillo pálido y la dejó con una nota junto a un automóvil estacionado cerca de un estadio que albergaba un día de campo de la escuela secundaria

"No tengo los medios para cuidarla", escribió en un papel cuadriculado con un borde rosado de corazones, huellas y flores. "Ella tiene cuatro días y su nombre es Angela".

Aproximadamente una hora más tarde, otra mujer, su hijo y un amigo adolescente salieron del estadio y oyeron llorar al bebé. Siguieron el débil gemido en el coche, justo cuando el conductor estaba encendiendo el motor, acercándose peligrosamente a la niña.

"¡Para!", Gritaron. La mujer levantó a la niña del suelo, y luego le dijo a la policía que podía ver hormigas trepando por el cuerpo de la recién nacida. Los oficiales llegaron en minutos y llevaron al niño a un hospital cercano. Los médicos descubrieron que el cordón umbilical de la bebé había sido cortado y atado, lo que indica que nació en un hospital.

Pero aparte de la nota, que decía que la madre era venezolana, no había nada que identificara a la niña, que comienza su vida en medio de un éxodo de Venezuela en el que los niños son cada vez más víctimas del abuso, la desnutrición e incluso el abandono.

"Es triste que la madre haya tomado esta decisión", dijo el mayor Amaury Aguilera, el oficial que supervisa la investigación. "Para simplemente, tan fríamente, abandonarla".

Mientras los venezolanos huyen de la economía colapsada de su país y un gobierno autocrático en números crecientes, se está volviendo evidente la triste cifra entre los recién llegados a Colombia: los niños duermen en las calles, sufren hambre e infecciones no tratadas y algunas veces son atraídos al trabajo sexual.

"Es triste que la madre haya tomado esta decisión", dijo el mayor Amaury Aguilera, el oficial que supervisa la investigación. "Para simplemente, tan fríamente, abandonarla".

Muchos venezolanos han hecho largos viajes a pie y en autobús cuando llegan a Cúcuta, una ciudad montañosa donde se puede ver fácilmente su tierra natal desde las cimas de sus montañas. A menudo tienen poco más de un dólar en sus bolsillos, cuando mucho, y varias bocas que alimentar.

El resultado, dicen los defensores de la policía y el bienestar, ha sido un aumento en el número de padres angustiados que arrastran niños a lo largo de las calles llenas de humo y congestionadas de Cucuta mientras tratan de vender cerveza de raíz o dulces para pagar un techo sobre sus cabezas.

Una tarde reciente, la policía de Cúcuta encontró a Eliusmar Guerrero, de 17 años, vendiendo piruletas con su hija de 18 meses. Guerrero dijo que ella y su esposo no habían podido pagar su habitación en un departamento durante los últimos tres días. Sin familiares en Colombia que la ayuden a cuidar al niño, dijo que no le quedaba más remedio que salir a la calle con la esperanza de vender algunos caramelos con su bebé a cuestas.

"Estamos hambrientos aquí", dijo, equilibrando a su risueña hija en una cadera ante la luz fulgurante de la policía. Mientras los oficiales transportaban a Guerrero y su hija a las oficinas de bienestar infantil de Cúcuta, abrazó a su hija y comenzó a llorar. "Me temo que me la quitarán", dijo.

En contraste con Estados Unidos, donde más de 2.000 niños fueron separados de sus padres en la frontera con México bajo la política de cero tolerancia de la administración Trump, los funcionarios colombianos dicen que están tratando de mantener juntas a las familias migrantes recién llegadas al tiempo que aumentan el número de familias de acogida disponibles para intervenir en cualquier momento cuando sea necesario.

Las autoridades decidieron colocar a Guerrero y su bebé juntos en uno de estos hogares. "El núcleo familiar no puede separarse", dijo Ingrid Vélez, trabajadora social del Instituto Colombiano de Bienestar Infantil. "Los lazos emocionales se romperían". Las cifras proporcionadas por el gobierno muestran que 502 niños venezolanos han sido retenidos por las autoridades desde el comienzo de 2017. Noventa y nueve de ellos fueron determinados como víctimas de negligencia, mientras que 80 habían sufrido abuso sexual. Decenas de personas fueron determinadas como sin hogar, maltratadas físicamente o en estado de desnutrición cuando llegaron a las oficinas de bienestar infantil.

A una cuadra del comedor de beneficencia de la iglesia, Daniel Villegas, de 5 años, comparte una habitación con varios parientes extendidos, sus padres y tres hermanos, uno de ellos con microcefalia. Su padre contrabandea cerveza de raíz venezolana al otro lado de la frontera y vende cajas por un poco más de un dólar cada una, lo que da a la familia apenas suficiente dinero para comprar comida.

Daniel, un chico delgado y de voz suave que quiere ser un pescador cuando sea grande, duerme en un colchón sucio con otros dos niños. Dijo que sueña con el comedor de beneficencia, donde puede comer carne, un manjar que no consumió durante meses en Venezuela.

"Me molesta", dijo tímidamente sobre las incómodas condiciones para dormir. Luego, señalando a su espalda, dijo: "Esto duele". A lo largo de las orillas del fangoso río Táchira que divide Colombia y Venezuela, las condiciones para los niños del grupo indígena Yukpa de Venezuela son aún peores: muchos tienen piojos y vientres distendidos por desnutrición o parásitos. Los grupos indígenas en ambos países se han descuidado hace tiempo. Sin embargo, incluso mientras sus hijos sobreviven con raciones de patatas cocinadas sobre fuego rústico, el líder Yukpa Dionisio Finol dijo que están mejor en Colombia que en Venezuela. "Al menos aquí pueden comer", dijo.

Sin embargo, por cada niño que asimilan las autoridades colombianas, muchos más están fuera de la vista y viven en condiciones iguales o más precarias. La policía de Cúcuta dijo que había encontrado solo un caso de menor involucrado en el trabajo sexual, pero en una sola visita a un parque conocido como centro de prostitución, The Associated Press habló con tres chicas venezolanas que describieron haber comenzado a trabajar como prostitutas allí en edades 15 y 16.

"Me paré en ese poste y comencé a trabajar", dijo una niña, ahora de 18 años, señalando una farola a lo largo del borde del pequeño y concreto parque de la ciudad.

Hablando bajo condición de anonimato por temor a represalias, la adolescente dijo que comenzó a tener relaciones sexuales hace dos años después de emigrar a Colombia y no poder ganar dinero. Ella describió el trabajo como "repugnante" y dijo que logra enmascarar su dolor tomando "cripy", una forma modificada de marihuana que contiene niveles más altos de THC. "¿No puedes verlo en mis ojos?", Preguntó, sus ojos marrones oscuros fijos en una entumecida bruma.

Cúcuta es una ciudad con una de las tasas de desempleo más altas de Colombia en una región que es un hervidero de violencia relacionada con las drogas, y las familias venezolanas que se quedan atrapadas a menudo viven de 10 a una habitación en viviendas sin camas que alquilan por 17 pesos a la semana.

Algunas familias venezolanas, ansiosas por dejar Cúcuta para ir a ciudades más prósperas en Colombia u otras partes de América Latina pero sin el dinero para comprar un boleto de autobús, ahora eligen caminar hacia su próximo destino, con niños a su lado. Si tienen suerte, pueden hacer autostop con extraños durante gran parte del camino.

"Estoy dispuesto a caminar durante tres, cuatro, cinco años", dijo Darwin Zapata, quien partió de Cúcuta con su hijo de 12 años con la esperanza de llegar a Perú, a 2.400 kilómetros (1.500 millas) al sur. Huyó a Colombia después de perder su trabajo en Venezuela y ser brevemente secuestrado. Ambas maletas con ruedas al costado de una carretera en una mañana reciente. "Lo que sea necesario."

Los más desesperados están dispuestos a renunciar a sus hijos por completo. Aunque la policía dijo que el caso de la recién nacida Ángela fue su primera, el bienestar infantil, la iglesia y los trabajadores sociales dijeron que hubo otros. Una trabajadora social del hospital recordó a una joven madre de cuatro hijos que llevó a su hija de 5 meses al hospital por desnutrición y decidió dejarla allí, diciéndole al personal que no tenía medios para cuidarla.

"Ella regresó tres veces", recordó Andrea Portilla, la trabajadora social. "En el fondo, ella no quería abandonarla. Pero la situación la obligó a hacerlo ". Finalmente, ella no regresó.

En el caso de la bebé Angela, los oficiales aprovecharon la poca información disponible para buscar registros de recién nacidos en cada hospital cercano. En su nota, la madre de Ángela solo dijo que era venezolana y firmó su nombre Catalina. Los investigadores ahora creen que ambos nombres probablemente fueron inventados. No pudieron encontrar a ninguna mujer llamada Catalina que hubiera dado a luz a una hija llamada Angela la semana anterior.

"Ella probablemente sabía que eso era lo primero que íbamos a buscar", dijo Aguilera. Cuando un niño es encontrado abandonado en Colombia, los funcionarios están legalmente obligados a hacer todo lo posible para encontrar a un familiar en Colombia o Venezuela que pueda cuidarla, una tarea que se complica aún más a medida que las relaciones entre las naciones andinas se vuelven irritables. Mientras la policía continúa su investigación, la niña con un grueso nido de cabello negro es mecida por lo que Colombia llama una "madre sustituta".

Diversos acontecimientos monetarios acaecidos a lo largo del siglo XX, tal como el abandono del patrón oro (más adelante lo abordamos) y la posterior instauración del patrón dólar (más adelante lo abordamos) fueron el “portón de entrada” para que regímenes irresponsables inflaran su moneda en aras de hacer frente a sus obligaciones, sin tomar en cuenta las horrendas consecuencias de esa destructora política que ha conducido a devastadores momentos de hiperinflación entendida como un aumento de la inflación muy fuerte y prolongado en el tiempo al extremo de trastocar todos los precios de la economía de forma no proporcional (algunos precios suben más que otros) habida cuenta que no existe un nivel de precios (denominación comúnmente mal utilizada).


La hiperinflación como proceso puede caracterizarse en tres etapas: PRIMERA ETAPA: El punto de partida se ubica en la decisión gubernamental de imprimir dinero sin ningún tipo de respaldo metálico con el propósito de autofinanciarse— sin haber contribuido a la generación de la riqueza nacional como fuente de la política fiscal—para hacer frente a sus obligaciones y gastos (mayormente populistas y de demagogia electoral) al igual que para pagar una elevada nómina gubernamental, amortizar la deuda pública interna, cubrir el déficit de las empresas estatales, financiar algún inviable modelo económico-ideológico, etc. SEGUNDA ETAPA: Se inicia cuando los ciudadanos perciben que la inflación es una política deliberada del régimen instrumentada con intenciones soterradas y sin interrupción; razón por la cual intentarán canjear su dinero por bienes reales (los necesiten o no) induciendo que la función del dinero como depósito de valor (su poder adquisitivo trasciende en el tiempo) se desplome ante la percepción de una caída de su poder adquisitivo al punto que algunos bienes son utilizados como valor-refugio (con la esperanza de su revalorización a futuro); hecho que en conjunto impulsa un alza de los precios ante el impacto de la demanda anticipada de bienes reales que de igual modo induce una mayor movilización del dinero en efectivo en pro de intentar adquirir, sin retardo, dichos bienes que diariamente aumentan de precio, trayendo como consecuencia que la cantidad de dinero que circula en la economía se haga insuficiente, en razón a que los precios en su subida absorben una cantidad de dinero adicional generando una escasez de efectivo que el régimen “enfrenta” emitiendo mucho más circulante y/o incorporando un nuevo cono monetario (conjunto de monedas de más alto valor) que continuará siendo insuficiente e impulsando la inflación. TERCERA ETAPA: Se alcanza cuando el sistema monetario queda destruido ya que la moneda nacional prácticamente ¡es repudiada por los ciudadanos! dando preferencia al uso de divisas de mayor fortaleza, al extremo de impulsar que el Estado sienta la necesidad de crear una nueva moneda canjeable por la antigua en aras de combatir el proceso de dolarización espontánea de la economía. Vale acotar que, adicionalmente, la hiperinflación trae consigo otras consecuencias 1.- Un empobrecimiento masivo, escasez y desempleo; 2.- Una caída de los salarios reales a pesar de los incrementos nominales; 3.- Una reducción y obsolescencia de la estructura productiva nacional ante la disminución de las inversiones.

Es de señalar, que la principal, pero no única, causa de la hiperinflación es el exceso de emisión de dinero en mucho propiciada por la eliminación del patrón oro que hace referencia a un sistema monetario respaldado por el oro donde el valor de cada unidad monetaria se fijaba en términos de una cantidad específica de oro de forma tal que el país emisor de la moneda garantizaba que estuviese respaldada con oro. Este patrón se mantuvo hasta su abolición en 1971, cuando EEUU renunció a la convertibilidad del dólar en su equivalente en oro luego de haberse escogido en 1944 en la reunión de Bretton Woods (EEUU) como moneda eje del patrón oro en función a una estrategia para un mejor funcionamiento del comercio internacional, al tiempo de instituirse como la moneda de intercambio internacional y como principal divisa en las reservas internacionales (para ese momento EEUU contaba con un tercio de las reservas mundiales de oro) bajo la condición que sería convertible a su valor equivalente en oro; y de esta manera las demás monedas se comenzaron a cotizar en dólares como referencia y medio de pago confiable para exportadores e importadores.

La armonía monetaria a nivel internacional que había propiciado el patrón oro, culminó en agosto de 1971 y a partir de ese momento las monedas se sostienen únicamente en razón a la ¡confianza! depositada en ellas a la luz del desenvolvimiento de su economía, es decir se dio origen a un dinero fiduciario que está respaldado en la confianza de la sociedad, es decir que no se basa en el valor de metales preciosos sino en la creencia general de que ese dinero tiene valor a pesar de ser inconvertible y de circular en un sistema de flotación relacionado con el dólar USA hasta perfilar el denominado patrón dólar, siendo un sistema que funcionó medianamente bien hasta la crisis del 2000 cuando algunos “gobernantes” perdieron la moderación en la emisión de dinero fiduciario; tal como el caso venezolano que saltó del puesto 11 en el ranking mundial de hiperinflación 2017 al ¡primer puesto en 2018!, ubicación que con toda seguridad conservará ante la tasa de inflación anualizada esperada para finales de año: 200.000% (en camino de superar históricamente el caso Zimbabue la mayor hiperinflación “por ahora” conocida); al extremo que Venezuela ante el manejo irresponsable e inescrupuloso del régimen de un sistema monetario que debe sustentarse en la confianza, ha perfilado el bolívar como una ¡moneda apátrida! ya que ningún país la considera destinatario; e inclusive a ¡nivel nacional! que de no existir control de cambio los ciudadanos, con toda seguridad, aspirarían cambiar su existencia monetaria por US$ (u otra divisa) pero que en el presente tampoco podrían hacerlo ya que el país prácticamente ¡no cuenta con divisas en sus reservas internacionales!

Reflexión final: Ante la obviedad que el buen funcionamiento de un sistema monetario depende del sano juicio económico del gobierno, nos resulta difícil visualizar para Venezuela (ceteris paribus) la superación del hecho hiperinflacionario más aún cuando tiene un componente intencional como estrategia para aniquilar el aparato productivo y comercial privado, y de dominación social en el marco de la “mano extendida”; con la torpeza implícita que la cúpula oficialista y sus más cercanos adláteres a pesar de haberse convertido en “nuevos ricos” también vivirán “enclaustrados” en un país signado por la POBREZA.

Si usted se fija bien en la última historia presidencial, Hugo Chávez nació en una casita de barro, durante la dictadura. Y nada más llegada la democracia fueron sacados a una casa de verdad, con luz eléctrica; se le educó gratuitamente, se le operó y trató gratis. A su padre se le educó en programa especial y se le transformó en maestro, en coordinador, en director de colegio, director de grupo y jefe de sección hasta llegar a la cúpula de los destinos públicos, jubilándose a los 20 años de trabajo y con lo reunido pasó de un rancho de bahareque, con techo de palma a dos aguas a comprar con su esfuerzo de profesor y empleado público una finca de 20 hectáreas, con tractor, desgranadoras, ordeñadoras y más de 100 animales de todo tipo (1).

Ya quisieran hoy los campesinos tener esas oportunidades. Era como para estar agradecidos con la democracia porque salieron de la miseria, algo que en 150 años de dictadura y botas militares nadie soñó en su familia. Sus hijos serían profesionales universitarios, educados gratuitamente y a todos se les dio empleo digno. Y aún siendo ellos la prueba más clara de que Venezuela es la tierra de las oportunidades, se empeñaron en mentir descaradamente, sobre que la democracia nunca dio oportunidades a los pobres.

Abra, amigo lector, cualquiera de las biografías del despropósito que dirige esta “nueva República”, y se encontrará con una única constante. La mayoría de los ministros, gobernadores y alcaldes nacieron en la pobreza durante la dictadura militar o el comienzo de la democracia, como muchos de nosotros; el resto son representantes de la clase media baja.

La mayoría de ellos siendo pobres, pudieron estudiar gratuitamente en las escuelas y liceos, asistieron gratuitamente a las universidades que no existían en dictadura, absolutamente todos consiguieron buenos empleos. Del liderazgo principal en los ministerios, a todos y especialmente a los comunistas, la democracia les permitió no solo graduarse, sino que fueron enviados a las mejores universidades de Europa y Estados Unidos a hacer sus maestrías y doctorados.

Algunos nacidos en la pobreza y llegado Chávez, todos ellos ya eran universitarios, maestros y doctores, con sus casas y automóviles, todos tenían buenos empleos y una vida digna.

¿Pueden ellos decir que los pobres no tuvieron oportunidades, siendo ellos la prueba clara de lo contrario?, ¿Pueden ellos hablar de que los oligarcas no les dieron oportunidades, si sus propias biografías son prueba categórica de lo contrario? Y ¿quiénes fueron los oligarcas? ¿Rómulo Betancourt? Hijo de un inmigrante canario establecido en la Guarenas del siglo XIX.

¿Raúl Leoni? Hijo de otro inmigrante radicado en El Manteco asolado por la malaria. ¿Carlos Andrés Pérez? Que nació en un rancho del siglo XIX y que salió a lomos de un burro de su tierra.

¿Jaime Lusinchi? Hijo de una increíble doña María que regentaba una pensión y a veces se iba sin comer a la cama para que su hijo pudiera estudiar medicina. ¿Rafael Caldera? huérfano de padres españoles y criado en el estricto hogar de Tomás Liscano. Si algo ha tenido la presidencia democrática de Venezuela, sus ministerios y la mayoría de su funcionariado toda la vida, es que ha estado “100% libre de ricos y burgueses”. ¿Justicia, Independencia de Poderes? ¿Acaso no hay mayor mentira cuando los golpistas hablan de la justicia de la 4ta. República, cuando ellos querían nombrar al Fiscal General, Ramón Escobar Salom, para su Junta de Gobierno?

La verdad es que Chávez su familia y quienes hoy gobiernan estaban relegados a vivir como todos los dictadores y comunistas que se adueñan de un País, porque el cabito terminó viviendo en un hotel de París con botellas de coñac de 1.000 dólares de la época; Marcos Pérez Jiménez en su cuenta tenía nada menos que el presupuesto de la educación de todos sus ancestros.

Mientras que a Rómulo Betancourt hubo que hacer una colecta para comprarle una casa porque no tenía dónde vivir y aceptó el regalo condicionado a que una vez muerto, la casa sería un museo. Sus hijos, por tanto, no heredaron absolutamente nada, como tampoco heredaron fortuna los hijos de Leoni. Conozco a los hijos de Lusinchi que heredaron solo buenos recuerdos, y Caldera legó su dignidad a toda prueba, como Luis Herrera del que nadie puede negar que más allá de sus quesos llaneros, jamás se preocupó en hacer fortuna.

Dejo de penúltimo al “hombre más temido y odiado por Chávez, Carlos Andrés Pérez, que muere en estado de semiabandono (por los millones que votaron por él).

Y de último dejo al hombre que nunca sabremos cuánto legó a sus hijos Hugo Rafael Chávez Frias. Infórmense como viven, y no se como hizo el inocente, porque con “su sueldito”, dos ex esposas y varios hijos, es difícil. 

Pero a Venezuela sí le dejó el más catastrófico legado:

Hugo Chávez dejó partido en dos al país, prostituyó el ejercicio ético y moral de la función publica, destruyó a la izquierda, reinstauró el militarismo, instauro el Estado forajido, el Narcoestado y el Estado fallido, destruyó le ética y moral de las FFAA, triplicó la deuda pública nacional nacional e internacional, acabó con PDVSA y las empresas básicas de Guayana, quebró las arcas, y parafraseando a Cabrujas: “Ni la caída del muro de Berlín, ni Yeltsin inaugurando un McDonald’s junto a la tumba de Lenin, hicieron tanto por la derechización nacional”.

Javier Riera: Especial para los mas jóvenes. Para que aprendan la verdad sobre la democracia. Y que ésta no hizo más que dar oportunidad de superación a quien así lo quería. No se crean las mentiras del chavismo. Averiguen, estudien la historia, tengan mente racional y critica, porque tragar sin masticar, atora.

La crisis general parece no tener fin, por lo menos por ahora. Y es que no lo tendrá mientras Venezuela siga bajo el yugo de la autodenominada “revolución bolivariana”, y con la conducción de Nicolás Maduro. Muestra de ello es que justo al cumplirse dos meses de su reelección y su “victoria” en las elecciones presidenciales del 20 de mayo, la nación está convulsa con protestas por falta de agua, efectivo, transporte, electricidad, comida y bajos salarios. Y las protestas son espontáneas y no producto de la dirección de algún partido político. Ese es el dato central. Ha comenzado a desatarse un paro de facto que podría eventualmente conducir -esto lo han señalado a lo interno de lo que queda de la MUD- a un estallido social.

Nada más este jueves 20 de julio se produjeron -solo en Caracas- más de ocho protestas simultáneas: trabajadores de la Cantv; trabajadores del Ivic; docentes de la Alcaldía de Sucre; pensionados (a nivel nacional); vecinos de distintos sectores por escasez de agua; jóvenes por transporte Chacao; Cañicultores en la avenida Urdaneta y personal médico del Hospital de El Algodonal. Mientras tanto, el Ejecutivo nacional ha ignorado la mayoría de estas manifestaciones y solo se enfocó durante un acto de grado de médicos integrales en revisar sus salarios. El país ha estado convulsionado estos días. Y es un alerta para el régimen. De allí que las voces críticas del Psuv comiencen a exigir abiertamente un rectificación del modelo. Y proponen a Diosdado Cabello como timonel de ese cambio a través de la espuria ANC. Y a lo interno de la Fuerza Armada no se sabe a ciencia cierta qué ocurre, pero en los cuarteles las cosas tampoco andan nada bien, según ha señalado Rocío Sanmiguel, experta en asuntos militares.

Las protestas en este segundo período del año no mermarán. Y es que solo en el primer trimestre de 2018 hubo 5315 protestas, equivalente a un promedio de 30 diarias. El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) reveló que se registró un aumento de 8% en comparación al primer semestre de 2017 y que junio fue el mes con mayor índice de protestas. La mayoría de las manifestaciones, cerca del 84%, se caracterizó por la exigencia de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Las consecuencias fueron 12 muertos en protestas por alimentos y servicios básicos.

Pero, este es el resultado de políticas económicas erradas, que han desatado la mayor corrupción vista en la República, según la enorme lista de detenciones emitidas por el Fiscal designado por la ANC, y ahogando al país en una hiperinflación que llegó a 128,4% el mes de junio, superando en 18 puntos la del mes de mayo y la acumulada en 4.684,3%, según datos estimados por la Asamblea Nacional (AN), generando una crisis general con una que limita el acceso a alimentos, medicinas y demás productos básicos.

En el seno de la Mesa de la Unidad Democrática aún se preguntan cómo es que pese a este terrible escenario en el país no se ha producido un estallido. Se lo preguntan sus dirigentes en privado. Y advierten que esto es una bomba de tiempo que se sabe cómo puede comenzar, pero se desconoce cómo termina y a qué conduce. Nadie quiere estallido ni un golpe de Estado. Pero los procesos sociales tienden a ser impredecibles cuando se le añade el factor de la crisis económica. Y de eso último es lo que le sobra al país.

Fuente: elcooperante

     La situación en Petróleos de Venezuela (Pdvsa) se hace cada vez más crítica. Fuentes cercanas a la oficina de Recursos Humanos de esa dependencia nos confirman que aproximadamente un 20% de la población laboral técnica y profesional se ha ido de la industria, y otra cifra similar habría anunciado su renuncia para lo que resta de 2018, lo cual dejaría en estado de postración a la empresa petrolera, al no poder contar con suficiente mano de obra calificada y especializada en las áreas de perforación, producción y refinación de crudo y derivados.

Para los venezolanos la oscuridad comienza apenas abren los ojos y se preguntan cuánto costarán hoy los bienes y servicios más elementales.

Desde 2016, el poder adquisitivo del bolívar se ha desplomado y cada día se presentan nuevos obstáculos a causa del colapso de un modelo económico sustentado en los controles a la actividad privada y un estatismo exagerado. El resultado de ese modelo ha sido la hiperinflación.

La hiperinflación pasó a ser el principal problema del país desde noviembre de 2017, cuando el Índice de Precios al Consumidor, la metodología para medir la variación mensual de precios de bienes y servicios, mostró un alza superior al 50 por ciento con relación al mes anterior, según cálculos de la Asamblea Nacional. Las alarmas se encendieron y de inmediato se puso de moda el nombre de Phillip Cagan, el economista que en los años cincuenta señaló ese porcentaje como el momento en que la hiperinflación se materializa de manera innegable.

El deterioro económico venezolano ha ido aparejado con un incesante aumento de la criminalidad. En 2017 se contabilizaron 26.616 muertes, entre las cuales se reseña una novedad: 5535 corresponden a “enfrentamientos con la autoridad”. Es decir, son responsabilidad directa del Estado.

El efecto social de este fenómeno es el “sálvese quien pueda” marcado por dos termómetros. Uno es el tipo de cambio, que se dispara de la noche a la mañana. El otro es la búsqueda frenética de alimentos y medicinas, que han empujado a los venezolanos a una sobrevivencia bajo la ley de la selva, una lucha sin reglas, donde “vale todo y nada vale”. Los mensajes en redes sociales del servicio público de medicinas, por ejemplo, sirven para conectar al familiar desesperado de un enfermo con un revendedor de medicamentos que impone un precio exorbitante; el empleado de una industria de alimentos le vende el producto a sus allegados al precio de la calle, el vecino te toca el timbre a las siete de la mañana para darte la noticia de que a tu carro le robaron los dos cauchos traseros, la batería y “le ordeñaron” el aceite, como me pasó esta semana.

Alfredo Infante, un sacerdote jesuita, caminaba por el centro de Caracas cuando sintió que el frío le recorría su cuerpo. Como paciente diabético, Infante sabe que esa es la señal inequívoca de un bajón de azúcar. En una panadería pidió una barra de chocolate. “De las pequeñas, por favor”, dijo. La vendedora puso el chocolate sobre el mostrador y anunció el precio: 250.000 bolívares. Infante quedó estupefacto. “Me vas a cobrar un cuarto de millón de bolívares por un chocolate”, protestó. “El dólar amaneció en casi 300.000 bolívares. Te estoy cobrando menos de un dólar”, explicó la vendedora.

Para entender este “sálvese quien pueda”, deben analizarse los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) de 2017, un estudio sobre las condiciones de vida en Venezuela que dirigen las tres universidades autónomas más importantes del país. Encovi revela que los venezolanos han perdido en promedio 11 kilos en los últimos dos años, al igual que otros datos aterradores: el 87 por ciento de los venezolanos se encuentra por debajo de la línea de pobreza; 8,2 millones de venezolanos comen dos o menos comidas al día. En Venezuela hay una crisis moral y social en medio del hambre.

El presidente Nicolás Maduro anunció esta semana un aumento del salario de 58 por ciento (329.646 bolívares —equivalentes a 1,83 dólares mensuales). El bono de alimentación quedó en 915.000 bolívares. Pero es solo otro intento de tapar una hemorragia con una curita: el ingreso de los venezolanos sigue siendo por mucho el más bajo de toda América Latina.

Ante el paso arrollador de la hiperinflación nadie quiere tener bolívares, ni en el banco ni debajo del colchón. Apenas reciben el sueldo o la pensión, los venezolanos salen en estampida a los supermercados a comprar comida, aunque no les haga falta en ese momento.

El espiral hiperinflacionario es tan intenso que es común que la gente ande con maletas de efectivo para pagar un café o un almuerzo. A la hiperinflación se suma la escasez de efectivo, que ha obligado a la población a hacer filas a las puertas de las agencias bancarias y ante los cajeros automáticos para obtener montos cada vez más limitados. Personas de la tercera edad han perdido la vida en las colas de los bancos tratando de cobrar sus pensiones y jubilaciones.

El dólar, la moneda del país que, según Maduro, quiere arrodillar a Venezuela, se ha convertido en el objeto más deseado de los venezolanos y ha pasado a ser el referente de las transacciones entre particulares a través de la calculadora DolarToday.com, que muestra el cambio del día. Las amenazas de penas de cárcel establecidas en las leyes cambiarias para quienes realicen operaciones en moneda extranjera ya no surten ningún efecto.

No es extraño que muchos venezolanos aspiren a tener un ingreso en dólares, así que han puesto su creatividad en función de lograr ese objetivo de las formas más variadas e inimaginables. Algunos emprendedores han intentado escapar de la hiperinflación incursionando en el mercado de las criptomonedas, donde han encontrado un refugio temporal de la hiperinflación.

Cité a Verónica Sánchez en la plaza Bolívar de Baruta, en el sureste de Caracas, para que me explicara cómo operan en el mercado estas monedas. En diciembre obtuvo ganancias equivalentes a 3.000.000 bolívares, que le depositaron en su cuenta cuando vendió los satoshi que obtuvo al completar figuras y números, conocidos como captchas, siguiendo las indicaciones de la página web RaiBlocks.

“La ganancia me sirvió para pasar la Navidad y comprarle ropa nueva al muchachito”, me dijo. De hecho, en Venezuela hay tiendas asociadas a las nuevas tecnologías que exhiben carteles con la leyenda “Se aceptan satoshi”. Verónica le dedicó tres horas diarias a completar captchas.

El gobierno también intenta subirse a este tren con su propia moneda virtual, el petro. Se trata de la primera criptomoneda emitida por un gobierno en todo el mundo y cuenta con el respaldo de una reserva petrolera que totaliza 5000 millones de barriles.

Con el petro, el presidente Nicolás Maduro espera evadir las sanciones financieras impuestas por el gobierno de Estados Unidos, pero economistas de tendencias diversas aseguran que el petro no es otra cosa que una “operación de crédito público”. Es decir, otro mecanismo para endeudarse en una moneda extranjera y que no sacará a Venezuela de la crisis económica. Pero para algunos venezolanos usar dinero virtual podría ser una solución.

“Quiero seguir investigando cómo ganar dinero en internet y estoy atenta a los anuncios del gobierno venezolano para registrarme en el portal que va a manejar el petro”, concluyó Sánchez.

La de los venezolanos es una carrera contrarreloj por convertir todo lo que pueden —sus ahorros, sus bienes y su patrimonio— a dólares. Los billetes verdinegros han empezado a circular para pagar actividades rutinarias.El pago en dólares puede surgir de manera espontánea. Ignacio Ávalos, profesor universitario y asesor en temas de ciencia y tecnología, me refirió la conversación que tuvo con su médico: “Todos los años voy a hacerme un chequeo. Le pregunté a mí doctor cuánto estaba cobrando por consulta y me dijo que 450.000 bolívares. ‘¿Aceptas dólares?’, le pregunté en broma. En la cartera tenía dos dólares. ‘Claro que sí. Dámelos’, dijo, ‘y perdona que me quede con el cambio’”. Una amiga trajo de un viaje 50 billetes de un dólar para atender gastos corrientes. Le pagó dos dólares a un joven que montó una biblioteca en su casa. “Él feliz de la vida porque pronto se va para Chile”, dijo mi amiga.

Huir del país ha sido la obsesión de Alejandro Rivas, un técnico en informática de 29 años que ha planeado radicarse, junto con su novia, en Lima, Perú. “Huyo de Venezuela porque no hay futuro, no puedo independizarme, comprar un carro, ni soñar con tener un hijo”. El viaje lo hará por tierra a un costo de 140 dólares. Grupos de venezolanos en Perú informan constantemente en Facebook y WhatsApp acerca de rutas y precios. “Siento una mezcla de tristeza y rabia por tener que dejar mí país, a mi familia, a mi papá que tiene un trastorno bipolar. Apenas pueda me lo llevo a Perú”.

El gobierno de Maduro no ha tomado una sola medida para contener la hiperinflación. Todo lo contrario. Sigue financiando el déficit de las cuentas públicas con dinero inorgánico emitido por el Banco Central de Venezuela. Tampoco tiene previsto pactar un programa de ajustes con el demonizado Fondo Monetario Internacional, que pronostica para el país una inflación del 13.000 por ciento con una contracción económica del 15 por ciento.

El salario mínimo en Venezuela no alcanza para comprar un kilo de pollo, un kilo de carne o un cartón de 30 huevos. Pero podría comprar 248.500 litros de gasolina de 91 octanos. Un reportaje del portal Prodavinci mostró que el salario mínimo actual no alcanza ni para el 20 por ciento de lo que compraba en 1998, cuando el barril de petróleo tocó un fondo histórico de ocho dólares.

El anuncio del aumento de salario lo hizo el presidente Maduro en una transmisión en Facebook Live. No sorprendió a nadie. La indiferencia obedece a que los precios de los bienes y servicios más elementales se ajustarán en cuestión de horas, siguiendo la ruta de esta carrera hacia el precipicio en el que alguna vez fuera el país más rico de América Latina.

Fuente: The New York Times

Muestra irrefutable del férreo control ejercido por el Gobierno de los Estados Unidos sobre los gobiernos del continente que se plegaron al mandato del imperio en la 48a Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, llevada a cabo la semana pasada en Washington, fue sin lugar a dudas la perfecta sincronía en el discurso de los cancilleres ultraderechistas que respaldaron en esa pretendida emboscada en la que se intentó atrapar a Venezuela con una ridícula resolución, infundada e infamante, abiertamente contraria al espíritu y esencia del Derecho internacional, e innegablemente violatoria de la letra de la Carta fundacional del propio organismo.

Sincronía que quedó en evidencia no solo en la tozudez de cada uno de los reaccionarios que ahí se aliaron con el único infame propósito de mancillar la soberanía de la patria de Simón Bolívar, sino en la terminología, los giros retóricos y hasta en el preciosismo melodramático utilizados para expresar su repulsa al derecho de nuestro pueblo a la libre determinación.

Ninguno de ellos habló con un discurso propio. Ninguno intentó matizar siquiera la bochornosa posición injerencista que respaldaban con los extensos recursos que la oratoria diplomática ofrece para enmascarar con un cierto viso de independencia, o imparcialidad al menos, de criterio, la inmoralidad que protagonizaban.

Todos, sin excepción, hablaron de la “agravación de la crisis política en Venezuela” y de la consecuente “situación de dificultades económica, social y de carácter humanitaria”, que resultaría de la primera, es decir; de la supuesta crisis política, para lo cual fue presentada en el foro una única propuesta, a saber; “la convocatoria a nuevas elecciones”, tal como apunta la infame resolución.

Una falsedad que se apoya en la serie de hechos violentos acaecidos hace más de un año en Venezuela, y de los cuales el país ha ido saliendo con un gran esfuerzo del Gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro, pese a la brutal arremetida económica del imperio norteamericano contra nuestro pueblo. En ninguna parte de la teoría política o del derecho internacional consuetudinario se considera crisis a la imposibilidad opositora de alcanzar, por su propia ineptitud, el poder.

La difícil situación por la que atraviesa hoy el pueblo venezolano no es de ninguna manera política ni amerita elección o cambio de gobierno, sino que obedece a un plan de cerco económico que busca paralizar el funcionamiento del Estado para provocar su derrocamiento, tal como ha sido confesado abiertamente en infinidad de declaraciones por altos funcionarios del Gobierno norteamericano.

Fue esa la razón del estallido social buscado en 2017 por la derecha, que, al igual que hoy, no perseguía soluciones sino hacerse del poder, apoyándose en una campaña comunicacional internacional que posicionara la confrontación como un apocalipsis.

El objetivo de aquella violencia no era otro que el de la construcción de un perfil mediático que presentara a Venezuela ante los ojos del mundo como un país sumido en el caos y la ingobernabilidad, para de esa forma provocar la aceptación internacional de un inevitable cambio de gobierno, sin importar cuán inconstitucional fuese la salida.

El plan tenía la finalidad de sobredimensionar una cantidad de grupos de bandoleros a sueldo que generaban conflictos en apenas unos quince municipios de los trescientos treinta y cinco existentes en el país, razón por la cual el apoyo de los medios de comunicación era mucho más importante para esa derecha desvencijada que la misma búsqueda del respaldo entre los electores. El objetivo era la creación de una percepción de guerra fuera de control que hiciera indispensable una intervención extranjera.

Lo que siempre fue una clara e inequívoca muestra de incapacidad política de la oposición, fue presentado por los medios internacionales como la batalla gloriosa de una supuesta sociedad civil (que no escatimó en derroches melodramáticos para victimizarse frente al mundo) mientras que el Gobierno, que daba pasos cada vez más consistentes en el logro de la paz, en la consolidación de su fuerza electoral; en la conquista de casi todos los cargos de representación popular a través del voto; en la indetenible elevación de la estatura política de un líder que se ha ganado el respeto de todo un pueblo a punta de abnegación y entrega a su compromiso con el proyecto revolucionario chavista, que se ha crecido ante los ojos del mundo como un estadista de coraje que ha sabido darle la más dura batalla que ha debido enfrentar el imperio más poderoso de la tierra, era persistentemente presentado como toda una abominación dictatorial.

Luego de superada aquella horrible etapa de la violencia fascista que la derecha desató contra el pueblo, el país está encaminado hoy hacia su recuperación económica definitiva gracias precisamente a la persistencia de los venezolanos y las venezolanas en su apego a la paz y a la democracia.

Por eso el empeño de la derecha internacional en seguir presentando a Venezuela al borde del estallido social producto de una supuesta confrontación política, no es sino una aberración más, fraguada meticulosamente desde el Departamento de Estado norteamericano y mantenida por esos medios de comunicación especialistas en el falseamiento de la realidad como un hecho todavía vigente.

Recuperar la estabilidad del país para retomar la senda del bienestar económico que la Revolución Bolivariana le ha brindado a los venezolanos, ha requerido de un excepcional esfuerzo político que pasa, en primer lugar, por el llamado a elegir una poderosa Asamblea Nacional Constituyente. Por la renovación, también en forma perfectamente democrática, de todas las autoridades regionales y locales del poder público. Por el combate frontal que el Gobierno le ha declarado a la corrupción. Por la lucha infatigable por proteger al pueblo con acciones y programas creados para paliar los estragos de la guerra económica. Por la persistencia en la búsqueda del diálogo con todos los sectores de la vida nacional (Iglesia, partidos políticos, empresariado nacional, entre otros) para construir soluciones a la crisis. E incluso por el otorgamiento de beneficios procesales a los privados de libertad por los delitos que tanta angustia y dolor le causaron al país durante las fatídicas jornadas terroristas de aquella etapa violenta que, gracias a todo ese esfuerzo de pacificación, ya hoy podemos considerar superada.

Si algún organismo internacional quisiera ayudar a solventar la crisis económica, que ciertamente padece hoy el país como consecuencia de esas distorsiones promovidas por el imperio norteamericano, tendría que empezar por reconocerle a nuestro pueblo la admirable gesta que implica haberse salvado, con su lealtad a la paz y a la democracia, de la guerra.

Tendría que sumar voluntades para promover el levantamiento del criminal bloqueo económico declarado arbitrariamente por los Estados Unidos contra nuestro pueblo y permitir que Venezuela retome el flujo de sus relaciones de intercambio comercial con el mundo, para satisfacer así la demanda de insumos, repuestos, maquinaria y productos de la cesta básica, indispensables para buen funcionamiento del Estado y el normal desarrollo de nuestra economía.

No es intentando revitalizar a una oposición fracasada (alentándola a subvertir de nuevo el orden constitucional a partir de una percepción anclada en un pasado que ya no existe) como se puede ayudar hoy al pueblo venezolano a retomar la senda del bienestar y del progreso.

Persistir en esa infundada matriz mediática de la “crisis política insalvable” que habría en el país, cuando ha quedado perfectamente clara la disposición mayoritaria del pueblo a construir su bienestar en paz, es solo una nueva crueldad contra esa Venezuela que con tanto sacrificio ha luchado por dejar atrás el horror de aquella cruel e innecesaria violencia.

La lucha hoy, como lo ha dicho el presidente Maduro, es por la recuperación económica. No por regresar a la locura de la confrontación fratricida entre venezolanas y venezolanos.

Corre la noticia en el entorno: Hugo Chávez ha enfermado de un cáncer que probablemente no tenga cura. De inmediato, se prenden las alarmas en la cúpula. No tardaron demasiado en hablar de sucesiones. La preservación lógica del poder. Instinto de supervivencia. Cuando ya el enfermo estaba desahuciado, los factores de peso en el Gobierno con aspiraciones a suceder a Chávez comenzaron a acelerar sus estrategias. El cabellismo tenía todas las de ganar. O al menos eso parecía. Lucía fuerte Cabello en comparación al grupo de Nicolás Maduro. Pero había un factor clave que no estaba en las manos de Cabello: Cuba.

En verdad, quien gozaba del apoyo de Cuba no era Cabello, sino Maduro. Se sabe que Cabello jamás sostuvo buenas relaciones con Cuba. Y se sabe, también, que Maduro y su entorno siempre fueron demasiado cercanos al comunismo cubano. Entonces el grupo de Maduro conspiró contra el de Cabello, aliándose con los cubanos, porque no había una decisión definitiva. Aquella noche en la que Chávez anunció el nombramiento de Maduro como sucesor, flanqueado por Cabello, se dijo todo sin decir nada. El cuadro era obvio. Hubo una batalla entre dos grupos. Y esos grupos, los jefes de esos grupos, estaban sentados al lado del presidente enfermo cohonestando la decisión. O sea, Cabello y Maduro.

La batalla la ganó el grupo de Maduro, apoyado por los cubanos. Perdió otra vez Cabello. Pero no estaba muerto. De hecho, no está muerto a pesar de que se encuentra sensiblemente disminuido en la nueva cúpula del poder, que la integran los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, Tareck El Aissami y Cilia Flores. No está muerto a pesar de que lo han relegado a un segundo o tercer plano en los momentos clave del madurismo. Y la estrategia de Cabello es una sola: mantenerse aferrado a su cuota de poder. Necesita de Maduro para garantizar su supervivencia política. No quiere Cabello ser otro purgado como Rafael Ramírez.

Pero luego del sainete electoral del 20 de mayo, hubieron cambios, hay “una batalla en el Psuv que buscaría ponerle freno al poder de Diosdado Cabello”, de quien se asegura, desmovilizó ex profeso la maquinaria de esa tolda con el fin de presionar a Nicolás Maduro. Y si esto es así: ¿Qué sospecha Cabello? ¿Acaso teme ser el próximo purgado en la lista de Maduro?

En días pasados, el ministro de Educación, Elías Jaua, pidió públicamente a los directivos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), poner sus cargos a la orden, puesto que, a su juicio, “es la hora que le demos a nuestra militancia la oportunidad, el derecho de elegir de manera directa, secreta y universal a la dirección nacional del partido y las direcciones regionales”.

En una entrevista ofrecida a Unión Radio, Jaua insistió en la necesidad de reestructurar la tolda política, al enfatizar que “no puede seguir siendo indiferente ante los entramados de corrupción” que han implosionado en las filas chavistas. El último cambio que se realizó en la cúpula pesuvista, fue en el año 2011, cuando el fallecido presidente, Hugo Chávez, decidió hacer algunos movimientos estratégicos de cara a las presidenciales de 2012.

La reestructuración llevada a cabo por Chávez, incluyó la remoción de Cilia Flores como primera vicepresidenta del partido y la designación, en su lugar, de Diosdado Cabello, quien ha permanecido como el segundo más importante al mando dentro de la organización política desde entonces.

Fue de esta manera que el expresidente de la Asamblea Nacional logró ingresar a la primera vicepresidencia del partido, y es que desde la creación del PSUV, en 2008, solo se ha realizado una elección en la tolda para escoger las autoridades que dirigen el partido desde sus entrañas. Para entonces, Cabello no fue electo como miembro principal, sino que quedó de segundo entre los suplentes.

Podría ser esta la razón principal por la que, desde que llegó a la vicepresidencia de la tolda, no se han realizado más comicios internos directos, como los que ahora pide Jaua, y es que las elecciones que se han celebrado dentro del PSUV, han sido exclusivamente para escoger delegados durante los congresos y cargos menores, nada que afecte a los miembros de la cúpula, los cuales, inicialmente serían transitorios.

En cambio, las modificaciones que han surgido en la directiva se han derivado de expulsiones y retiros por parte de dirigentes que ya no se sienten alineados con las políticas del PSUV, como es el caso de Rafael Ramírez, Héctor Navarro y Alberto Müller Rojas. Para la periodista Ibéyise Pacheco, “con la solicitud de Elías Jaua de hacer elecciones dentro del PSUV, Maduro y Cilia retoman sus planes de descabezar a Diosdado”.

Ya desde el año pasado, las divisiones entre Maduro y Cabello eran evidentes. Antes de la instalación de la Constituyente, se dictaron los lineamientos para quienes estuviesen interesados en postularse, quedando claro que los funcionarios con cargos públicos en ejercicio no podrían optar por un puesto en el ente temporal. Sin embargo, Cabello dejó frío a más de uno, cuando anunció que se apartaba de su cargo como diputado al Parlamento para emprender la candidatura en la ANC.

Para frenar al exgobernador de Miranda, Maduro jugó con el peso de Carmen Meléndez y de Aristóbulo Istúriz, a quienes hizo postularse. La historia se repitió en febrero pasado, cuando el periodista Eligio Rojas, reveló que Jaua había desechado la oportunidad de dirigir Somos Venezuela, para poder enfrentar desde el PSUV las acciones de Cabello.

Las recientes declaraciones de Jaua sobre su deseo de reestructurar la tolda roja, no solo estarían basadas en ponerle un freno a Diosdado, sino que también podrían derivarse de los resultados de las elecciones presidenciales emitidos por el Consejo Nacional Electoral (CNE), esto según el periodista Nelson Bocaranda, quien advirtió en sus Runrunes que el poder de la militancia del PSUV y el fracaso de Somos Venezuela, quedó evidenciado en el conteo de votos.

Un dato que Cabello se encargó de enfatizar este jueves durante la transmisión de su programa, “Con el Mazo Dando”, en el que recordó que más del 80% de los votos que recibió Maduro, provenían de las filas de la tolda roja. En la misma alocución, el primer vicepresidente del partido se refirió al IV Congreso del PSUV, el cual arrancará el próximo 28 de julio.

“Nos ha pedido el compañero Presidente que sea un congreso para la unión revolucionaria (…) que se reinvente para que nos ayude a gobernar en los estados, en el Gobierno nacional”, dijo el constituyente, quien puntualizó que cada cuatro años, de acuerdo con el reglamento de la organización, debe realizarse un congreso con el fin de renovar sus cuadros y orientar con líneas estratégicas e ideológicas a la revolución. Al respecto, Jaua también se pronunció, y acotó la necesidad de un debate abierto y crítico durante el evento político. Lo cierto es que aunque el partido rojo y sus dirigentes tratan de hacer ver que están más unidos que nunca, las costuras se notan.

Esta semana la Deutsche Welle, en manos de Evan Romero Castillo, publicó: La mayoría opositora del Parlamento venezolano ordenó determinar el papel que la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) ha jugado en la detención arbitraria y la tortura de miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). A lo largo del mes de mayo, familiares, medios de comunicación y organismos no gubernamentales han denunciado el arresto de decenas de uniformados por delitos contra el decoro militar que van desde el motín hasta la rebelión y la traición a la patria.

Los legisladores llamaron a iniciar las pesquisas contra el general Iván Hernández, director de la DGCIM; el coronel José Franco Quintero, jefe de Investigaciones de esa entidad; y otros eslabones de su cadena de mando. A la cúpula de la FANB se le atribuyó “complicidad institucional en la violación de los derechos fundamentales de los presos políticos militares” e irrespeto del debido proceso en el marco de las averiguaciones de presuntas conspiraciones castrenses contra el Gobierno de Nicolás Maduro.

El Parlamento prevé llevar los casos de arrestos arbitrarios y tratos crueles e inhumanos ante las respectivas instancias internacionales. Según la asociación civil Foro Penal Venezolano, al menos cuarenta oficiales han sido objeto de esas prácticas ilegales en lo que va de año. Foro Penal Venezolano es una red de juristas que defiende gratuitamente a quienes han sido detenidos por razones políticas desde el 4 de febrero de 2014, cuando comenzaron las primeras protestas multitudinarias contra la gestión de Maduro.

Los diputados opositores acusan al gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) de haber impulsado progresivamente “la destrucción institucional de la Fuerza Armada nacional, pues ésta ha sido empleada como un instrumento político y no como garante de paz y estabilidad”. Aunque la élite verde oliva le ha jurado lealtad a Maduro y a la “Revolución Bolivariana” iniciada por el presidente Hugo Chávez (1999-2013), conocedores del ámbito castrense aseguran que en la base y los mandos medios crece el descontento.

DW habló sobre estos acontecimientos con la periodista Sebastiana Barráez, quien cubre la fuente militar para medios independientes venezolanos como el diario TalCual, el semanario Quinto Día y la revista web Punto de Corte, fundada por el chavista disidente Nicmer Evans.

Deutsche Welle: El pasado 24 de mayo, durante su juramentación como presidente reelecto de Venezuela, Nicolás Maduro dijo que oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) habían sido detenidos bajo cargos de conspiración a lo largo de varias semanas. ¿Esos arrestos incluyen a los realizados en febrero y marzo de 2018?

Sebastiana Barráez: No. En el primer trimestre de 2018 fueron arrestados militares cercanos al ex mayor general Miguel Rodríguez Torres, quien se convirtió en un funcionario incómodo para Maduro tras haber dirigido el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional y el Ministerio del Interior. Rodríguez Torres coqueteó con una candidatura presidencial y creó su propio partido político, el Movimiento Amplio Desafío de Todos; se unió recientemente al Frente Amplio Venezuela Libre, convocado por las formaciones antichavistas más fuertes; y terminó siendo arrestado también el pasado 14 de marzo bajo el cargo de complotar contra Maduro.

Los oficiales detenidos a finales de febrero y principios de marzo decían querer rescatar la esencia de la ‘Revolución Bolivariana’; ellos ya están encarcelados por una supuesta instigación a la rebelión, una presunta traición a la patria y sospechas de espionaje. Pero desde entonces, en las últimas tres semanas, se han registrado nuevas detenciones. Aunque miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y de los servicios de inteligencia alegaban que esos arrestos estaban relacionados con el asalto al Fuerte Paramacay (6.8.2017), el cuartel con mayor poder de fuego en el país, yo sospechaba que ese no era el caso.

¿Qué elementos la llevan a dudar que exista correlación entre las conjuras frustradas recientemente y el levantamiento del 6 de agosto de 2017 en el Fuerte Paramacay, liderado por Juan Carlos Caguaripano Scott?

Para empezar, los agentes detenidos recientemente tienen un perfil distinto. Entre otras cosas, tienen un rango más alto; son capitanes de navío y de fragata, coroneles, contralmirantes y generales. Y los oficiales activos de la FANB no suelen obedecer órdenes de militares retirados como el excapitán Juan Carlos Caguaripano Scott, líder de la ‘Operación David Carabobo’, quien ya había sido expulsado de la Guardia Nacional Bolivariana –la GNB es la policía militarizada– bajo cargos de traición a la patria y rebelión en 2014, cuando hizo público su desprecio por la ‘Revolución Bolivariana’ al calor de la represión de las protestas de aquel año.

En el asalto al Fuerte Paramacay de 2017 participaron muy pocos miembros activos del Ejército. Ahora les echaron el guante a oficiales activos de la Aviación y de la Armada. Ese es un detalle sobresaliente porque casi ningún representante de esos componentes había participado en conspiraciones previas. La Armada es el componente más elitista de la FANB; su Comandancia General tiene una sede propia, distante de las del Ejército y la Aviación. También me llama la atención la poca información disponible sobre el número de uniformados detenidos; eso me lleva a intuir que son muchos y que el caso en cuestión es serio.

El Gobierno venezolano no ha comunicado exactamente cuántos oficiales de la FANB han sido arrestados bajo sospecha de sedición, pero en las agencias de noticias se decía que eran más de quince…

Foro Penal Venezolano insiste en que son once los uniformados presos, pero sólo hace referencia a los que han sido presentados ante tribunales militares e imputados. Varios militares en el exilio alegan que son más: el mayor general Hebert García Plaza, ex ministro de Transporte Acuático y Aéreo, estima que son cuarenta detenidos; el general retirado del Ejército Antonio Rivero dice que son doscientos; y el excapitán José Antonio Colina, presidente de la asociación Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio (VEPPEX), con sede en Miami, habla de setecientos. Creo que hubo arrestos masivos porque no se ha identificado a un grupo conspirador.

Al referirse al complot en su contra, Maduro no mencionó a los militares más prominentes por ser críticos de su gestión, que están presos bajo cargos de conspiración: no nombró ni al excapitán Juan Carlos Caguaripano Scott, ni al ex mayor general Miguel Rodríguez Torres, ni al ex mayor general Raúl Isaías Baduel, otrora comandante general del Ejército venezolano y ministro de Defensa de Chávez. Es posible que haya surgido otro movimiento subversivo y que éste sea difícil de detectar porque no se trata de un grupo cohesionado. En lugar de una cofradía, Maduro puede estar ante una nube de conspiradores que ni siquiera se conocen entre sí.

¿Qué otras pistas le hacen pensar que la última conspiración denunciada por Maduro es más riesgosa para él que las anteriores? ¿Cómo comprobar que Maduro no está persiguiendo a oficiales simplemente por atreverse a articular críticas a su gestión de gobierno?

Entre los detenidos por averiguaciones figuran militares activos que descienden de oficiales retirados con una destacada trayectoria en la institución castrense; son, sobre todo, integrantes de la Aviación, a cuyas filas suelen unirse varias generaciones de una misma familia. Otro indicio de que el descontento en la FANB ha alcanzado niveles alarmantes para Maduro es la repentina salida del país de un montón de oficiales activos, presuntamente hacia Estados Unidos, Colombia y Perú. A eso se suma la sospecha de que un contralmirante fue torturado para que delatara a camaradas y el posterior arresto de compañeros de ese contralmirante.

Debo subrayar, por cierto, que, a mis ojos, el Ejecutivo de Maduro no hace imputaciones falsas cuando dice oír ruido de sables. No le creo al Gobierno cuando acusa a un preso político de haber orquestado un ataque terrorista; pero los servicios secretos venezolanos han incrementado su capacidad para monitorizar las telecomunicaciones y establecer patrones de contacto entre militares. Aún si se constatara que algunos miembros de la FANB han sido detenidos siendo inocentes, yo pienso que los servicios de inteligencia venezolanos tienen un alto grado de precisión; quizás gracias al apoyo de los servicios secretos cubanos.

Para algunos era una locura, para otros significaba algo descabellado. Ir de Maracaibo a Argentina en un Spark. Sí, en un Chevrolet Spark. A simple vista parecía imposible para quienes escuchaban hablar de la travesía que haría una familia zuliana de cuatro integrantes. Pero para Maryuly, Javier, Francisco y Ariana fue una meta, una forma arriesgada de emigrar, una alternativa para hacer crecer el hogar. En resumidas: un sueño; y como los sueños están para hacerse realidad, ellos lo lograron. ¡Aplausos!

“Irnos por avión era imposible, porque nuestros ingresos no eran lo suficientes para comprar cuatro boletos en dólares. Nuestros pasaportes se vencían en el 2019 y no queríamos que se nos vencieran. Estaba descartado el vuelo, entonces comenzamos a investigar por páginas web y por Youtube las formas de irnos por carretera”, contó Javier en exclusiva al diario Panorama.

El viaje comenzó el 24 de febrero de este año y culminó el 23 de marzo. Una travesía de siete mil kilómetros que se puede hacer en 17 días, pero la familia decidió alargarlo para hacerlo con calma y disfrutar las ciudades por las que atravesaban en su “sparktaco”, como bautizaron al carro de cuatro puertas.

“Cuando decidimos por fin viajar en el carro porque nos costó como dos semanas decidir si nos íbamos en el auto o no, establecimos una ruta de Maracaibo hasta Argentina por Google maps y nos salían varias opciones. La primera era irnos por Colombia por toda la línea del Pacífico y con esta ruta nos íbamos a ahorrar unos 2.800 kilómetros de carretera, pero la descartamos porque la frontera colombo-venezolana estaba cerrada, entonces tomamos la vía que atraviesa Brasil”.

Maracaibo - El Venado - Barquisimeto - Charallave - Santa Elena de Uairén- Boa Vista - Manaos - Porto Velho - Posadas. Así fue la trayecto en carretera y solo un tramo de seis días a bordo de un ferry que surca el río Amazonas.

“En lo personal yo me inquietaba con la idea, porque somos tan distintos cada uno de nosotros y estar encerrados en ese carro durante un mes era un desafío para la convivencia. Me preocupaba pensar que cuando nos cansáramos nos agotáramos, nadie iba a querer hablarse, pero gratamente para mí, todo resultó armonioso dentro del carro. Antes de partir de Maracaibo, todos en familia tuvimos una conversación bastante difícil en la que acordábamos no enfadarnos para evitar que el ambiente de armonía no se esfumara”, cuenta Maryuly Pinto.

Lo más difícil después de decirle adiós a sus famiiares, fue seleccionar lo que se llevaría cada uno en el carro. “Solo lo estrictamente necesario trajimos. Ropa y muy contada, cada quien se trajo un peluche; en el caso de Francisco —de 7 años — pudo traer tres peluches y se trajó un balde pequeño lleno de legos y unos carritos. Todos nuestros equipos tecnológicos, cuatro almohadas y cuatro sábanas, una maleta pequeña con medicinas, una olla y un colador de café, un budare, juego de cubiertos y tazas para cuatro, comida y repuestos para el carro; entre ellos un radiador de repuesto, una batería, un alternador y varios litros de aceite”.

“El primer trayecto que hicimos de Maracaibo a El Venado que, generalmente, se hace en dos horas y medias, nosotros nos llevamos poco más de cuatro horas, porque con un carro tan pesado no podíamos ir rápido, el carro pegaba en las ruedas de atrás”.

En El Venado, donde la familia se despidió de la mamá de Maryuly, debieron dejar más cosas para que el carro no pegara en la carretera. Sin embargo, pese a que el Spark estaba más liviano, cuando pasaba por los reductores de velocidad, pegaba igual. “Al llegar a Caracas, donde nos despedimos también de familiares debimos dejar los parales de los micrófonos, peluches y hasta dos almohadas para que no hiciera tanto volumen y los niños pudieran estar cómodos”, cuentan.

La familia se distribuyó tareas que cada quien debía hacer a bordo del “Spartako”. Francisco, el niño del hogar, se encargó de la hidratación. “Era muy importante tomar liquido cada media o una hora, entonces Fran llevaba el tiempo cronometrado para avisar el momento en que debíamos hidratarnos con agua o alguna otra bebida”.

Ariana, la adolescente estudiante de psicología, fue la responsable de los estiramientos físicos. “Cada cuatro horas parábamos en algún lugar, nos bajábamos del auto y ella nos decía los ejercicios que teníamos que hacer”.

Maryuly se convirtió en una recreadora al mejor estilo de un plan vacacional. Dirigía los juegos dentro del carro, los momentos de karaoke intenso y desencadenaba las risas sobre las cuatro ruedas. Y Javier fue el piloto. “Todos dormimos en el carro menos él”, dicen con picardía.

“Nos llevamos muchos enlatados para complementar con las comidas y compramos las frutas por el camino; comimos mucho cambur. Las meriendas eran frutos secos o trocitos de papelón como si fuesen caramelos”, cuenta la pareja de locutores. Las 30 noches de travesía trascurrieron durmiendo en el carro, hamacas, posadas, hoteles, casas de amigos ‘rotarios’ del Rotary Club y hogares de gente que iban conociendo.

Maryuly, Javier y sus dos hijos narraron su viaje en fotografías a través de la cuenta de Instagram @2bajoelmismotecho. Aunque el plan original era llegar hasta Buenos Aires, decidieron quedarse en la ciudad de Posadas porque obtuvieron una buena oportunidad de empleo. Los dos locutores comenzaron un programa de radio llamado “Misión Arepa”, con un formato similar al que usaron en Maracaibo mientras estuvieron en los micrófonos por la señal de Onda FM. El pequeño Francisco continúa sus estudios de primaria, mientras que Ariana está trabajando, hasta que comience a estudiar.

“Dormimos solo una vez en el carro en El Callao. No teníamos para gastar en una habitación, cobraban demasiado y en efectivo. Estacionamos al lado de la alcabala de la GNB y allí pernoctamos. Nos quedamos en casa de tres personas que conocimos por el camino, muy amables que nos invitaron a sus hogares y compartimos con ellos, uno de ellos fue un pastor evangélico en Brasil. Fueron noches increíbles, siempre tratando de ahorrar en base a la economía que teníamos para el viaje, invirtiendo un total de 1.900 dólares (en ese entonces estaba entre 350 y 400 mil bolívares)”.

La travesía se cumplió con éxito y sin incidentes. “El Spark se portó bien, yo confío mucho en él”, comenta Javier. De los 30 días que duró el viaje, seis lo vivieron a bordo de un ferry que los llevó desde la ciudad de Manaos hasta Porto Velho. Durante ese tiempo aprovecharon para hacerle un “cariñito” al carro y descansar de los cuatro cojines.

“Fue un viaje en el que afianzamos nuestra unión en familia, vivimos un punto de encuentro de emociones y comprobé la madurez de mis hijos. Estamos felices por haber alcanzado una nueva oportunidad de vida. Todo se logra, si se hace con fe”, dice Maryuly.

Las bayonetas sirven para todo menos para sentarse sobre ellas. Charles Maurice Talleyrand-Perigord.

En estos momentos de angustia y desasosiego no queda más que estudiar la historia de Venezuela para ver qué nos pasó, cuándo nos desorientamos y quiénes son, sociológica y políticamente, los responsables de esta catástrofe colectiva. Por mi parte, estoy trabajando para publicar un libro, a fin de año -si aún quedara papel en Venezuela- sobre el tema del militarismo desde nuestra génesis de nación independiente, es decir, desde 1830 hasta nuestros días.

En ese trabajo voy a tratar de explicar cómo el Cesarismo Democrático -tesis positivista del eminente sociólogo Laureano Vallenilla Lanz- justificaba en el siglo XIX al “Gendarme Necesario”, pero verlo renacer en el siglo XXI es una aberración política, histórica, sociológica, sin explicación alguna. En efecto, el cesarismo impregnó toda la política venezolana del siglo XIX y parte del XX, aunque ese trauma fue interrumpido durante cuarenta años de civismo, de democracia y progreso; ah, pero resulta que ahora, en el presente siglo, estamos viendo aparecer de manera preocupante un gendarme innecesario, reminiscencia de ese pasado inmerso en el alma y en la psicología social de nuestro pueblo.

La independencia de Venezuela fue lograda por militares, lo que permitió a este estamento lograr un prestigio merecido por sus luchas en la liberación de la patria, pero tampoco debió convertirse, aunque siga ocurriendo, en una factura que fuese cobrada en una especie de tracto sucesivo eterno, por cuotas pagadas ad infinito y nunca saldadas por el resto de la sociedad. El cobro de esas facturas no es una especulación teórica, sino un hecho legalizado, desde el proceso independentista, a través de la “Ley de haberes militares” que terminó siendo el inicio de una etapa conocida en nuestra historia como del “feudalismo militar”.

Los héroes de la independencia se pasearon durante todo el transcurso del siglo XIX, con sus armas, alternándose en el poder detrás de José Antonio Páez, de José Tadeo Monagas o de Antonio Guzmán Blanco. El propósito de ese trabajo no es denostar del estamento militar, sino más bien convenir que fue inevitable su preeminencia, durante una época que el cambio de régimen se resolvía en el campo de batalla. Además, eso ocurría porque aquella clase social civilista, privilegiada y elitista, que había roto con la Madre Patria, había quedado tan diezmada, durante todo el siglo XIX y buena parte del XX, que estuvo rezagada detrás de aquellos héroes en una situación sub judice o de capitis diminutio, conformándose, al menos, con seguir influyendo en los gobernantes como un “poder detrás del trono”.

Los militares en política son un desastre, porque las diferencias las resuelven como solo saben hacerlo: a plomo limpio. Para muestra un botón: (…) “Se cuenta que entre 1892 y 1900 (en apenas 8 años del final de aquel siglo) se registraron seis rebeliones mayores y ¡437 encuentros militares! En esas actividades militares miles perecieron, 80% del ganado fue destruido y la deuda de la nación pasó de 113 millones a 208 millones de bolívares. Esta deuda y su incremento por Castro se convertirán en la fuente de innumerables conflictos internacionales, particularmente con el bloque de las costas venezolanas de 1902”. (Consalvi. 2007).

Después vino Gómez, con su “paz en los cementerios, unidad en las cárceles y trabajo en las carreteras” luego, los gobiernos transicionales de López y Medina, seguidos por “la revolución de octubre”, con su paréntesis democrático de apenas 3 años, interrumpidos de nuevo por la bota militar y, con ese retorno, diez largos años de la tiranía perezjimenista. Por fin el pueblo se obstinó y, en alianza con militares demócratas, en 1958, puso término a la etapa de dictaduras militares durante cuarenta años, la época más larga de nuestra historia que Venezuela ha vivido en paz, en progreso y bienestar. Era la época del militar profesional, sin poderse inmiscuir en la deliberación política, que le estaba constitucionalmente vedada, pero dedicado a la preservación de la soberanía de la nación, su auténtica misión.

Ahora, en pleno siglo XXI, apareció esta montonera que nos vuelve a regresar al siglo del oscurantismo, del atraso, del hambre y la miseria. Maduro arrebata en estas elecciones que nadie reconoce y ahora, ¿para dónde va su gobierno y qué hará la oposición? Busquemos la brújula todos: la oposición, deberá unirse en torno a una política coherente, sin dejarse chantajear por un radicalismo enfermizo o por un oportunismo logrero y ramplón. Y, el gobierno: deberá sacudirse el yugo y chantaje militarista mafioso, dar un vuelco de 180 grados a la política económica, de acuerdo con Díaz Canel (con Trump atrás), si quiere mantenerse en el poder un rato más.

A esta regresión histórica la llama el Maestro Carrera Damas: “una ideología de reemplazo”; a mí me parece, en cambio, que mantener a los militares decidiendo los destinos del país es una enfermedad de viejo, de anciano, en sus últimos estertores. Sí, se podría denominar esa enfermiza regresión histórica como “El militarismo, enfermedad senil del comunismo”. Así se llamará el libro. Espero que Venezuela se cure, mucho antes de su publicación.
PS: después les cuento la paradoja que significa el odio comunista a los militares y cómo ahora, sin embargo, gobiernan con ellos (por ahora), como una necesidad para poder repartirse cuotas de poder con cierta impunidad. Ya veremos cómo se comportan los alacranes.

Los teléfonos celulares con sus cámaras terminan siendo los mejores observadores en los procesos electorales. El día 20 las redes sociales transmitieron en vivo la situación de los centros electorales durante todo el día y en toda la geografía nacional. El denominador común es que la gran mayoría de ellos estaban desiertos, tal como estaba la plaza frente el centro electoral donde votó el presidente, ante cuya imaginaria multitud gesticulaba teatralmente.

No obstante, cómo era de esperar, el CNE anunció esa noche unos resultados que parecieran contrastar marcadamente con el testimonio visual que todos pudimos ver. Ahora bien, ¿cuál es la realidad? ¿Es que acaso con eso van a resolver los graves problemas reales del país? Veamos:

Según cifras publicadas por el BCV en sólo un año la Liquidez Monetaria aumentó en un 5.617 % rozando ya el trillón de bolívares. Peor aún, en apenas una semana (previo a las elecciones y por razones obvias) la citada Liquidez se incrementó en un 16,5%. Sé que para quienes no son economistas estas cifras pueden significar poco, pero la realidad es que se trata de dinero sin respaldo que emite el Banco Central para financiar el déficit fiscal.

Crece vertiginosamente la cantidad de bolívares en la economía, coincidiendo con una brutal caída en la producción de bienes y servicios. Esos bolívares tratan de comprar bienes que no existen en el mercado. Cualquiera que tenga los más elementales conocimientos de economía sabe que la consecuencia inevitable es un aumento de los precios que será tanto más elevado cuanto mayor sea la emisión de ese tipo de dinero “inorgánico”. Por eso, nuestra Constitución prohíbe expresamente al BCV financiar el gasto público:

Art. 320.- “En el ejercicio de sus funciones el Banco Central de Venezuela no estará subordinado a directivas del Poder Ejecutivo y no podrá convalidar o financiar políticas fiscales deficitarias”.

En el caso venezolano, la violación de tal artículo es tan descarada, que entre mayo del 2017 y abril del 2018 el solo “financiamiento a empresas públicas no financieras” (léase PDVSA) creció 246 veces alcanzando la increíble suma de 1,9 billones de bolívares.

Durante ese mismo lapso la producción petrolera de Venezuela cayó aceleradamente. Hoy producimos lo mismo que en 1949, hace casi 70 años. Muchos analistas estiman que a fines del 2018 la producción podría ubicarse en torno a un millón de barriles diarios. Mientas tanto, arbitrajes internacionales perdidos como en el caso de ConocoPhillips, Russoro, Exxon Mobil y muchos otros que cursan ante el CIADI, comienzan ya a traducirse en embargo de activos petroleros venezolanos en el exterior, como está ocurriendo actualmente en Aruba, Curazao, Bonaire y San Eustaquio.

Todo lo anterior, sumado a la destrucción masiva del aparato productivo ha llevado a Venezuela a padecer lo que luce como una de las más severas crisis económicas que ha padecido el mundo entero en medio siglo.
La hiperinflación que padecemos, en medio de una brutal caída del Producto Interno Bruto, es la causa del brusco empobrecimiento que sufrimos los venezolanos.

Pero lo peor está por venir. Llevamos ya un semestre entero en hiperinflación. Conforme a las cifras que nos proporciona la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional (porque el BCV ya no las suministra), el nivel de los precios está creciendo vertiginosamente. Si la inflación promedio mensual alcanzase un 80% durante el 2018, la hiperinflación de este año alcanzaría un 115.583 %. Si tal promedio de inflación mensual fuese del 85%, la inflación del año alcanzaría a un 160.616 %.

Cabe preguntarse, ¿es que acaso tan dramáticos escenarios podrán resolverse con anuncios electorales más propios de Alicia en el país de las maravillas?

La realidad es tan terca como dura. Ya el Banco Interamericano de Desarrollo declaró a Venezuela en default y las principales agencias calificadoras de riesgo soberano seguirán el ejemplo, aunque por ahora hablan de “default selectivo”.

La consecuencia inmediata de esos comicios fue su desconocimiento por parte del Grupo de Lima, EE.UU, la Unión Europea, el Reino Unido y el G-7, que incluye a Japón. Todos están claros. No es con mayores dosis del mismo veneno como se van a curar los graves males de Venezuela.

Estamos enfrentados a un abismo de ilegitimidad. Nuevas sanciones están siendo propuestas en momentos en que la industria petrolera, que aporta el 96% de todas las divisas que percibimos, parece hundirse en un vértigo de locuras.

@josetorohardy

Gabriela Montero envió este lunes un artículo de opinión criticando duramente a Gustavo Dudamel por utilizar dos entrevistas en prestigiosos medios internacionales (CNN y The London Times) “para no decir absolutamente nada”.

“Dudamel ha utilizado estas dos entrevistas para distanciarse de la única declaración de algún relieve que hizo en más de una década de declive vertiginoso, y en la que -tras la muerte de Armando Cañizales hace exactamente un año- apeló a la restauración de la democracia en general y sin condenar específicamente a ningún agente gubernamental”, dice. Y agrega: “Lejos de desistir de la pelea porque (Delcy) Rodríguez ahora es directora de El Sistema, lo que debería haber dicho en estas entrevistas es “¡Debemos luchar!”.

A continuación el artículo de Montero, cuyo título es: Tocar y luchar.

En la última semana – días más, días menos – me he sentido tremendamente decepcionada en dos ocasiones por el uso que Gustavo Dudamel ha hecho de un precioso espacio impreso y de televisión para no decir absolutamente nada.

Quien trabaja en el medio de la música clásica sabe exactamente lo que se necesita para obtener toda una página en el London Times o, aún más difícil, 10 minutos con Amanpour en CNN. Requiere el apoyo de importantes estructuras de relaciones públicas y Dudamel las tiene. Durante muchos años se ha beneficiado de una red global de relaciones públicas financiada por el régimen venezolano, con varios periodistas a su alcance.

Es profundamente simbólico haber tenido que ver esta entrevista tortuosamente anodina en CNN, día en el que Luis Magallanes, un cantante de El Sistema y víctima emblemática del colapso del estado venezolano bajo el chavismo, vuela hacia España para presentarse en una audición del programa de Plácido Domingo en Valencia, gracias a la generosidad de los contribuyentes a una campaña de crowdfunding.

Dudamel ha utilizado estas dos entrevistas para distanciarse de la única declaración de algún relieve que hizo en más de una década de declive vertiginoso, y en la que -tras la muerte de Armando Cañizales hace exactamente un año- apeló a la restauración de la democracia en general y sin condenar específicamente a ningún agente gubernamental.

Veamos esto más de cerca.

Las protestas en las que el joven Armando fue trágicamente asesinado se debieron a la usurpación ilegal de la Asamblea Nacional de Venezuela por parte del régimen, que instaló en su lugar una “Asamblea Constituyente” ilegítima.

Esa asamblea está encabezada por Delcy Rodriguez. Rodríguez es ex ministra de propaganda de Chávez y también fue Ministra de Asuntos Exteriores cuando presentó a Dudamel y a la OSB ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como los mejores “ejemplos de la Revolución Bolivariana”. Su departamento también está siendo investigado por servicios de inteligencia internacionales por vender la nacionalidad venezolana desde la embajada de Bagdad a cualquiera que estuviese dispuesto a pagar por ella, así como por lavar fondos de Hezbollah. Su departamento también proporcionó pasaportes diplomáticos a los dos sobrinos de la primera dama de Venezuela, condenados el año pasado en los Estados Unidos por el contrabando en avión de 800 kilos de cocaína desde el hangar presidencial.

Tras la reciente muerte de José Antonio Abreu, Delcy Rodríguez funge ahora como directora de El Sistema junto con el propio hijo del presidente, Nicolás Maduro Jr. En otras palabras, y por si alguna vez hubiese existido alguna duda, El Sistema es el régimen venezolano.

Con Delcy Rodríguez – quien es, por cierto, hermana de Jorge Rodríguez, ex vicepresidente de Chávez y amigo íntimo de Dudamel- fungiendo ahora como directora de El Sistema, no sorprende que Dudamel esté llevando a cabo una ofensiva en la prensa mundial para retractarse de sus palabras: “mi intención no fue empezar una pelea”, dijo en ambas entrevistas.

Hablemos de tocar música y pelear, ya que el lema de El Sistema es “tocar y luchar”.

La música no es solo una herramienta para educar y desarrollar mentes jóvenes. Es, como nos han mostrado los grandes compositores, un arma de disidencia y debe usarse como tal para combatir el cáncer que debe erradicarse del paisaje venezolano de una vez por todas, el cáncer personificado por gente como Jorge y Delcy Rodriguez. La música no sólo tiene que ver con la belleza, sino que codifica, más bien, la totalidad de la condición humana, gran parte de la cual está lejos de ser bella. Por cada Nocturno de Chopin hay una Sinfonía de Leningrado.

Debido al desastre del chavismo, cada hombre mujer y niño en Venezuela hoy, excepto aquellos dentro del régimen que disfrutan de privilegios especiales, lucha por la comida, la medicina y por el derecho básico a sobrevivir en un estado de caos sin ley. Todos los días recibo mensajes de gente como Luis, implorándome que les envíe dinero, comida, medicinas y, sobre todo, esperanza. Luis ha estado pidiéndome con paciencia durante dos años que lo saque y él es uno de los afortunados para quienes, debido a su obvio talento, hemos sido capaces de estructurar una estrategia de salida viable.

Este caos sin precedentes -la antítesis de la “belleza” indulgente y ofuscadora con la que Dudamel espera distraernos constantemente- es la consecuencia directa e innegable del chavismo, tal como lo imponen hoy los corruptos y narcotraficantes autoritarios que mantienen a Venezuela como rehén de la desesperación; Rodríguez es una de ellos y Dudamel es su marioneta ahora más que nunca, por lo que debe apaciguarla públicamente.

Lejos de desistir de la pelea porque Rodríguez ahora es directora de El Sistema, lo que debería haber dicho en estas entrevistas es “¡Debemos luchar!”.

¿Eso implica poner en riesgo temporalmente El Sistema? ¡Claro que sí! ¿Por qué debería un grupo privilegiado ser inmune a las luchas de la sociedad en general? Existe un imperativo moral para liberar y depurar El Sistema de una vez por todas de su asociación con el régimen venezolano. Por un lado, a Dudamel y a El Sistema se les debería prohibir formalmente exaltar la belleza, al tiempo que se nombra como sus directores a los mismos monstruos que han convertido a Venezuela en uno de los entornos socioeconómicos más hostiles de nuestro planeta en la actualidad. Es una asociación moralmente imposible y me sorprende que Amanpour no haya escarbado más a fondo para exponer esa falacia atroz.

Por otro lado, si El Sistema es sus músicos, y a esos músicos los mata de hambre el régimen que los controla ¿cómo podemos esperar que sobreviva? Mientras que El Sistema se jacta de un crecimiento continuo para justificar la necesidad continua de financiamiento, la realidad es que Venezuela está siendo objeto de migraciones masivas. Volveré a ser testigo de ello hoy en pequeña escala cuando recoja a Luis Magallanes del aeropuerto.

La próxima vez que reciba un mensaje pidiendo medicinas, comida, un boleto de avión, o que ayude a pagar una factura de hospital -en un país cuyo salario mínimo mensual en un entorno económico del 82,000% de inflación, ni siquiera puede comprar una paquete de garbanzos- debería simplemente responder: “cuánta paz, amor, unidad y vínculos musicales de solidaridad”.

Debemos luchar. Debemos luchar contra aquellos como Rodríguez, que han destruido nuestra democracia y han reemplazado toda esperanza de belleza para los hombres, mujeres y niños de Venezuela con una visión dantesca del infierno. No podemos permitir que Dudamel use cínicamente el manto de la belleza para blindar a los miembros más horrendos de la sociedad venezolana de la condena más amarga, una condena que Dudamel se niega a expresar porque él, y parte de la industria de la música clásica, han sido grandes beneficiarios del chavismo.

Ya basta. Tal vez El Sistema podría centrarse más en el segundo de los dos imperativos que forman su lema; “¡Luchar!” De lo contrario, Dudamel no sonará más plausible que una simple concursante de Miss Universo, a pesar de los años de entrenamiento de Abreu.

Gabriela Montero

– Cónsul Honoraria, Amnistía Internacional
– Ciudadana
– Músico

Los jóvenes en todo el mundo han sido protagonistas de grandes cambios y luchas que han trascendido diversos ámbitos pero en ocasiones, hemos escuchado numerosos juicios como “a esta juventud le falta valentía”, “las generaciones de oro murieron”, “esta generación ha perdido el tiempo”. Cada generación es considerada, como perteneciente a una cultura diferente, en la medida en que incorpora en su socialización nuevos códigos y destrezas, lenguajes y formas de distinguir, valorar, clasificar y diferenciar; ¿pero que necesita nuestra generación para despertar? como parte de esta generación considero que es ocupación de todos demostrar que si queremos realizar proyectos diferentes, cualitativos y tangibles, pero todo esto nace de una necesidad, esa misma es la que tocó mi puerta un día y me hizo decidir que podía aportar algo distinto pero que aportara valor a mi entorno.
Ser jóvenes, no obedece sólo a una característica cronológica o condición especial, tampoco depende solamente del sector social, lo que si se debe considerar es la importancia del hecho generacional: esa responsabilidad de aportar nuevas prácticas y modalidades que marquen un antes y después. Esa trascendencia ha mermado por diversos factores que han atropellado a las promesas del futuro, una gran proporción de jóvenes han perdido el interés por formarse, no aportan propuestas valor que nuestra sociedad demanda o peor aún, son apáticos a cualquier paso innovador; a esos jóvenes quisiera denominarlos como promesas dormidas porque en cada uno de ellos existe un potencial admirable pero ese fulgor aún no ha encendido el garbo para ser portadores de grandes cambios.
En nuestro haber existe los jóvenes lánguidos, cuyas expectativas se encuentran desgastadas, por diversas razones pero la habitual es que poseen proyectos brillantes y “la sociedad” los rechaza solo por ser actores juveniles obteniendo esto, una forma de descalificar los aportes que ejecutan en diversos espacios sociales.

Toda época trae consigo nuevas condiciones justo como el que estamos viviendo, al igual que las generaciones que vienen arropadas de ilusiones, llenas de invención y novedad, dentro de la juventud el aire siempre está lleno de maravillas que cobran vida, nos muestran sus diferentes facetas y podemos asumir entonces lo extenso de nuestra responsabilidad y es así como mantengo mi fe en cada uno de los jóvenes del país, sobre todo en las promesas dormidas.
Cuando hablo de cambios hago referencia desde las pequeñas acciones hasta proyectos de gran envergadura, en cada joven existe un nivel de invención que es necesario para todas las áreas desde el joven educador que trabaja horas “extra” para lograr que sus alumnos aprendan valores, la bailarina que se dedica a dar clases de cultura gratis en los barrios y el joven empresario que brinda grandes oportunidades de trabajo, todos representan esa valentía que debe existir en nosotros.
Cada propuesta que los jóvenes realicen debe estar impregnada hacia el impulso y creación de nuevas estructuras de libertad, igualdad y solidaridad, debidamente concertadas a las exigencias de las situaciones que se originen en nuestro país. Vamos por el camino de reconocer diferencias, aceptar diversidades, construir aceptaciones y de esa forma construir ópticas potenciadoras de lo juvenil como sus expresiones propias de sueños, esperanzas, conflictos, temores y propuestas. Este es un desafío para nuestra generación, reconstruir nuestra identidad y plantearse nuevos retos pero afrontándolo con gallardía.

@Wandygp

Colombia tiene que proteger el acuerdo de paz con la antigua guerrilla de las FARC y hacerle ajustes si es necesario para evitar que fuerzas políticas puedan empujar de nuevo al país a la guerra, dijo la exrehén de ese grupo Ingrid Betancourt.

La política de 56 años, quien como congresista en la década de 1990 lideró una lucha contra la corrupción, fue secuestrada en 2002 por la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cuando era candidata a la presidencia.

Aunque estuvo cautiva en la selva más de seis años hasta que fue rescatada por el Ejército de Colombia junto con tres estadounidenses y 11 militares, Betancourt apoya sin reservas el acuerdo de paz que firmó el presidente Juan Manuel Santos con las FARC para acabar un conflicto que ha dejado 220.000 muertos.

“He acompañado el proceso de paz a sabiendas que no tenemos la paz ideal. Dentro de aquello que siento que le ha faltado a la paz es un mayor interés por las víctimas”, sostuvo en una entrevista con Reuters la política, madre de dos hijos y que también tiene nacionalidad francesa.

Betancourt, quien participó el fin de semana en el debate sobre la guerra y la paz en Colombia organizado por la Feria Internacional del Libro de Bogotá, dijo que la campaña para suceder a Santos será clave para el futuro del país y de la paz.

“Lo que necesitamos es entrar a reflexionar cuáles son nuestras prioridades, en el caso mío que el acuerdo de paz no se vaya, que podamos proteger la paz, haciéndole cambios, sí, si es necesario, pero que esto no sea la excusa para volver a prender la guerra”, afirmó la política que actualmente reside en Europa.

FUERZAS DESESTABILIZADORAS
Betancourt opinó que todos los candidatos en la contienda por la presidencia son políticos preparados que entienden el llamado de la mayoría de los colombianos para mantener la paz.

Sin embargo, advirtió sobre el riesgo de que fuerzas políticas que apoyan a algunos candidatos presidenciales puedan presionarlos para reactivar la confrontación en un futuro.

“Yo creo que los líderes que tenemos al frente no son personas bélicas per se, lo que tenemos que mirar son las fuerzas que acompañan a estas personas y que en algún momento las pueden chantajear, las pueden obligar a tomar decisiones que estarían en contra del interés de paz de todos los colombianos”, afirmó evitando referirse a nombres particulares.

El derechista Iván Duque, el izquierdista Gustavo Petro, el independiente Sergio Fajardo, el exvicepresidente Germán Vargas Lleras y el antiguo negociador Humberto de la Calle son los principales candidatos en la carrera por la presidencia.

Betancourt dijo que aunque el talón de Aquiles del acuerdo con las FARC -ahora transformada en un partido político- es el rezago en la atención a las víctimas del conflicto, los cambios que eventualmente se hagan deben respetar el espíritu del pacto.

La política reveló que ha perdonado a las FARC por su secuestro, que dividió su vida en dos capítulos, aunque admitió que un una década después aún no logra una plena reconciliación.

“Estoy en un momento en que puedo decir que he perdonado, pero también sé que hay recuerdos que vuelven y que me desestabilizan y hay emociones que todavía no puedo controlar y obviamente son emociones que van ligadas a pensamientos que son difíciles de reconciliar con el perdón, pero es un camino que voy recorriendo”, concluyó.

Fuente: Reuters

La corrupción en la era revolucionaria pesa. Decenas de casos, entre ellos cientos de ilícitos en Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y la Comisión Nacional de Administración de Divisas (Cadivi), actualmente Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex), con más de 15 mil millones de dólares en pérdidas para la nación, muerden y mastican el discurso moralista de altos funcionarios del gobierno de Nicolás Maduro.

Sin embargo, el caso Odebrecht, con una alargada sombra que arropa polémicos juicios por sobornos y contratos con sobreprecios en Argentina, Brasil, Panamá, Ecuador, Bolivia, Perú, Guatemala, y Colombia, entre otros 12 países, es usado como emblema por la oposición que lidera el Frente Amplio Venezuela Libre y su principal motor, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), para fundamentar un juicio político contra el jefe de Estado venezolano.

Los diputados de la Asamblea Nacional (AN) de Venezuela autorizaron el pasado martes un antejuicio de mérito contra el presidente Nicolás Maduro, por su posible participación en la trama de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht.

“No pretendemos levantar falsas esperanzas. Votar hoy no signi ca que Maduro se irá mañana, pero este es un paso de lucha para consolidar el destino del país”, aclaró José Luis Pirela.

El Parlamento, con 105 votos a favor y dos en contra, impulsa un antejuicio de mérito contra Maduro. El diputado zuliano aclara que la acción parlamentaria representa por ahora un acto simbólico porque el sistema judicial venezolano está controlado por el oficialismo.

Su base estaría centrada en la trama de corrupción por el caso Odebrecht.

Pesquisas

Luisa Ortega Díaz, fiscal general removida por la ANC en septiembre 2017, aseguró entonces que el Ministerio Público, con 64 fiscales, encabezaba una investigación contra no menos de 20 personas, entre ellas ministros, exministros, altos funcionarios del Gobierno y familiares.

“Tenemos la información y el detalle de todas las operaciones, los montos y personas que se enriquecieron y que esa investigación involucra al señor Nicolás Maduro y a su entorno”, expresó el 18 de agosto.

Bajo la lupa de los funcionarios dirigidos en su momento por Ortega Díaz estaban 20 grandes obras de infraestructura, de las cuales nueve fueron ejecutadas y 11 paralizadas, entre las cuales destacó, por ejemplo, el tercer puente sobre el río Orinoco y el segundo puente sobre el Lago de Maracaibo.

“En las obras paralizadas, el Estado canceló un monto aproximado de 30 mil millones de dólares. Pese a ello esas obras no se terminaron. Esa es una cifra de dinero importante que indudablemente ha afectado el patrimonio nacional y la prestación de distintos servicios a los ciudadanos”, refirió Ortega Díaz en una entrevista con Transparencia Internacional a finales de 2017.

Stalin González, diputado de la AN, detalló el impacto de los sobornos. “Venezuela es el único país donde las obras costaron dos y tres veces más caras en metros cúbicos y lineales. Hubo obras como el Metro GuarenasGuatire o la línea 5 del Metro de Caracas o el tercer puente sobre el río Orinoco o el segundo puente sobre el Lago de Maracaibo que no se realizaron y estuvieron nanciadas para Odebrecht”, recordó.

El lunes 26 de marzo, Maduro se refirió por primera vez a la trama de corrupción, pero no a las acusaciones en su contra: “La crisis de Odebrecht perjudicó la realización de muchas obras a lo largo y ancho del país. Vamos a terminar esas obras, Odebrecht estaba realizando sus trabajos en Venezuela con subcontratistas, no es imposible, yo me comprometo a entregar los recursos para terminar esos proyectos”.

Instituciones controladas

El lunes 26 de marzo, el diario Estadao de Brasil publicó que el presidente Nicolás Maduro habría ordenado pagos extraordinarios de hasta 4 millardos de dólares para obras de Odebrecht en 2013, en respuesta a los aportes de la constructora brasileña a su campaña electoral.

La información sustenta supuestas delaciones y documentos en la investigación de corrupción en torno de Odebrecht, que involucra a varios países de América Latina. Los documentos en cuestión estarían en manos de scales de Brasil y Venezuela, precisa el periódico.

“A cambio de 35 millones de dólares para la campaña de 2013, el presidente Maduro daría ‘prioridad’ para que recursos extraordinarios cubriesen las obras de Odebrecht”, reportó el rotativo brasileño que reseñó que el Ministerio Público de Brasil obtuvo la información de los testimonios del exdirector de Odebrecht en Venezuela, Euzenando Azevedo y de los asesores Mónica Moura y Joao Santana, vinculados a las campañas presidenciales de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Sin transparencia

Mercedes De Freitas, directora de Transparencia Venezuela, asegura que en un país con verdadero Estado de derecho, las investigaciones por presunta corrupción deberían comenzar por el presidente Nicolás Maduro e incluir a quienes rmaron contratos para la adquisición de bienes y servicios importados, y los contratos gigantescos para obras de viviendas, entre otros.

Lo ocurrido en Perú, a su juicio, constituye una muestra del control del Gobierno en las instituciones del Estado. “La investigación judicial sobre los sobornos de Odebrecht y la presión ciudadana no se detuvo y fue una de las causas de la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski.

El mandatario solo es señalado de haber recibido 782.000 dólares, cuando funcionarios de la empresa aseguran que entregaron a Nicolás, 35 millones de dólares”. “Las órdenes de pago rmadas por Maduro para Odebrecht suman 2.500 millones de dólares entre 2007 y 2016, durante 11 años”, aseguró el 11 de abril desde Bogotá, Luisa Ortega Díaz, quien recalcó que fue Lula da Silva el que vinculó a Odebrecht con el gobierno de Hugo Chávez para que pagara 35 millones de dólares en una de sus campañas.

“Parte de ese dinero lo recibió Nicolás Maduro en efectivo. Luego cuando fue candidato en el 2013 pidió para su campaña 50 millones de dólares, pero la empresa acordó darle solo 35 millones. Ese dinero fue pagado en un banco que compró Odebrecht en la isla de Antigua –el banco Meinl, cuya sede principal está en Austria– para hacer sus negocios ilícitos como el pago de los sobornos a Maduro”, agregó.

Fuente: versionfinal

Si usted se fija bien en la última historia presidencial, Hugo Chávez nació en una casita de barro, durante la dictadura. Y nada más llegada la democracia fueron sacados a una casa de verdad, con luz eléctrica; se le educó gratuitamente, se le operó y trató gratis. A su padre se le educó en programa especial y se le transformó en maestro, en coordinador, en director de colegio, director de grupo y jefe de sección hasta llegar a la cúpula de los destinos públicos, jubilándose a los 20 años de trabajo y con lo reunido pasó de un rancho de bahareque, con techo de palma a dos aguas a comprar con su esfuerzo de profesor y empleado público una finca de 20 hectáreas, con tractor, desgranadoras, ordeñadoras y más de 100 animales de todo tipo (1).

Ya quisieran hoy los campesinos tener esas oportunidades. Era como para estar agradecidos con la democracia porque salieron de la miseria, algo que en 150 años de dictadura y botas militares nadie soñó en su familia. Sus hijos serían profesionales universitarios, educados gratuitamente y a todos se les dio empleo digno. Y aún siendo ellos la prueba más clara de que Venezuela es la tierra de las oportunidades, se empeñaron en mentir descaradamente, sobre que la democracia nunca dio oportunidades a los pobres.

Abrá, amigo lector, cualquiera de las biografías del despropósito que dirige esta “nueva República”, y se encontrará con una única constante. La mayoría de los ministros, gobernadores y alcaldes nacieron en la pobreza durante la dictadura militar o el comienzo de la democracia, como muchos de nosotros, el resto son representantes de la clase media baja.

La mayoría de ellos siendo pobres, pudieron estudiar gratuitamente en las escuelas y liceos, asistieron gratuitamente a las universidades que no existían en dictadura, absolutamente todos consiguieron buenos empleos.

Del liderazgo principal en los ministerios, a todos y especialmente a los comunistas, la democracia les permitió no solo graduarse, sino que fueron enviados a las mejores universidades de Europa y Estados Unidos a hacer sus maestrías y doctorados.

Algunos nacidos en la pobreza y llegado Chávez, todos ellos ya eran universitarios, maestros y doctores, con sus casas y automóviles, todos tenían buenos empleos y una vida digna.
¿Pueden ellos decir que los pobres no tuvieron oportunidades, siendo ellos la prueba clara de lo contrario?, ¿Pueden ellos hablar de que los oligarcas no les dieron oportunidades, si sus propias biografías son prueba categórica de lo contrario? 

Y ¿quiénes fueron los oligarcas?

¿Rómulo Betancourt? Hijo de un inmigrante canario establecido en la Guarenas del siglo XIX.

¿Raúl Leoni? Hijo de otro inmigrante radicado en El Manteco asolado por la malaria.

¿Carlos Andrés Pérez? Que nació en un rancho del siglo XIX y que salió a lomos de un burro de su tierra.

¿Jaime Lusinchi? Hijo de una increíble doña María que regentaba una pensión y a veces se iba sin comer a la cama para que su hijo pudiera estudiar medicina.

¿Rafael Caldera? huérfano de padres españoles y criado en el estricto hogar de Tomás Liscano.

Si algo ha tenido la presidencia democrática de Venezuela, sus ministerios y la mayoría de su funcionariado toda la vida, es que ha estado “100% libre de ricos y burgueses”.

¿Justicia, Independencia de Poderes? ¿Acaso no hay mayor mentira cuando los golpistas hablan de la justicia de la 4ta. República, cuando ellos querían nombrar al Fiscal General, Ramón Escobar Salom, para su Junta de Gobierno?.

La verdad es que Chávez su familia y quienes hoy gobiernan estaban relegados a vivir como todos los dictadores y comunistas que se adueñan de un País, porque "el cabito" terminó viviendo en un hotel de París con botellas de coñac de 1.000 dólares de la época, Marcos Pérez Jiménez en su cuenta tenía nada menos que el presupuesto de la educación de todos sus ancestros.

Mientras que a Rómulo Betancourt hubo que hacer una colecta para comprarle una casa porque no tenía dónde vivir y aceptó el regalo condicionado a que una vez muerto, la casa sería un museo.

Sus hijos, por tanto, no heredaron absolutamente nada, como tampoco heredaron fortuna los hijos de Leoni. Conozco a los hijos de Lusinchi que heredaron solo buenos recuerdos, y Caldera legó su dignidad a toda prueba, como Luis Herrera del que nadie puede negar que más allá de sus quesos llaneros, jamás se preocupó en hacer fortuna.

Dejo de penúltimo al “hombre más temido y odiado por Chávez, Carlos Andrés Pérez, que muere en estado de semiabandono (por los millones que votaron por él).

Y de último dejo al hombre que nunca sabremos cuánto legó a sus hijos Hugo Rafael Chávez Frias. Infórmense como viven, y no se como hizo el inocente, porque con “su sueldito”, dos ex esposas y varios hijos, es difícil.

Pero a Venezuela sí le dejó el más catastrófico legado: Hugo Chávez dejó partido en dos al país, prostituyó el ejercicio ético y moral de la función publica, destruyó a la izquierda, reinstauró el militarismo, instauro el Estado forajido, el Narcoestado y el Estado fallido, destruyó le ética y moral de las FFAA, triplicó la deuda pública nacional nacional e internacional, acabó con PDVSA y las empresas básicas de Guayana, quebró las arcas, y parafraseando a Cabrujas: “Ni la caída del muro de Berlín, ni Yeltsin inaugurando un McDonald’s junto a la tumba de Lenin, hicieron tanto por la derechización nacional”.

Sergio Dahbar se le midió a indagar sobre el tema del que nadie habla ni quiere hablar: cómo viven los ricos en Venezuela a cuerpo de rey y, casi de manera clandestina, sirviéndose de conductores y escoltas que les hacen mandados. Se fue a los restaurantes en donde corren botellas de Petrus y de Möet & Chandon. Llegó hasta donde los chavistas gastan fortunas con mujeres Miss Venezuela amparados en un ambiente en el que nadie los ve. Visitó los mercados en donde venden carne traída directamente de las mejores carnicerías de Manhattan. Estuvo en las tiendas de ropa que han organizado su negocio “a domicilio” para los miembros del gobierno que pagan, sin ruborizarse, cuentas de 20.000 dólares. Bienvenidos al lujo chavista.
Cada vez más siento que los venezolanos viven dentro de la película Casablanca (1942), de Michael Curtiz. Suena curioso, parece mentira, pero representa la más ruda realidad. Es la que conocen a diario muchos ciudadanos o extranjeros que llegan al país. Encuentran dos realidades que, para parafrasear a Gabriel García Márquez, parecen “dos nostalgias enfrentadas como dos espejos’’.

Casablanca siempre ha sido una ensoñación peligrosa: la idea de que en medio de una guerra atroz, con seis millones de judíos exterminados y países arrasados, un restaurant reúna a nazis, expatriados, traidores, líderes de la resistencia, negociantes de la peor calaña y colaboradores fascistas, vestidos impecablemente, como si estuvieran en una fiesta de la Costa Azul, no deja de ser un drama romántico bastante equívoco, porque banaliza el horror.

Como equívoco puede resultar hoy para un extraterrestre sentarse en un restaurant de lujo exótico y oriental en Venezuela y descifrar el entorno. No será fácil tal vez reconocer a políticos tradicionales de la “cuarta república’’ (como despectivamente llama el chavismo a los que los preceden), muy cerca de una “cometa’’ (un intermediario de esos que hacen negocio con los gobiernos de turno) que agasaja a dos funcionarios rojitos (del Gobierno) recién vestidos, de ojos brillantes y mordida fácil.

En esos restaurantes, llámense Sotto Voce, Aprile, San Pietro, Alto, en Caracas, o Gaia en Margarita, abundan técnicos internacionales de diferentes organismos multinacionales, con mujeres muy bellas que apenas abren la boca. En esos entornos corren botellas de Petrus como agua mineral o docenas de botellas de champaña Moët & Chandon, u otras marcas más exclusivas.

Todos los comensales la pasan muy bien, como en la Casablanca, de Humphrey Bogart, muy a pesar del rumor de la guerra que ha quedado oculto debajo de la alfombra y del que la Marsellesa es quizás el más noble de los signos evidentes.

Lo primero que debe aclarar este cronista es que esta realidad, que llamaremos propia de Casablanca en medio de la Segunda Guerra Mundial, solo puede ser disfrutada por una mínima población de Venezuela.

Las cifras de encuestas como Encovi, sobre las condiciones de vida de los venezolanos, que realizan tres universidades: UCAB (Universidad Católica Andrés Bello), UCV (Universidad Central de Venezuela) y USB (Universidad Simón Bolívar), demuestran que 80 % de los hogares se encuentran en inseguridad alimentaria.
Son datos fríos que erizan la piel cuando se observan con detenimiento: aproximadamente 8,2 millones de venezolanos ingieren dos o menos comidas al día, y las comidas que consumen son de mala calidad. Nueve de cada diez venezolanos no pueden pagar su alimentación diaria.

La mayoría no puede comprar comida o medicamentos con el sueldo que ganan, que es el mínimo (4 o 5 dólares). Por eso deben rebuscarse como pueden, y a veces recurrir a la basura para completar los alimentos que no tienen.

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Khaled es el descendiente de una familia árabe. Llegaron a Venezuela tan limpios que no traían maletas, sino la suma de los recuerdos con los que habían abandonado las guerras de Oriente Medio. Su abuelo escapó por un segundo de que lo mataran a garrotazos de una tribu que lo confundió con un cristiano al que buscaban para linchar.
Venezuela fue el paraíso para su abuelo, pero podríamos afirmar que la suerte se repotenció para esta familia con el gobierno de Hugo Chávez. Este nietísimo tuvo la suerte de encontrar el negocio de su vida. Entendió que debía traer unos primos del Líbano para que hicieran business en el trópico.

Muchas familias árabes invitaron a sus familiares para que los visitaran en Venezuela. Ya en el país, compraban fondos de comercio (empresas) inactivas por la recesión económica. Y pedían dólares de Cadivi (Comisión Nacional de Administración de Divisas) para traer productos “estratégicos’’ para el país a través de esos fondos de negocio.
Las denuncias que investigó la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional de Venezuela señalan que Cadivi asignó irregularmente cerca de 840.000 millones de dólares para traer mercancía que en muchos casos no llegó a Venezuela.

Qué ocurría. Se solicitaban a través de fondos de comercio diversos fertilizantes para el campo. Se otorgaban los dólares para comprar ese producto. Pero lo que se embarcaba en Estados Unidos era arena de las playas de Miami, que llegaban en contenedores que nadie abría en los puertos de Venezuela.

La máquina de producir dólares en el exterior era infinita, porque el dinero de la venta del petróleo en los años de la bonanza no se detenía ni de día ni de noche.

Khaled pagó 2000 dólares el fin de semana pasado para asistir al Partai Margarita Weekend, un festival de música electrónica que duró cuatro días en escenarios de Playa El Agua, isla de Margarita.

La 5ta edición de este megashow contó con DJ de la escena electrónica del mundo: Joseph Capriati, Marco Carola y The Martínez Brothers. No faltaron Joey Daniel, Serge Devant, Hugo Bianco, Jesse Calosso, Jean Pierre, Salomé, Andre Buljat, Rafa Moros, Diego Terán, Vainc, Abril Love, Jean Pérez, Demenzor, Rupert, Iont, y Protocluster.
En ese show se agotó el whisky JW Blue Label, uno de los preferidos del chavismo, que en una época gustaba disfrutar con agua Perrier. La botella costaba 500 dólares. Khaled quería impresionar a una amiga que acababa de conocer. En una noche larga tomaron en el grupo cinco botellas. Y corría el agua mineral como ríos para calmar el éxtasis de las masas.

Como dato curioso, ya los primos de Khaled regresaron a Líbano. Cumplieron con el cometido familiar. Poner el nombre para comprar productos que enriquecieron ilimitadamente a la familia. Uno de los tantos clanes árabes que se han convertido en multimillonarios con negocios corruptos que el Gobierno facilitó a cambio de comisiones exageradas. Los fondos de comercio han vuelto a quedarse inactivos, y los nombres de los propietarios que hicieron la perfecta trampa son imposibles de rastrear. Es la estafa perfecta, multiplicada como la hierba mala.

Uno de los margariteños que vendió su fondo de comercio, llamado Nassim, recibió a cambio una camioneta Toyota Fortuner. Una nave que jamás hubiera podido tener. Ahora la usa para llevar clientes al aeropuerto, como un taxi de lujo. Es todo lo que recibió del robo mayor.

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Nunca imaginaron los hermanos Mendoza, miembros privilegiados de la clase media venezolana, educados en los mejores colegios del planeta, y amantes de la pesca, que esa pasión los convertiría en unos empresarios de éxito, en uno de los momentos más críticos de Venezuela.

Poseen uno de los bodegones (ya han abierto cuatro en Caracas) donde ricos, enchufados y chavistas compran productos imposibles para la mayoría de los venezolanos. Trozos de carne de primera, sellados al vacío, que vienen de las carnicerías más exclusivas de Manhattan, son adquiridos por guardaespaldas en carritos de automercado.
Cada kilo cuesta 100 dólares y hay carritos que salen con 50 kilos. También compran mayonesa de aguacate. Pasta italiana sin gluten. Sal del Mediterráneo. Anchoas ibéricas. Jamón serrano de Parma o de bellota. Bottarga italiana. Aceto balsámico espeso para rociar el helado de Venecia.

Todas las veces que intenté comunicarme con los propietarios me mandaron a decir que preferían no conversar con la prensa. No daban entrevistas. La verdad es que nadie quiere hablar por miedo. O por temor a ser confrontado con una acusación moral.

Isaías Mojavi es de los que no temen, porque –asegura– no ha hecho nada ilegal. Su tienda de ropa y artículos de lujo, ubicada en uno de los centros comerciales que en otra época contenía todas las marcas de lujo del mundo, Tolon, vende camisas Kiton, chaquetas Brioni, encendedores Dupond y habanos Dunhill deluxe.

Lo saben los empleados de las tiendas cercanas: allí se visten los chavistas que están en el gobierno. Lo curioso es que nunca se dejan ver. Isaías ha organizado su negocio “a domicilio” para los miembros del Gobierno Socialista de Venezuela en sus oficinas, donde les toman las medidas y contratan la compra de trajes, chaquetas y pantalones, camisas, zapatos, relojes exclusivos, iPad de oro, yuntas con las banderas de Estados Unidos…

Hay cuentas que ascienden fácilmente a 20.000 dólares. En algunos casos son regalos cuidadosamente escogidos para pagar un negocio de corrupción que llenó de dólares a una cometa. Para que el funcionario vuelva a darle otra oportunidad de oro, se regalan encendedores de 5.000 dólares o relojes de 15.000 dólares.

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Uno de los hombres de confianza de Rafael Ramírez, quien fuera presidente de PDVSA y ministro de Energía de Hugo Chávez, el hombre que manejaba el dinero de la familia Chávez, hoy caído en desgracia y perseguido, asistía regularmente al restaurant San Pietro, en la urbanización Las Mercedes, de Caracas. Su nombre se volvió conocido por sus costumbres extravagantes y lujos excesivos. Diego Salazar. Hijo de un guerrillero.

La nomenclatura chavista le entregó el manejo de los seguros de PDVSA. Un negocio multimillonario, sobre todo si se desarrolla irresponsablemente. A Diego Salazar lo vieron muchas veces con clientes en San Pietro. Los mesoneros recuerdan que tenía una curiosa costumbre.

“Observaba el reloj que tenía el cliente. Si era demasiado barato y sencillo, se lo pedía para verlo. Entonces sacaba de un maletín un aparato muy extraño, con el que destruía el reloj y lo dejaba inservible. En ese momento pedía una botella Louis Roederer Cristal Medallón Orfevres, Edición limitada Brut Millesime, diseñada por Philippe di Meo, cubierta con 24 quilates de oro. Descorchaba la botella y sacaba un reloj Hublot’’.

Así atendía Diego Salazar a sus clientes. “Este delfín de la corrupción rojita siempre quiso ser cantante y tenía una orquesta de 50 músicos para divertirse como si fuera una figura del espectáculo. Es un hombre que todos sus amigos conocen como alguien que no acepta un no como respuesta’’, repite un amigo de otra época de su padre…

Se antojó de un edificio en la urbanización del norte caraqueño, Campo Alegre. Visitó piso por piso a los propietarios y los convenció de que vendieran para poder ubicarse en cada piso. Un amigo me contó la conversación que mantuvo con este pichón de multimillonario.

Diego Salazar se presentó vestido de lino, impecable y recién bañado. Le ofreció comprar su apartamento. Mi amigo le agradeció el interés, pero le dijo que no estaba vendiendo. Salazar le pidió que no se apresurara. Que quizás hacían negocio. Mi amigo volvió a negarse. Y Salazar comenzó a subir la apuesta.

Hoy Diego Salazar es el único dueño de ese edificio de siete apartamentos. “Allí viven algunos de sus guardaespaldas, amigas y chefs que le cocinan cuando no asiste a los restaurantes más caros de la ciudad’’, confiesa uno de los propietarios que vendió su apartamento por el doble de lo que indicaba el mercado.

Diego Salazar cerraba en su época dorada uno de los restaurantes más caros de Las Mercedes, a partir de las doce de la medianoche. Le pagaba fortunas a los dueños para que mantuvieran la cocina habilitada.

“Traía seis misses, que habían concursado en el Miss Venezuela, para que sirvieran a sus invitados, con los pechos desnudos. Corría la champaña hasta las seis de la mañana. Algunos invitados perdían el control y se ponían a bailar con las muchachas. Parecía una orgía’’, me confesó un mesonero que ya no trabaja en el restaurant.

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“La isla de Margarita es una perla en el Caribe’’. Así reza el lugar común. Pero es una joya que no escapa a las falencias de tierra firme. Ubicada a 40 kilómetros al norte del continente, tiene mil kilómetros de superficie y una de las infraestructuras más desarrolladas de las islas del Caribe. Centros comerciales, hoteles de lujo, playas preciosas y autopistas…

Pero la realidad también en el único estado insular del país, llamado Nueva Esparta, se divide entre muchos ciudadanos que sufren una pobreza extrema y dificultades para conseguir alimentos y medicinas. Y pocos que viven a cuerpo de rey.

Gaia era un restaurant italiano emblemático de la isla. Uno de los diez más reconocidos por las guías que recomiendan cocinas exclusivas. En sus mesas eran atendidos miembros reconocidos de la oposición y del gobierno, en un guiño del destino al ambiente de Casablanca. Encontrar una mesa en temporada alta era muy difícil. Las colas para poder sentarse podían esperar horas.

Pero algo ocurrió en diciembre pasado. Gaia cerró sus puertas y abrió en un local más grande (caben 150 personas), en la planta baja del hotel Venetur (antes Hilton), que Hugo Chávez expropió de manera arbitraria y violenta.
Uno de sus viejos clientes me respondió con cierto desaire cuando le pregunté por la nueva Gaia. “No voy más a Gaia. El Gobierno financió esa expansión para tener un sitio donde almorzar sin que los vean gastar. Allí van los chavistas ahora, que se sienten a gusto. Gastan fortunas amparados en un ambiente en el que nadie los ve. Yo no voy a ese lugar’’.

Tuve que caminar por el lobby del hotel Venetur para llegar a Gaia. Enormes fotos del presidente Chávez, mensajes de amor revolucionario, y una estética que no se parece en nada al socialismo que uno alguna vez conoció, precede los pasillos que conducen a una entrada de lujo y diseño exclusivo.

Gaia hoy es un restaurant lujoso, muy diferente de la taberna sencilla y discreta que estaba llena de comensales en una de las calles concurridas del centro de Porlamar. Tiene algo de formalidad y pretensión, que uno en principio no relacionaría con la verborrea del chavismo cercano al pueblo. Este es un restaurant al que el pueblo no puede ni acercarse.

Úrsula Pernía, la propietaria, trabaja endemoniadamente para que todo se encuentre en su lugar. Dirige un batallón de empleados, colaboradores, mesoneros y técnicos ocasionales… No pierde de vista ningún detalle: el agua que reciben en exceso o limitadamente las matas, las manchas que aparecen en un sofá o la grieta que abre un candado al caerse en el piso de cerámica.

Cuando está ocupada, Úrsula no le gusta que la molesten. Menos con preguntas incómodas sobre lo que dicen sus amigos ahora que mudó su restaurant al vientre de la revolución en Porlamar, allí donde muy pocos pueden pagar los precios de sus exquisitos platos, que utilizan la berenjena, la botarga, el aceite de oliva, la sardina, el peperoncino, las alcachofas, la pasta casera, la langosta y otros frutos de mar, el ossobuco…

Piensa que la gente que ha dejado de ir volverá. Porque las cosas son más complejas que acusar a un sitio de algo porque se mudó a determinado domicilio. Pareciera esperar que las cosas vuelvan a su cauce, en un país donde casi nada pareciera haber retomado la normalidad que alguna vez tuvo.

A medida que trascurren las horas, comienzan a llegar los clientes que han reservado al mediodía. Llegan militares con empresarios, asisten familias que celebran un cumpleaños. La ropa, las carteras, los zapatos impresionan. Cuestan fortunas.

No deja de ser paradójico en un momento tan crítico que ese hotel, ahorra bolivariano, ahora más “soberano’’ que nunca, contenga un restaurant y unos comensales que pueden gastar tanto dinero ostensiblemente.

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En uno de los centros comerciales más conocidos de la isla de Margarita, Sambil, hay un local lateral a la estructura de los comercios llamado Green Martini. Es un bar exitoso, que en las noches puebla de camionetas Toyota blindadas color blanco el estacionamiento.

Es uno de los centros nocturnos más codiciados de la isla por los cadiveros (nombre acuñado por los negocios irregulares de Cadivi), los enchufados, los boliburgueses, en fin, gente que ha hecho y sigue haciendo negocios con el gobierno.

Me acompaña uno de los empresarios históricos de la isla. Observamos con cierto asombro el volumen de consumo de mesas (champaña, ginebra, whisky, ron) como si el país viviera una fiesta de abundancia ilimitada. Los tragos son caros, las botellas muy costosas, las cuentas suman cantidades de dólares imposibles de pagar para alguien que gana un salario medio o alto.

“Esta es una generación sin moral. Quieren hacer dinero a cualquier costo y no les importa si afuera la gente (pueden ser sus empleados) sufre una vida miserable. Es posible que mañana todo cambie y esto siga igual. El dinero no entiende de solidaridad’’, me dice este empresario que ha aceptado acompañarme sin demasiado entusiasmo, más como una gentileza con un visitante.

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Quien visite Venezuela debe prepararse para enfrentar una realidad inexplicable. Más allá de la ética y la moral de cada quien, no deja de asombrar un contraste tan brutal, tan alejado de palabras en desuso como misericordia, piedad, compasión. El sufrimiento de muchos y la ostentación de pocos produce una realidad compleja, abismal, cercana a la desazón. Cada día que pasa la mano de Dios pareciera estar más lejos.

No dudo que en Venezuela, uno de los países petroleros más importantes del planeta, se consigan las mejores bebidas alcohólicas, los platos más sabrosos, apartamentos de 3 millones y 4 millones de dólares en zonas exclusivas, automóviles de alta gama (como gustan hablar los vendedores), las ropas más lujosas y extravagantes, los habanos más venerables del Caribe, viajes a paraísos en jets privados.

La publicidad que conmueve al mundo sobre la emergencia sanitaria y alimentaria, sobre la diáspora que desangra al país, convive con el derroche abrumador de un grupo privilegiado que tiene acceso a dólares baratos y los derrocha a mano suelta.

Que tantos millones de dólares que entran por concepto de venta de petróleo no sirvan para equiparar las cargas, que no permita la posibilidad de una salud para aliviar los males de todo el mundo, que no alimente a la gente como se debe, que mantenga a la población en un estado de secuestro cotidiano porque sus calles son peligrosas, abre el espacio para una reflexión mayor.

Venezuela dejó de ser un país cierto, para convertirse en una caricatura donde unos señores que hacen negocios turbios viven como jeques. Pueden hacerlo. Tienen todo al alcance de la mano. Son los frutos terrenales de la corrupción.