Ayer partió hacia un plano celestial una mujer amada por su familia y muy querida por sus amistades. Apreciada,  admirada y respetada por su entorno. Todos los que tuvimos el placer de conocerla, disfrutamos de su amabilidad, clase y educación. Fue una mujer de inquebrantable espíritu emprendedor, alegre y optimista, quien siempre tuvo como prioridad su familia, a la que se dedico por completo. De pensamientos profundos, así como su fe y esperanza, hoy deja en nosotros las ganas de seguir compartiendo atardeceres de conversaciones amenas, llenas de sentido, espiritualidad y futuro. Así fue Arlene de Sol, la Dama de mirada profunda y sonrisa amable. Hasta siempre amiga, dejaste una noble huella en nuestros corazones, descansa en paz.

Editorial/Junta Directiva